CAPÍTULO 26: UNA NUEVA VIDA
PUEBLO DE SANTA VICTORIA
En la plaza del pueblo, la policía conversa con Jéssica junto a un coche patrulla. La profesora le cuenta a los agentes lo ocurrido, el inesperado y rápido secuestro de su amiga Berenice.
Policía1: ¿Pudo usted verle la cara al agresor? ¿Cómo era?
Jéssica: Ay no agente, nada, iba con un pasamontañas tapándole la cara, imposible saber quien era.
Policía2: ¿Recuerda algún detalle? No sé… tal vez… ¿La matrícula del auto? ¿Marca, modelo, color?
Jéssica: Era… era un todoterreno, un cuatro por cuatro de esos grandotes, un Toyota negro… de color negro como un cuervo.
Policía1: ¿La matrícula? ¿Podría recordar algo de las placas del carro? Sería de gran ayuda para poder encontrar a su amiga, señorita.
Jéssica: Pues… la verdad… (Recordando) No recuerdo bien pero… (pensativa)
Policía2: Es de vital importancia que tengamos todas las pistas posibles para iniciar la búsqueda. El secuestrador podría estar a esta hora en cualquier parte de México.
Policia1: Voy a dar parte a la central para dar los datos que tenemos por si localizan un carro de similares características por la zona. (Acercándose al coche patrulla)
Jéssica: ¡Ya, ya recuerdo! Era… era… 284…
Policia2: ¿Sí? (Anotando en su libreta) ¿Recuerda algo más?
Jéssica: 284, 284… 284… ¡Maldita sea no recuerdo el otro número!
Policia2: ¿Alguna letra tal vez?
Jéssica: Sí, ¡Sí! Una X, 284… y una X.
Policia2: Está bien, algo es algo, con esto podremos buscar en la base de datos todos los coches que tengan estos números en la matrícula. Tal vez haya suerte…
Jéssica: Dios lo quiera, por favor, tienen que encontrar a mi amiga, está embarazada. (Preocupada)
CASA DE RODRIGO
En el salón de la casa, Juan y su primo Rodrigo conversan acerca de lo ocurrido con las famosas fotos. Rodrigo almuerza sentado a la mesa, mientras Juan, en silencio observa la calle por la ventana con la mirada perdida.
Rodrigo: ¿No quieres comer nada primo? Así no puedes estar… eso no va a solucionar nada, Juan.
Juan: No tengo hambre Rodrigo, lo siento.
Rodrigo: Pero Juan…
Juan: ¿Qué quieres que haga? No puedo dejar de pensar en Berenice y esas malditas fotos.
Rodrigo: ¿Estás seguro que no recuerdas nada? Tal vez alguien te tendió una trampa…. Te drogaron o algo.
Juan: No lo sé, no lo sé, primo, no recuerdo nada.
Rodrigo: ¿Dónde te tomaron las fotos?
Juan: No lo sé… no me di cuenta de eso. No sé…
Rodrigo: Por favor Juan, haz memoria, tienes que recordar, si no vas a perder a Berenice y a tu hijo para siempre por un engaño.
Juan: Rodrigo por lo que más quieras, no sigas… no quiero hablar más de esto. Sólo tengo ganas de que llegue mañana para marcharme a Austin.
Rodrigo: ¿Estás seguro de lo que vas a hacer? Deberías pensar las cosas con más calma, con la mente fría. Estás muy nervioso y eso no te ayuda a razonar con claridad, Juan.
Juan: Está decidido, ya hablé con mi madre esta mañana y le dije que iba a verlas mañana.
Rodrigo: Sigo pensando que deberías hablar con tu chica. No puede ser que lo suyo termine así de pronto. Vas a ser padre Juan, no te puedes ir así.
Juan: Berenice no quiere volver a verme, no quiere saber más nada de mí, me lo dijo bien claro en casa de tu novia.
Rodrigo: Pero las mujeres son así, cuando están dolidas no saben ni lo que dicen, ella seguro te quiere solo que está dolida, se siente traicionada, es normal, primo.
Juan: ¿Y qué puedo hacer? No me da el beneficio de la duda siquiera, las fotos son muy reales, era yo. No era ningún montaje ni ningún doble.
