viernes, 28 de diciembre de 2012

Capítulo 28: Enamorada

BERENICE

CAPÍTULO 28: ENAMORADA

AUSTIN, TEXAS
HOSPITAL THOMAS JEFFERSON

En la sala de espera del área de urgencias del centro sanitario, Adriana espera impaciente noticias sobre Juan, en ese momento aparecen en la sala Fanny y María, visiblemente afectadas y preocupadas por el estado de salud del chico.



Fanny: ¡Adriana! (Abrazándose a su amiga) ¿Qué ha pasado? ¿Cómo está Juan? ¿Cómo está mi hermano? (Preocupada)

Adriana: Buenas noches, doña María, Fanny. (Triste) Juan sigue dentro, están chequeándolo, lleva ya una hora dentro al menos. Todavía no sé nada.

María: Ay hija, muchas gracias por avisarnos. Si no llega a ser por ti ni en cuenta de lo que sucedía. Cómo Juan nunca llega tarde del trabajo, ya estábamos preocupadas.

Adriana: ¿Y con quién han dejado la niña? ¿Dónde se quedó Sofía?

Fanny: Mi hija está con Michael en la casa, vinimos en cuanto pudimos.

María: Sofía está muy preocupada, pero no podíamos dejarla venir. El hospital no es lugar para niños.

Adriana: Lo sé… no se preocupen, Juan seguro se va a poner bien, tengan fe.

María: ¿Qué fue lo que pasó, Adriana? ¿Pudiste ver a quienes lo golpearon?

Adriana: Lamentablemente no les pude ver las caras, cuando llegué salieron corriendo. Yo venía de casa de mis padres, pues era el cumpleaños de mi mamá y me quedé con ellos hasta tarde. Justo tengo que pasar por la calle donde trabaja Juan cada día y…

Fanny: Ay amiga, menos mal que pasabas tu por allá en ese momento. No sé como darte las gracias.

María: Lo mismo digo, hija. Voy a ir a recepción a preguntar por tu hermano, estoy muy nerviosa. Ya quiero verle, quiero saber que está bien. (Preocupada, se va)

Fanny: Ven Adriana, sentémonos un rato mientras. ¿Cómo viste a Juan? (Se sientan)

Adriana: La verdad me asusté mucho, estaba inconsciente y… (Se le saltan las lágrimas)

Fanny: Amiga, no llores… ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

Adriana: Ay Estefanía… si tu supieras lo que…

Fanny: Sabes que puedes confiar en mí, no pensé que te afectara tanto lo de Juan, apenas conoces a mi hermano más que del restaurante. El me lo dijo hace unos días, me contó que hablaron sobre su ex novia y demás, toda la historia.

Adriana: Es que… (Llorando) Prométeme que no le vas a decir nada a Juan, por favor.

Fanny: ¿Qué ocurre, Adriana?

Adriana: Creo que me estoy enamorando de Juan. (Tímida, con lágrimas en los ojos)

Fanny: ¿De verdad? (Sorprendida, sonríe)

Adriana: ¿No dices nada?

Fanny: ¿Qué quieres que diga? Que… que me encanta, me dejaste sin palabras Adriana.

Adriana: Yo no estoy tan feliz como tú… Juan no deja de pensar en Berenice, me habla de su ex, de su problema con ella, hay días que voy al restaurante sólo para verle, para estar con él un rato así sea mientras almuerzo.

Fanny: No me digas que vas todos los días… (Sonríe)

Adriana: Sí, desde que le conocí, todos los días al mediodía voy a verle, no puedo dejar pasar un solo día sin estar con él, sin escuchar su voz, sin ver su cara, sus ojos… Ay amiga, creo que me estoy volviendo loca.

Fanny: Estás enamorada Adriana, y por lo que veo es en serio, no es sólo una ilusión.

Adriana: Pero no me atrevo a decirle lo que siento por él, Fanny, no tengo valor porque sé que me va a decir que sólo me ve como una buena amiga.

Fanny: No te des por vencida, seguro con el tiempo verás como se fija en ti. Ahora está dolido pero esa chica no le conviene, seguro la va a olvidar, ya lo verás.

Adriana: ¿Y lo del bebé qué? Va a ser padre y yo no quiero separarlo de su hijo, no me lo perdonaría.