Rodrigo: Le diré a Jéssica que me las enseñe a ver… tiene que haber algo que podamos encontrar para ayudarte. ¿Dices que el email se lo envío una tal Sandra Wilson?
Juan: No tengo ni la más remota idea de quien puede ser. No conozco a ninguna Sandra y menos con apellido medio gringo.
Rodrigo: Bueno, ya terminé… (Limpiándose con la servilleta) Tengo que ir al trabajo, si quieres puedes quedarte acá hasta mañana y…
Juan: No Rodrigo, si vine a verte fue precisamente para despedirme y dejarte las llaves de mi camioneta. (Sacándolas del bolsillo derecho del pantalón)
Rodrigo: ¿Qué? ¿Me vas a regalar tu camioneta? ¿Te volviste loco Juan?
Juan: No puedo llevármela a Estados Unidos, son muchos kilómetros, por eso me marcho en avión. Tómalas. (Dándole las llaves)
Rodrigo: ¿Estás seguro?
Juan: Sí, quédatela, no es gran cosa, ya está muy vieja pero te puede servir un par de años más. Seguro allá no me hace falta carro.
Rodrigo: Primo… (Triste)
Juan: Me voy a la plaza, voy a ver si agarro el autobús para Hermosillo.
Rodrigo: ¿Pero no dices que tu avión sale mañana por la mañana? ¿Entonces?
Juan: Prefiero estar sólo, no sé, pasaré la noche en algún hostal, qué se yo… en el aeropuerto si hace falta.
Rodrigo: No hay quien pueda contigo… Si cambias de opinión sabes que esta es tu casa, Juan, puedes quedarte el tiempo que quieras.
Juan: Gracias Rodrigo, pero…
Rodrigo: Está bien, venga un abrazo “hermano”. (Se abrazan, se dan la mano) Verás como te irá bien en los USA, la tierra de las oportunidades. (Sonríe) Hasta envidia me vas a dar y todo.
Juan: (Sonríe) Ven a vernos cuando quieras, seguro que mi madre, mi hermana y Sofía les encantará que nos hagas una visita.
Rodrigo: Eso está hecho. Ánimo Juan, mucha suerte, te deseo lo mejor. Cuídate.
Mientras su primo sale por la puerta de la casa, cerrándola tras de si. Rodrigo se queda pensativo en el salón de su humilde casa. El joven mesero toma su celular y marca el número de teléfono de Jéssica pero la joven no atiende la llamada. Su móvil se ha quedado sin batería.
BOSQUES DE SANTA VICTORIA
En la pequeña cabaña oculta en los bosques a las afueras del pueblo, Berenice continua dormida tras el secuestro. La joven permanece como sedada tendida en una cama y atada de pies y manos. Mientras, Óscar la observa en silencio. El agresor se mira a un sencillo espejo de pared y habla consigo mismo. En ese momento ocurre un desfase en su cerebro y la personalidad “buena” regresa por unos segundos a su ser. En la imagen, Óscar, con cara de niño bueno, platica con él mismo.
Óscar: No debiste hacerlo, Óscar, Berenice es un ángel, es una princesa. Tú la amas como no has amado a nadie en toda tu vida. ¿Por qué lo haces? ¿Qué quieres?
En ese instante nuevamente su cerebro bipolar vuelve a cambiar de registro. Su personalidad psicópata responde a la noble.
Óscar: Porque es una perra, primero se enredó con el imbécil de Daniel Miranda y luego con el payaso ese de Juan. Siempre soy el último mono, el plato de tercera mesa.
Un nuevo cambio en su bipolaridad hace que el “ángel” regrese a su cuerpo.
Óscar: Pero tú la quieres, no puedes negarlo. La quieres aunque digas que la odies, aunque hayas sido capaz de matar a su padre por venganza, sé que la amas. La amamos, los dos.
Su cerebro vuelve a sufrir un brusco cambio y una cara diabólica se apodera de su rostro, con semblante serio y amenazante.
Óscar: ¡Cállate! ¡Berenice va a ser mía! ¡De nadie más! ¡Ni tú ni nadie me la va a quitar! ¿Entendiste? ¡NADIE! (Pegando un puñetazo, rompe el espejo y se corta el puño con los cristales rotos)
BAR DEL SANTA VICTORIA
Rodrigo sirve unas copas a unos clientes sentados a una mesa en el bar del pueblo. En ese momento llega Jéssica, su novia, totalmente desaforada y muy nerviosa. La simpática profesora de inglés se tropieza al entrar en el local pero logra llegar hacia Rodrigo.
Jéssica: ¡Rodris! ¡Rodris! Qué bueno que te encuentro.
Rodrigo: ¿Qué ocurre Jéssica? (Dejando la bandeja en la barra)
Jéssica: ¡Ay Rodris, secuestraron a mi amiga, se llevaron a Bere!
Rodrigo: ¿Qué? ¿Se puede saber de qué estás hablando? (Sorprendido)
Jéssica: Un tipo, un carro… un carro, un tipo se llevó a mi amiga cuando estábamos paseando esta mañana.
Rodrigo: ¿Y por qué no me has avisado antes?
Jéssica: Me quedé sin batería en el celular. Fui a tu casa pero no había nadie.
Rodrigo: Esta mañana estuve en mi pueblo a ver a mis padres, llegué a la hora de la comida y Juan me estaba esperando a la puerta con una maleta.
Jéssica: ¿Juan se marchó? ¿Qué dices? No puede ser…
Rodrigo: Juan me contó lo ocurrido en tu casa y por más que intenté convencerle de que se quedara no quiso, hace horas que se marchó para Hermosillo. Se marcha mañana a Estados Unidos con su familia, Jéssica.
Jéssica: ¿Quéee? (Alucinada)
BOSQUES DE SANTA VICTORIA
En la conocida cabaña, Berenice permanece dormida en la cama, mientras, Óscar escucha música con unos auriculares a todo volumen. El veterinario padece un trastorno mental severo que le hace ser dos personas a la vez y que en un momento de enajenación puede convertirle en un asesino. En su día mató a don Fernando para vengarse por el rechazo de Berenice y ayudar a Diana a cambio de sexo y dinero. Hoy, su nueva víctima podría ser la protagonista de esta historia.
En la cama, Berenice comienza a despertar… somnolienta, muy aturdida y con la boca seca. La chica comienza a ver, de manera borrosa la silueta de su secuestrador sentado a una silla, perdido en sus pensamientos impredecibles. Berenice comienza a enfocar mejor la imagen con sus ojos y finalmente puede ver con claridad y nitidez el rostro de… Óscar. La joven se queda totalmente petrificada e impactada al verlo. Escuchamos música incidental.
PUEBLO DE SANTA VICTORIA
A las puertas de casa de Rodrigo, Jéssica y su novio tratan de llamar a Juan por teléfono con el celular del chico, pero es inútil, Juan no atiende la llamada. Rodrigo insiste nuevamente.
Jéssica: ¡Tienes que dar con él! ¡Tiene que contestar, por el amor de Dios! (Nerviosa)
Rodrigo: Espera… (Escuchando los tonos)
Jéssica: ¿Qué, no contesta?
Rodrigo: ¡Carajo de Juan, lo tiene apagado! ¡Maldita sea!
Jéssica: ¿Y qué hacemos? La policía sigue sin dar con Bere, Rodris, si le pasa algo a mi amiga te juro que me muero, me muero… (Llorando)
Rodrigo: Tranquila, mi amor… tranquila… (Abrazándola)
En ese momento, suena el móvil de Jéssica. La joven lo saca de su bolso y…
Jéssica: ¿Bueno?
Policía: Señorita Jéssica… le tengo noticias.
Jéssica: Ay por favor, agente, dígame que encontraron a Berenice.
Policía: No, lo siento, todavía no pero ya tenemos la identidad del secuestrador, sabemos quien es.
Jéssica: ¿Qué? ¿Cómo así? ¿Quién?
Policia: Logramos averiguar quién era el propietario del carro con las características que nos dio y en esta área sólo dimos con un todoterreno negro, un Toyota, con las placas que usted nos dio. Sabemos de quién es el auto aunque todavía desconocemos su paradero.
Jéssica: ¿Y bien?
Policia: El propietario del vehículo se llama Óscar, Óscar Miralles.
Jéssica: ¿QUÉEEE?
Rodrigo: ¿Qué pasa, Jess?