Fanny: Eso es otro asunto pero aunque Juan tenga un hijo eso no quita que pueda rehacer su vida y con quién mejor que contigo, si eres como mi hermana. Hace tanto que no te veía, que me ha dado mucho gusto saber de ti aun en estas circunstancias.

Adriana: ¿Qué puedo hacer? ¿Tú que me aconsejas?

Fanny: Yo lo único que quiero es volver a ver a mi hermano sonreír, quiero verle feliz, quiero que Juan vuelva a ser el de antes y no que esté siempre triste por culpa de esa estúpida de novia que no le merecía, no le merece.

Adriana: ¿No te caía bien esa chica o qué?

Fanny: No la conozco en persona, pero sé quien es y de qué familia viene y créeme esa gente es de lo peor. Su padre era un miserable. La verdad, si te soy sincera, desde que supe que Berenice y Juan estaban juntos… nunca me gustó esa relación, sólo que no dije nada por mi mamá.

Adriana: Juan parece tan enamorado de ella, si vieras como habla de Berenice, como la recuerda… a pesar de todo.

Fanny: Mira Adriana, ni me la menciones, por su culpa mi hermano está así ahora. Si no hubieran roto esto no habría pasado. Déjate que hable con ella un día de estos que me va a oir, vaya que si me va a oir la millonaria esa de pacotilla. Juan sufriendo por esa estúpida que no le merece. ¿Sabes? La muy desgraciada piensa que mi hermano le fue infiel y eso es mentira. (Enojada)

Adriana: Amiga, cálmate. Ella no tiene la culpa de lo que le ha pasado a Juan.

Fanny: ¡Sí la tiene! Porque por esa tipa Juan tuvo que venirse a Austin y hoy casi le matan unos maleantes. Ella es la culpable de nuestra desgracia pero como le pase algo a mi hermano te juro que… (Rompe a llorar)

Adriana: Fanny… (Abrazándola)

Fanny: Por eso cuando me has dicho lo que sientes por él… Es que no podría haberse cruzado en su vida una mujer mejor que tú, Adriana. Tú eres lo que mi hermano necesita y no esa… (Rabiosa)

Adriana: Pero tu hermano la quiere, no la va a olvidar por tan pronto. Qué más quisiera yo, Fanny. Yo le amo, le quiero, y cada día que pasa le siento más inalcanzable. Me da miedo decirle lo que siento y que me rechace.

Fanny: No te preocupes, yo me voy a encargar de eso en cuanto salga del hospital.

No muy lejos de allí, en una consulta de urgencias, doña María entra a visitar a Juan que acaba de ser atendido por los médicos. El joven tiene varios moretones en el abdomen y un ojo morado por la pelea. Juan, en una camilla y dolorido, platica con su madre.



María: Hijo… cariño… ¿Quién te hizo esto quién?

Juan: Unos tipos, tres desgraciados… me dijeron algo que… no puedo creer. De verdad que no puedo.

María: ¿Qué fue lo que te dijeron esos delincuentes?

Juan: Qué venían a darme una paliza de parte de mi ex novia, de Berenice.

María: ¿Quéee? (Alucinada) ¿Pero esa chica se volvió loca o que la pasa? No puede ser… yo pensé que… ay por favor…

Juan: Déjame hablar mamá, por favor. Berenice no sería capaz de hacerme algo así, yo la conozco bien. Por mucho que me odie no la veo metida en esto. Lo de esta noche es cosa de… (Quejándose) Ahhhhh… (Tocándose el costado)

María: ¿Qué te duele mi amor? ¿Quieres que avise a una enfermera?

Juan: No, no, estoy bien… sólo que… (Resintiéndose del dolor)

María: ¿Qué ibas a decir, Juan?

Juan: Que creo que sé quien puede estar detrás de todo esto… ¿Te acuerdas que te conté de su primer novio? ¿Daniel?

María: ¿Crees que ese chico sería capaz de haber…? Ay no, esto es peor de lo que yo pensaba.

Juan: Estoy casi seguro, tuvo que ser él. Esos hombres estaban mandados por ese maldito desgraciado que desde que supo que Berenice y yo estábamos juntos nos ha estado fastidiando. Pero te prometo que como le agarre me va a conocer, ya nos peleamos una vez allá en México.

María: Mira Juan, te voy a decir una cosa pero me da igual si te parece mal o bien. No quiero que vuelvas a tener trato con esa gente, ni con ese Daniel y mucho menos con Berenice. Esa chica no te merece hijo, dudó de ti.

Juan: Vio las fotos mamá, por más que yo le dijera no me creerá jamás. Yo ya traté de convencerla, lo he intentado y no hay forma. Alguien me tendió una trampa para hacer esas fotos y Berenice no confía en mí. No me cree.

María: ¡Pues que la den por saco ya! Estoy harta de verte sufrir por ella. Si Berenice no quiere hacer las paces contigo, ella verá, pero tú a México no vuelves. Y si lo haces va a ser cuando nazca tu hijo y vamos a ir tu hermana y yo contigo.

Juan: Pero mamá, por favor, ya no soy un niño chico para que… Ahhh…. (Quejándose)

María: He dicho que no vas a ir a verla por ahora y punto. Primero me va a ver a mi la cara, después de que la invitamos a casa a cenar aquella vez, tan buena chica que parecía, tan formalita, tan de buena familia y a la primera de cambio te echa de su vida sólo porque es una necia y una orgullosa.

Juan: No te permito que hables así de la madre de mi hijo. ¿Entendiste? ¡No te lo consiento! (Se sienta en la camilla muy enojado)

María: ¡A mí no me alces la voz eh! ¡Soy tu madre! A mi me respetas, a ver si ahora la vas a poner a ella por delante de tu propia familia. Lo que me faltaba.

Juan: No es eso mamá, no me entiendes. Yo sigo amando a Berenice. No puedo olvidarla, va a tener un hijo mío.

María: E irás a conocerlo en su momento obviamente y vas a pelear por tus derechos así a ella no le guste.

Juan: Mira mamá, creo que es mejor que te vayas, en un rato va a regresar el doctor con los resultados de las placas y seguro me mandan para casa si todo está bien.

María: Está bien. No quiero discutir más sobre el tema. Y se acabó de sufrir por esa mujer, ¿Me has oído? Se acabó. Si Berenice no quiere perdonarte es problema suyo. Nos vemos luego, hijo, y no te enfades conmigo. Yo todo te lo digo por tu bien, porque te quiero.

Juan: Y yo a ti mamá. Ahora si, por favor, déjame sólo… necesito pensar.

Su madre se marcha de la consulta y Juan se queda pensativo, meditando sobre la conversación y su situación con Berenice.


SEMANAS DESPUÉS…

HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”

En la cocina, Berenice y su tía Octavia conversan mientras almuerzan sentadas a la mesa.


Octavia: Hija, no comes nada, como sigas así te vas a enfermar y eso no te conviene en tu estado.

Berenice: No puedo comer tía, no me entra nada. Tengo un nudo en el estómago. Además llevo noches sin pegar ojo.

Octavia: ¿Sigues con problemas de insomnio? ¿Y eso?

Berenice: No sé… llevo días durmiendo mal, como con una angustia, un…

Octavia: ¿Has pensado sobre lo que te dije de Juan aquel día?

Berenice: Sí, claro que lo he pensado pero no puedo hacer nada. Si Juan decide rehacer su vida yo no soy quien para impedírselo. Tendré que aceptarlo así me duela.

Octavia: ¿Sigues creyendo que te engañó con otra verdad?

Berenice: Las fotos no mienten, tía.

Octavia: Bueno… espero que cuando nazca la niña al menos tengas el valor de llamarle por teléfono para que venga a conocer a su hija.

Berenice: Ya veremos… por el momento no quiero hablar con él.

Octavia: Hija, yo… decidas lo que decidas te voy a apoyar siempre pero una cosa te digo. No pongas de por medio a la bebé. Por favor.

Berenice: Lo sé, lo sé, si en el fondo tienes razón pero… Si Juan va a vivir en Estados Unidos… ¿Cuándo va a poder estar con su hija? Se fue y no creo que tenga intenciones de regresar.

Octavia: Tal vez por ti no lo haga, pero si lo hará por la niña. Ya lo verás. Mira mi vida, cuando yo conocí a Juan en España me pareció un chico muy noble, muy sincero. Fue capaz de tomar un avión cuando nunca había salido de México sólo para ir a buscarte, porque te amaba.