Jéssica: ¡Fue Óscar, Óscar se llevo a Berenice! No, esto no puede ser… no…
Rodrigo: ¿Óscar, el veterinario del pueblo? ¿Ese no fue amigo de ustedes en la secundaria?
Jéssica: ¡El mismo!
BOSQUES DE SANTA VICTORIA
Ya es noche cerrada. En la cabaña, Berenice, ya despierta, comienza a forcejear en la cama donde se encuentra atada de pies y manos.
Óscar: Hola, mi amor… qué bueno que al fin despertaste… ¿Quieres cenar algo? Te tengo unos frijoles con arroz que te van a encantar…
Berenice: ¿Se puede saber que te propones? ¿Por qué me trajiste acá, Óscar? ¿Te volviste loco o qué? Haz el favor de soltarme…
Óscar: No, no, no, no, no…. Tú de aquí no te vas a ir hasta que hablemos de nosotros.
Berenice: ¿Cuál nosotros, Óscar? ¿Dé que hablas? (Asustada)
Óscar: De ti, de mi, de nuestro hijo…
Berenice: ¿Qué dices? (Preocupada) ¿Qué te pasa? El padre de mi hijo es Juan, ¡Juan!
Óscar: No preciosa, ese bebé es mío. ¿Qué aún no recuerdas nuestra noche de amor en la laguna?
Berenice: ¿Qué te pasa Óscar? Tú no eres así… me estás asustando.
El joven se le acerca y la acaricia la mejilla con suavidad, ella se pone muy nerviosa. El miedo la impide reaccionar.
Óscar: Nos vamos a ir juntos y vamos a ser felices los tres… muy felices…
Berenice: Te dije que entre tú y yo….
Óscar: Tchisttt, no digas nada. (Con un dedo en sus labios)
Berenice: Pero Óscar… por favor… déjame ir… te prometo que no le diré nada a nadie pero suéltame, te lo suplico.
Óscar: Te amo, princesa, te amo tanto… (Se acerca a besarla y ella vuelve la cara)
Este hecho hace que Óscar vuelva a sufrir un desfase cerebral y su personalidad psicópata reaparece nuevamente.
Berenice: ¿Qué… qué te pasa? (Muerta de miedo al ver su gesto demoníaco en el rostro)
Óscar: Veo que prefieres que sea por las malas… (Desafiante, se levanta de la cama)
Berenice: No… no Óscar, no… ¿Qué vas a hacer? (Nerviosa y muy asustada)
Óscar: Si no eres mía no serás de nadie más… ni de Juan, ni de Daniel, ni de nadie… (Agarrando un látigo)
Berenice: Por favor Óscar, yo sé que tú no eres así, tu siempre fuiste un chico muy dulce, muy bueno, muy tierno… Tú no eres así… no… (Asustada)
En ese instante Óscar pega un latigazo sobre la lamparita de la mesilla y la rompe en pedazos. La lámpara de noche cae el suelo. Berenice cierra los ojos, muy nerviosa y muy asustada, atada en la cama.
Óscar: Espero que te quede claro quién manda aquí. Vas a hacer lo que yo diga si no quieres que le pase algo a ese bebito que llevas dentro.
Berenice: No, eso no… pídeme lo que quieras pero no le hagas daño a mi hijo, por favor…. (Rompiendo a llorar)
Óscar: Eres una regalada… una cualquiera…. ¡UNA ZORRA! (Pegando otro latigazo esta vez sobre una silla)
La morena cierra los ojos, asustada y preocupada pensando que en cualquier momento un latigazo puede ir a su cuerpo. Berenice está embarazada de mes y medio.
Berenice: Haré lo que tu me digas… te lo prometo… por favor… (Llorando desconsolada)
Óscar: Dime que me amas.
Berenice: ¿Qué? No… (Sudando, nerviosa)
Óscar: ¡DIME QUE ME AMAS! (Pegando un latigazo contra el suelo)
Berenice: Te… te… te amo… (Asustada)
Óscar: Muy bien, princesa, muy bien. Así me gusta, buena chica. Nos vamos entendiendo. Si vuelves a desafiarme, el imbécil de Juan no vivirá para contarlo. ¿Está claro?