Berenice: Ya lo sé, tía y eso me hizo darme cuenta de como era realmente y lo mucho que me quería.

Octavia: Y te quiere aún, seguro que todavía te ama. Por eso te llama, te escribe… insiste.

Berenice: Pero se acostó con otra mujer. No me querría tanto como parecía.

Octavia: Bueno, cambiemos de tema. ¿No vas a ver a Jéssica hoy?

Berenice: No, no está en casa, se ha ido a pasar el fin de semana al pueblo de Rodrigo, a ver a los suegros, ya sabes.

Octavia: Ah, no sabía, bueno pues si quieres luego nos vamos tú y yo a dar un paseo por la hacienda. Cuando haga menos calor, a última hora de la tarde.

Berenice: Vale tía, bueno pues yo voy a subir a mi recámara a descansar un poco, se me hinchan los tobillos con el embarazo.

Octavia: Está bien, cariño, hasta más tarde.

La joven se marcha mientras su tía termina de tomarse el postre en la cocina.


AUSTIN, TEXAS
PUB “NEBRASKA”

En un bar de la ciudad, Juan, ya recuperado, ha quedado a tomar algo con su amiga Adriana. Invitado por la chica, Juan espera sentado a la barra entre el resto de clientes del local. En ese momento Adriana llega al bar muy guapa, elegantemente vestida con blusa blanca y minifalda azul para impresionar a Juan.



Adriana: Hola… ¿Te hice esperar mucho?

Juan: No, no te preocupes… Llegué hace cinco minutos poco más. (Mirándola) Qué guapa.

Adriana: Gracias es que… (Avergonzada)

En ese momento la ejecutiva recuerda una conversación mantenida con Fanny días atrás.

FLASH-BACK

Fanny: Debes impresionarlo, tienes que hacer que mi hermano se fije en ti. Que se olvide de Berenice y se enamore de ti.

FIN DE FLASH-BACK, volvemos al tiempo actual.

Juan: Apenas llegué hace unos minutos pero la verdad no esperaba tu invitación a salir.

Adriana: Bueno, tanto como salir… (Tímida)

Juan: Pero qué diablos, para eso están los amigos. Además me hace bien hablar contigo, siempre tienes palabras para animarme, para….

Adriana: Claro, y tu y yo somos amigos. ¿Verdad? (Sonríe dulce)

Juan: Oye, nunca me has contado de tu vida. No es por ser metido es que… no sé, una chica como tú pues debe tener novio y eso.

Adriana: No, no tengo. (Tímida) Rompí con mi ex hace un año y desde entonces estoy sola.

Juan: Ahm… qué mal, deberías salir más, no sé, seguro que alguien hay por ahí que te mueva el piso. ¿A poco no?

Adriana: Si… sí hay alguien en mi vida pero… (Bajando la mirada)

Juan: ¿Ocurre algo Adriana? ¿Dije algo malo? Lo siento, no quería ser imprudente, perdón.

Adriana: No, no es eso, no te preocupes. Es que, ay Juan…

Juan: No me digas más, el chico ese no sabe que tú…. Que le gustas, vamos.

Adriana: No, y tengo miedo, tengo mucho miedo a decirle lo que siento.

Juan: ¿Por qué? Si te gusta deberías lanzarte, tú eres una buena chica, vales mucho, seguro que ese tipo está ciego y no lo sabe ver.

Adriana: No lo sé… (Triste, sus verdes ojos reflejan su pena)

Juan: No estés así, por favor. Si no fuera por ti me sentiría muy sólo en esta ciudad. No tengo amigos. Voy de casa al trabajo, trabajo a casa y así. Los domingos salgo con mi familia y no tengo más vida social. Con mis compañeros de trabajo y con Michael apenas tengo amistad, si te soy sincero.

Adriana: Pues eso está muy mal Juan, deberías salir, conocer gente, no sé…

Juan: No quiero…

Adriana: ¿Por qué? Ya llevas muchos meses en Estados Unidos, deberías…

Juan: Vaya, vaya… consejos vendo y para mi no los tengo. ¿Y tú qué eh?

Adriana: Jajajaja, lo siento, si tienes razón.