Berenice: No por favor, no le hagas daño a Juan. Es el papa de mi hijo…
En ese momento Óscar enfurece y pega otro latigazo contra una silla. Berenice, presa de los nervios y la angustia no es capaz de articular palabra. La joven, muerta de miedo, se teme lo peor.
Óscar: ¡Cállate! ¡La próxima vez que vuelvas a decirlo te vas a arrepentir!
Berenice: Perdóname, Óscar por favor…
Óscar: Yo te amo, te amaba… te he amado desde que tenía 15 años.
Berenice: Lo sé…
Óscar: Nunca me diste una oportunidad, primero por el millonario ese creído de Daniel Miranda…. Luego te enredaste con Juan. ¡Eres una perdida! (Pegando otro latigazo en el suelo)
Berenice: Te prometo que a partir de ahora solo voy a tener ojos para ti, Óscar, pero no me hagas daño. Por favor… (Llorando)
En ese preciso momento, dos agentes de policía irrumpen violentamente en la cabaña, echando la puerta abajo. Los policías apuntan a Óscar con sus armas. El psicópata se ve acorralado, pero aún con el látigo en la mano, muy cerca de la cama de Berenice.
Policia1: ¡No se mueva! ¡Las manos a la nuca! ¡A la nuca!
Los agentes apuntan con las pistolas a Óscar, el secuestrador se ve obligado a tirar el látigo al piso.
Policia2: ¿Está bien señorita? ¿No le hizo nada malo este desgraciado?
Berenice: Estoy bien… (Llorando)
Uno de los agentes reduce a Óscar para ponerle las esposas…
Policia1: Queda usted detenido por el secuestro de Berenice Castilla-Alcaraz.
Pero en ese instante Óscar se revuelve y lograr zafarse del policía, arrebatándole la pistola. El chico apunta con el arma a Berenice, mientras el otro agente armado sigue con su arma teniendo a Óscar en la mira.
Óscar: Un paso más y la mato. (Desafiante)
Policia1: Tire el arma, la cabaña está rodeada.
Óscar: No lo vuelvo a repetir, o salen ahora mismo o la pego un tiro. Es la última vez que se los digo.
Justo al mismo tiempo, uno de los policías le dispara en la mano y consigue desarmar a Óscar. En ese momento un par de agentes más entran en la cabaña para esposar y detener al secuestrador. Óscar es reducido por la policía y llevado preso. Uno de los agentes desata a Berenice de la cama. La joven, nerviosa y muy asustada todavía no puede creerse lo que acaba de vivir.
Policia2: Señorita, ese hombre… ese hombre es el asesino de su difunto padre, Fernando Castilla-Alcaraz.
Berenice: ¿Qué? (Sorprendida)
Policia1: Hoy mismo recibimos los resultados de las pruebas de ADN realizadas a varias muestras de piel encontradas en el cuerpo de su padre el día del crimen. Óscar Miralles fue quien le apuñaló en el hospital.
Berenice: No puede ser… no… (Llorando deshecha)
Policia2: Lo siento mucho, señorita. No se preocupe, Óscar Miralles irá a la cárcel por ambos delitos.
Un equipo médico atiende a Berenice en la cama de la cabaña antes de llevársela al hospital de Guaymas para un reconocimiento más detallado. La chica se encuentra bien físicamente aunque psicológicamente tardará un tiempo en recuperarse. Finalmente todo salió bien.
AL DÍA SIGUIENTE
AEROPUERTO DE HERMOSILLO
En las taquillas de información, Juan pregunta a una de las agentes de ventas por su vuelo. Una guapa chica rubia le atiende.
Juan: Disculpe, señorita…
Chica: Buenos días joven. ¿En qué puedo ayudarle?
Juan: ¿Sabe cual es la puerta del vuelo a Austin? Es que… la verdad no he viajado en avión más que una vez en mi vida y no entiendo mucho de…
Chica: No se preocupe caballero, por favor si fuera tan amable de mostrarme su billete y su tarjeta de embarque.
Juan: Aquí tiene…
Chica: Aquí lo pone, mire, puerta H9. (Sonríe) De todas formas si mira las pantallas ahí tiene la información actualizada de todos los vuelos del aeropuerto.
Juan: Muchas gracias señorita, muy amable.