Juan: Jajajaja. ¿Sabes? Eres una buena amiga. (La abraza, ella siente un escalofrío que hace estremecer todo su cuerpo)

Adriana: Juan… hay, hay algo que quiero decirte. Pero la verdad no sé cómo empezar.

Juan: Tú dirás, somos amigos ¿no? Con confianza. (Bebiendo de una copa)

Adriana: Es que… (Suspirando, muy nerviosa)

Juan: ¿Sí?

Adriana: Me gustas Juan… (Bajando la mirada) Me gustas mucho.

Juan: ¿Qué? (Girando la cabeza hacia ella, sorprendido)

Adriana: Por favor no te enojes, es que…

Juan: No, si no pasa nada, es que no me lo esperaba…. Yo… (Nervioso)

Adriana: Desde que te conocí aquella vez no he podido sacarte de mi mente ni un solo día, me acuesto pensando en ti, me despierto pensando en ti y… (Con tristeza)

Juan: Adriana… (Triste) Nunca imaginé que tú… que yo… Dios… (Avergonzado)

Adriana: Olvídalo, soy una tonta… creo que lo he fastidiado todo. Es mejor que me vaya. Perdóname Juan. (Se le saltan las lágrimas)

Juan: No por favor no te vayas así. (Agarrándola del brazo)

Adriana: (Volteando) Por favor, déjame ir, no me siento bien. (Llorando)

Juan: Adriana, no me hagas esto, te lo ruego. Tú no. (Emocionado)

Adriana: Yo te quiero, sé que tú no sientes lo mismo que yo pero… no puedo evitar lo que siento. No puedo.

En ese momento una lágrima surge de su ojo derecho y recorre su rostro hasta morir en su boca. Juan, emocionado, limpia esa lágrima con su mano.

Juan: No llores, por favor. No por mí.

Adriana: No pasa nada, así es la vida. En el corazón no se manda y yo me dejé llevar por un sentimiento sabiendo que… sabiendo que tú no me ibas a corresponder.

Juan: No digas eso, no me gusta oírte hablar así. Nunca sospeche nada, no imaginaba que yo te gustara que yo… (Avergonzado)

Adriana: No me gustas Juan, me he enamorado de ti.

Juan: ¿De verdad? (Emocionado)

Adriana: Te quiero.

En ese momento la joven no puede aguantar más y en la cercanía le besa, le da un beso muy apasionado. Juan se queda sin palabras sin saber como reaccionar. Adriana, en un mar de lágrimas sale corriendo del bar. Juan se queda junto a la barra sin saber que hacer, qué decir, qué pensar. Triste y preocupado por su amiga.

Mientras, Adriana sube a su coche y arranca el vehículo llorando desconsolada. La joven no puede contener el llanto, avergonzada, enamorada y a la vez muy arrepentida de haberle besado.

Adriana: ¿Te volviste loca o qué Adriana? ¡Le besaste! ¡Besaste a Juan! (Manejando el coche)

En el bar, Juan se debate entre su amor por Berenice y su amistad con Adriana. El chico no puede evitar pensar en su amiga al mismo tiempo en que recuerda a su ex novia. Juan sale a la calle pero ya es demasiado tarde.

Juan: Esto no puede estar pasando… no, ahora no. (Tomando su celular y marcando el número de Adriana)

En el coche, la joven ve el móvil sonando en el asiento del copiloto y no contesta. Adriana llora mientras conduce su coche sin tener valor para hablar con Juan. La joven llega a su casa, finalmente baja del coche y sube hasta su departamento aún con lágrimas en los ojos. Juan sigue insistiendo con el teléfono móvil pero ella apaga su celular.


HACIENDA “LA MIRANDESA”, MÉXICO

En su despacho, Daniel revisa unas facturas. En ese momento suena el teléfono del escritorio. El villano atiende la llamada y una misteriosa voz distorsionada le responde… Es el asesino de la máscara negra.



Daniel: ¿Bueno?

Voz: Hola Daniel

Daniel: ¿Sí? ¿Quién habla? (Extrañado)

Voz: ¿No me conoces? He vuelto…

Daniel: ¿Quién es? (Levantándose de su silla) ¿Quién llama?

Voz: Un día acabé con Cayetano, después con Diana y ahora voy a acabar contigo. Todos los que le hicieron daño a Berenice, van a pagarlo con sangre.