Chica: Hasta pronto, joven, buen viaje.
El chico se dispone a buscar la puerta de embarque H9 para abordar al vuelo de Aeroméxico Hermosillo-Austin.
Megafonía: Pasajeros del vuelo AM8987 con destino Austin, puerta H9. Pasajeros con destino Austin, puerta H9.
Juan llega finalmente a la zona de embarque de su vuelo. El chico mira por los ventanales las pistas del aeródromo, y en ese momento recuerda a modo de flash-back en su mente, el día en que Berenice se iba a España. A su cabeza llegan imágenes de aquel momento en que él intentaba detenerla e impedir que se fuera. Juan mira por los ventanales y ve su avión. El joven voltea y mira a su espalda, como con la esperanza de que Berenice aparezca en cualquier momento a pedirle perdón pero no es así. Los viajeros comienzan a cruzar la puerta de embarque para acceder al avión uno tras otro con el pertinente control de pasaportes y billetes. Juan es el último en cruzar el umbral de la puerta.
En las pistas del aeropuerto de Hermosillo, el vuelo acelera la velocidad, el avión despega del suelo rumbo a Austin. En el interior, sentado junto a una de las ventanillas, Juan mira desde las alturas como se aleja de México y sin poder evitarlo, rompe a llorar. Sus verdes ojos se bañan en lágrimas, lágrimas que recorren su rostro y un dolor en su pecho que le hace sentir como si se le ahogara el corazón.
PUEBLO DE SANTA VICTORIA
CASA DE JÉSSICA
En la cocina, mientras desayunan, Berenice y su amiga Jéssica platican en compañía de Rodrigo.
Jéssica: Ay amiga, menos mal que estás bien. Pensé que no te volvería a ver.
Rodrigo: Me alegro mucho que todo haya sido sólo un susto, Berenice.
Berenice: Gracias chicos, la verdad fue horrible, por un momento creí que Óscar me iba a matar. Está loco… él no era así…
Jéssica: Anoche pude hablar con la policía cuando estabas en el hospital y me dijeron que Óscar está detenido en una comisaria de Guaymas. Mañana será trasladado a la cárcel hasta que se celebre el juicio.
Berenice: Óscar mató a mi papá, Jéssica. Fue el.
Rodrigo: Tal vez lo hizo por despecho o…
Jéssica: Yo creo que él era el cómplice de Diana el día de la explosión de la casa en la hacienda, él fue quien me empujó por las escaleras, estoy segura.
Berenice: Mejor ya no hablemos de eso, ahora sólo quiero olvidar y seguir adelante. Parece ser que las desgracias nunca vienen solas a mi vida.
Rodrigo: No digas eso, Berenice, verás como a partir de ahora todo irá mejor. No quería decírtelo pero… la verdad es que…
Berenice: ¿Si? ¿Qué pasa Rodrigo?
Rodrigo: Juan se marchó a Estados Unidos, Berenice. A esta hora debe estar ya llegando a Austin.
Berenice: ¿De verdad? (Triste)
Jéssica: Si, amiga, Juan no sabe nada de lo de tu secuestro. Rodris y yo intentamos localizarle pero no hubo forma.
Rodrigo: Ayer en la tarde se fue para Hermosillo y supongo pasó allá la noche hasta esta mañana que salía su avión.
Berenice: No pasa nada… él no lo sabía, no es su culpa… (Triste)
Jéssica: ¿Nunca le vas a perdonar, verdad?
Berenice: No, así me muera de dolor por dentro, no puedo…
Rodrigo: Pero tú le sigues queriendo, a nosotros no nos puedes engañar.
Berenice: Le quiero pero lo que me hizo no… no puedo perdonar algo así. Yo le amaba y se burló de mí.
Jéssica: Bere…
Berenice: Ya no quiero hablar más de Juan, perdónenme. No me hace bien.
Rodrigo: ¿Y que piensas hacer ahora?
Berenice: En dos semanas la casa de la hacienda estará arreglada del todo y podré mudarme. Mi tía Octavia va a venir de España para quedarse unos meses conmigo y ayudarme cuando nazca el bebé.