Daniel: No sé de qué me habla, ¿Quién eres? ¿Qué diablos es lo que quieres? Yo no le he hecho nada malo a Berenice. Es más, todavía la quiero.

Voz: La quieres por el dinero de la hacienda. Eres un miserable pero no voy a permitir que le arruines la vida.

Daniel: ¡Eso no es verdad! (Furioso) ¡Habla y da la cara! ¿Quién eres, cobarde?

Voz: Soy la guadaña de la muerte… (Colgando el teléfono)

Daniel: ¿Bueno? ¿Bueno? ¡Maldita sea! (Colgando con rabia su teléfono) Alguien quiere perjudicarme pero no lo va a lograr, esa hacienda va a ser mía y ni tú ni nadie lo va a impedir. (Desafiante)


AUSTIN, TEXAS

Juan llega al departamento de Adriana y toca al timbre del portal, pero nadie responde. El chico insiste nuevamente. Finalmente la joven accede a contestar.



Adriana: ¿Sí?

Juan: Adriana, baja por favor, tenemos que hablar.

Adriana: Está bien…

Minutos después la chica baja al portal del edificio de apartamentos, a la puerta está Juan esperando. Adriana sale a la calle y se encuentra de frente con él.

Juan: ¿Por qué me haces esto? ¿Ya no quieres ser mi amiga? (Triste)

Adriana: No puedo… Juan, lo siento.

Juan: Yo no te he hecho nada, ni siquiera me has dejado hablar. Escúchame, me halaga mucho que sientas todo eso por mi, es más, jamás me habían robado un beso así de repente pero…

Adriana: Pero yo no te gusto. ¿Verdad?

Juan: No digas bobadas por favor, cómo no me vas a gustar. Eres guapa, tierna, una chica muy buena onda pero…

Adriana: Pero tú no sientes más que amistad. Lo entiendo.

Juan: No seas así. Tal vez… no sé con el tiempo… no sé, esto es muy embarazoso para mi.

Adriana: No quiero hacerme más ilusiones contigo, creo que lo mejor es que nos distanciemos un tiempo y tal vez así podamos seguir siendo amigos.

Juan: Adriana, me gustaría poder darte una oportunidad pero… todavía no he olvidado a Berenice, no es fácil. ¿Tú me entiendes, verdad?

Adriana: Sí, lo sé. Y si tú quieres, por ti soy capaz de esperar. (Triste)

Juan: No quiero que pierdas el tiempo con un tipo como yo, que no se aclara, que no sabe como seguir su vida.

Adriana: Tal vez deberías ir a México y aclarar las cosas con Berenice. Pero sólo te pido una cosa.

Juan: ¿Cuál, Adriana?

Adriana: Si Berenice y tú hacen las paces, prométeme que siempre serás mi amigo, por favor. (Se le saltan las lágrimas, él la abraza para consolarla)

Juan: No llores, escúchame. (Se miran a los ojos) Te prometo que voy a hablar con ella, voy a definir esta situación de una vez. Si Berenice no quiere solucionar lo nuestro, te prometo que… (Respirando hondo) Lo pensaré, pensaré lo que dijiste. (Sonríe tierno)

Adriana: ¿De verdad? (Sonríe con lágrimas en los ojos)

Juan: No me pidas más por ahora, tengo que hablar con ella. Pero necesito tiempo, al menos hasta que nazca mi hijo. Después tomaré una decisión. Si ella no quiere verme más, tendré que olvidarla y rehacer mi vida.

Adriana: ¿Aunque te duela? Por favor Juan, no me hagas daño, no me ilusiones si no estas seguro. No quiero hacerme falsas esperanzas. Sé lo que sientes por ella.

Juan: Estoy siendo lo más honesto que puedo contigo. Yo sólo te veo como una buena amiga pero necesito tiempo, sólo te pido unos meses más. Tengo que poner en claro mis sentimientos. Tengo que pensar en qué quiero para mi vida, qué quiero hacer con mi vida.

Adriana: ¿Y tu hijo?

Juan: Voy a reclamar mis derechos, y aunque Berenice tenga la custodia yo voy a ejercer como padre, si tengo que irme a México para ello me iré de nuevo.

Adriana: No me digas eso, por favor…

Juan: Mañana mismo me voy para allá. Voy a hablar con Berenice cara a cara, quiero que me diga de frente y mirándome a los ojos que no me ama.

Adriana: Está bien, pero antes de que te vayas, quiero decirte algo.

Juan: Dime.

Adriana: Si no regresas, por favor, no me olvides. (Sonríe dulce) Siempre tendrás una amiga en Austin.

Juan: Lo sé… (Se abrazan) Ahora tengo que irme, te llamaré te lo prometo. Gracias por ser mi amiga, por ser como eres. De verdad. (Sonríe)

Adriana: Gracias a ti. Cuídate mucho Juan.

Mientras el chico se marcha, ella le mira desde el portal triste y apenada, pensando en silencio.

Adriana: Te quiero.


AL DÍA SIGUIENTE

CASA DE ESTEFANÍA

En la casa de la familia, Juan discute con su madre y con su hermana en el cuarto de él.



María: ¡De eso nada! ¡Tú a México no vuelves! ¡Te lo prohíbo!

Juan: No voy a discutir esto con ustedes… (Empacando ropa en una maleta) He dicho que me marcho y se acabó. Tengo que hablar con ella.

Fanny: No Juan, no puedes hacernos esto. Después de cómo se ha portado contigo. Después de todo lo que te ha hecho y ahora la vas a… ¿A perdonar?

Juan: Voy a buscar una solución, eso es todo. Mi hijo nacerá en poco más de un mes y tengo que estar con Berenice, me necesita, así ella no lo quiera.

María: ¡Ni hablar! (Agarrando la maleta, le saca la ropa)

Juan: ¡YA BASTA! ¡YA ESTÁ BUENO! (Enojado) Les guste o no voy a ir a ver a la madre de mi hijo y ni tú ni Fanny me lo van impedir, ¿está claro? Qué sea la última vez que…

Fanny: Sofía es hermana de Berenice.

Juan: ¿Quéee?

María: Así es hijo, el padre de la niña es el padre de Berenice.

Fanny: Fernando Castilla-Alcaraz.

Juan: No, no puede ser… me están engañando para que no vaya para que…

Fanny: Te juro que es la verdad. Hace años yo tuve una relación clandestina con Fernando, cuando se enteró de que estaba embarazada me botó de su vida, incluso me ofreció dinero para que abortara.

Juan: ¿Pero qué dices? No puede ser cierto, no es posible. ¿Desde cuando hace que lo sabías mamá?

María: Desde que me vine a Estados Unidos, tu hermana me lo contó. Sofía aún no sabe nada. Sólo sabe que eres su tío no su hermano pero nada más.

Juan: ¡Dios! Esto parece una pesadilla, cada día me entero de una cosa distinta… (Sentándose en la cama)

Fanny: Fernando era un desgraciado, se burló de mi y ahora Berenice ha hecho lo mismo contigo. Esa familia son gentuza.

Juan: ¡Eso no es verdad! ¡Berenice me ama, yo lo sé!

María: Dijiste que los matones que te pegaron eran mandados por ella.

Juan: ¡Mentira! Te dije que seguro fue Daniel, su ex.

Fanny: A poco y esa mosquita muerta fue capaz de eso y de más. Te juro por Dios que como la pille me va a escuchar.

Juan: ¡Ya está bueno! (Enojado) Voy a ir a México hoy mismo, y ahora sí voy a aclarar todo esto de una vez, lo mío con ella y tu historia con don Fernando.

Fanny: Su hija no sabe nada, Berenice seguro ni se imagina la verdad.

Juan: Por lo pronto voy a terminar la maleta y me voy, y no se atrevan a impedírmelo porque no se las voy a permitir.

María: Si te vas, aquí no vuelvas, te lo advierto. (Desafiante)

Juan: ¡No puedo creerlo! Mi propia madre queriendo separarme de la mujer que amo y de su propio nieto. Esto es alucinante. (Cerrando la maleta)

Fanny: No vas a ir sólo, yo voy contigo.

Juan: No Fanny, me voy sólo. (Agarrando la maleta se va dando un portazo)

En la habitación, Fanny y María se miran a los ojos indignadas sin decir nada. Juan toma un taxi rumbo al aeropuerto de Austin.

CONTINUARÁ…

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