Jéssica: Me parece muy bien Bere. Pero amiga, tú sola no vas a poder llevar esa hacienda. Necesitas un nuevo capataz y…
Berenice: Desde que murió Cayetano, Juan era quien se encargaba de ese puesto pero…
Rodrigo: Si tú quieres puedo ayudarte con eso.
Berenice: ¿En serio Rodrigo? (Sonríe)
Rodrigo: Sí, ya estoy harto del bar, me pagan una miseria y son muchas horas. Ando buscando algo mejor, si te interesa….
Jéssica: Rodris trabajó en el campo en su pueblo, antes de mudarse a Santa Victoria. Sabe de viñedos y un poquito de caballos.
Berenice: No sé qué haría sin ustedes.
Rodrigo: Ánimo Berenice, somos tus amigos y siempre vamos a estar contigo en las buenas y en las malas.
Berenice: A pesar de que Juan sea tu primo…
Rodrigo: Juan es mi mejor amigo, mi primo, mi “hermano” pero yo sólo quiero lo mejor para ustedes y si lo mejor es estar separados… es su decisión.
Jéssica: ¿No vas a volver a ver a Juan? ¿Ni siquiera por tu hijo?
Berenice: No lo sé…
Jéssica: Bere, amiga, el niño no tiene la culpa, no puedes pagarlo con él por lo que tengas con Juan. Piénsalo. El bebé necesitará a su papá, Juan tiene derecho a conocerlo, a visitarlo, a...
Berenice: No, el perdió todos los derechos cuando me engañó con otra.
Rodrigo: Bueno, yo mejor las dejo, tengo que irme al trabajo… permiso. (Se marcha)
Jéssica: Hasta luego, mi amor.
Berenice: No puedo, Jessi, no puedo, lo siento. Estoy muy dolida con él.
Jéssica: Está bien, tú misma pero me parece muy egoísta por tu parte lo que estás haciendo.
Berenice: ¿Tú de parte de quien estás eh? (Molesta)
Jéssica: De la justicia y la verdad, y vale, Juan te pudo engañar, no lo sé, tal vez si, ok, pero eso no te da derecho a negarle como padre, a dejar a tu hijo sin el cariño de Juan. Eso no se hace y no voy a permitir que cometas una injusticia sólo porque eres una malcriada y una orgullosa.
Berenice: Mira, no voy a discutir esto contigo porque… (Enojada)
Jéssica: ¿Sabes qué, Bere? ¡Eres una egoísta!
La profesora se va de la casa, con destino a su trabajo, dejando a Berenice con la palabra en la boca. Jéssica, enojada, pega un portazo y se marcha. En la sala, la morena saca su celular. En el fondo de pantalla hay una foto de Juan, sonriendo. La joven rompe a llorar y finalmente borra la foto para siempre.
AUSTIN, TEXAS
CASA DE ESTEFANÍA
Juan llega a casa de su familia en Estados Unidos en compañía de su hermana Fanny quien ha ido a recogerlo al aeropuerto de la ciudad. En el salón de la casa Juan se reencuentra con su madre, María y su sobrina, la risueña y simpática Sofía.
Fanny: ¡Familia, ya estamos en casa! (Sonríe)
La pequeña Sofía sale a la carrera y se abalanza sobre Juan, muy feliz y contenta de volver a verlo.
Sofía: ¡Tío Juan! (Abrazándolo y dándole besos en la cara) ¡Qué bien que viniste! (Sonríe dulce)
Juan: Hola pitufina, ¿Cómo está la sobrina más guapa a cada lado de la frontera, ah? Jajaja. (Sonríe y abraza fuerte)
Sofía: ¿No vino Berenice contigo?
Juan: No…
María: ¡Hola hijo! ¡hijo, hijo mío! (Rompiendo a llorar)
En ese momento Juan abraza a su madre con cariño, mientras su hermana y su sobrina les miran felices por estar todos juntos.
Juan: Cuanto tiempo, mamá, las he extrañado mucho, mucho.
María: Y nosotras a ti mi vida, pero siéntate cariño. Estás mas delgado… ay eso es que no comes bien allá tu sólo.
Juan: Jajaja, tú siempre igual, mamá. (Sonríe abrazado a Sofía) Ah, mira lo que te he traído… (Abriendo su maleta y sacando un regalo envuelto en papel rojo)
Sofía: ¿Me has comprado un regalo tío Juan? ¿Qué es, qué es?
Juan: ¿Qué te creías que me iba a olvidar de tu regalo de navidad? No señorita.
Sofía: A ver… (Sonríe, abriendo el regalo muy ilusionada)
Fanny: ¿Te vas a quedar a pasar la navidad con nosotros Juan?
Sofía: Anda di que si… (Terminando de abrir el regalo)
Juan: Sí, Fanny, claro que pasaré la navidad con ustedes. Vine para quedarme.
María: ¿Qué? ¿Eso quiere decir que Berenice y tú…? (Preocupada)
Juan: Berenice y yo… terminamos, mamá.
Las tres mujeres se le quedan mirando sin decir nada, Sofía abre el regalo y ve una muñeca. La niña se abraza a su tío en el sofá.
Sofía: Gracias, tío, está muy linda.
Juan: Me alegro te guste. Pero no se preocupen, estoy bien. No pasa nada, así es la vida.
María: Lo siento mucho hijo, de verás, tan linda que parecía esa chica.
Juan: Prefiero no hablar de ella, por favor, mamá.
Fanny: Claro que no, ahora vamos a pasar las mejores navidades en familia después de muchos años.
Juan: El problema es que en enero tendré que buscar algún trabajo no quiero ser un mantenido.
Fanny: No te preocupes, mi novio tiene un restaurante en el centro de Austin, tal vez puedas comenzar a trabajar allá si quieres la semana que viene. Ahora tienen mucha chamba.
Juan: ¿En serio? Pues yo por mi, no hay problema. (Sonríe)
MESES DESPUÉS
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”
En su dormitorio, Berenice termina de cambiarse de ropa, ya está de 7 meses y el embarazo es más que notable. El tiempo ha pasado rápido pero en su corazón todavía no se cierran las heridas. Berenice se toca el vientre con ternura esperando la llegada de su bebé. Justo en ese momento la interrumpe su tía Octavia. ¿La recuerdan?
Octavia: Hija, estás preciosa. (Sonríe)
Berenice: Gracias tía, ya tengo ganas de que nazca mi hijo. Estoy muy feliz.
Octavia: Bueno… no del todo… No has podido olvidar a Juan en estos meses.
Berenice: Nunca lo voy a poder olvidar.
Octavia: Ven, bajemos a la sala, vino tu amiga Raquel a despedirse. Se marcha mañana a París.
Berenice: ¿En serio? No sabía nada…
En el salón de la mansión, Raquel, sentada en el sofá habla por teléfono con su primo Daniel.
Raquel: Juan no va a regresar primo, y yo no voy a quedarme toda la vida en la hacienda, me ofrecieron un trabajo bueno en París como modelo y es mi oportunidad. Así que…
En ese momento, la interrumpe Berenice.
AUSTIN, TEXAS
RESTAURANTE “CAFÉ DI ROMA”
En un bonito y elegante restaurante del centro de la capital, Juan sirve las mesas a los clientes. El chico lleva varios meses trabajando como camarero e intentando seguir adelante con su vida. En una de las mesas, una joven muy guapa, una ejecutiva muy elegante y muy simpática espera que tomen su orden. Juan se acerca a ella, vestido de camisa roja y pantalón negro. La chica lleva un vestido dorado, una gargantilla de plata y el cabello suelto, castaño oscuro. Ella es Adriana Leuven (Blanca Soto).
Adriana: ¡Mesero! ¡Mesero, por favor!
Juan: Dígame, señorita. ¿Qué se le ofrece?
En ese momento, Adriana se le queda mirando al verlo por primera vez. Juan sonríe amablemente y la joven responde a la sonrisa, en silencio, sin poder responder una sola palabra. Los verdes ojos de la joven se pierden en la mirada de Juan. Adriana se enamora del chico a primera vista sin que él sea consciente de ello. Escuchamos música.
Jenny Rivera - El es aquel
EL es aquel con quien tanto soñaba
EL es el viento bajo mis alas
no hay nada mas que me haga falta
mas que sus besos y su mirada
EL es aquel con quien tanto soñaba
es esa luz que siempre me acompaña
no hay nada mas que me haga falta
mas que sus besos y su mirada
CONTINUARÁ…
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