jueves, 13 de diciembre de 2012

Capítulo 24: Y se hizo la luz

BERENICE

CAPÍTULO 24: Y SE HIZO LA LUZ

HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”

En el patio de la finca, frente a la mansión familiar, Juan, Berenice y Jéssica se levantan del suelo tras la explosión del coche de la profesora. El carro sigue ardiendo envuelto en llamas. A sus espaldas la casa de la familia “Castilla-Alcaraz” es devorada por el fuego. Tras el incendio de las cuadras, la hacienda ha quedado reducida a escombros, únicamente los viñedos permanecen intactos y a salvo.



Juan: ¿Están seguras de que Rodrigo estaba en el coche? ¡Dios! (Llevándose las manos a la cabeza) ¡No puede ser! Esto no puede estar pasando, no…

Berenice: ¿Jéssica? ¿Estás bien?

Su amiga, sentada en el piso del patio, todavía dolorida por la caída de las escaleras, trata de responder a Berenice.

Jéssica: No, creo que no… Rodrigo no estaba en el carro.

Juan: ¿Cómo así que no estaba en el coche? Pero si acaban de decir que…

Jéssica: Cuando Bere y yo entramos a la mansión, Rodris me dijo que iba a dar un paseo mientras, iba a ver los caballos.

Berenice: ¿De verdad? Ay Diosito por favor que esté bien, por lo que más quieras…

Juan: Voy a los corrales, no se muevan de acá, no se les ocurra acercarse al coche ni a la casa. ¿OK?

Berenice: Juan no te vayas, estoy muy asustada, deberíamos llamar a la policía, a los bomberos... no sé… (Mirando la mansión) Mi casa… (se le saltan las lágrimas) tantos años de recuerdos, tantas… (Llorando)

Juan: Mi amor… (Emocionado) No llores por favor, no me gusta verte así, cariño, por favor…. (Abrazándola fuerte, le da un beso en la frente, ella llora desconsolada sobre su pecho)

Jéssica: Esto ha sido un atentado, un complot… Primero las cuadras, ahora la casa. Alguien quiere hacerte la vida de cuadritos Bere y estoy segura que Diana fue la culpable. (Abriendo su bolso) Voy a llamar a los bomberos de Guaymas…


Mientras la joven marca en su celular, Berenice y Juan prosiguen la charla en el patio de la hacienda.

Bere: Esa desgraciada estaba en el despacho de la planta baja, hablando por teléfono. Pude escuchar toda su conversación.

Juan: ¿Qué fue lo que pasó? Subí a por la pistola porque pensaba que había ladrones en la casa.

Berenice: Diana estaba en el despacho y pude oír como le decía claramente a la otra persona que ella fue quién mato a mis abuelos. ¡Esa maldita mujer es la culpable de toda nuestra desgracia! ¡Ella!

Juan: Cálmate por favor, mi amor. Ya no hay nada que hacer, Diana murió en la explosión. (Abrazándola)

Jéssica: ¡Pero había alguien más en la casa! ¡Alguien me empujó por las escaleras! Esa arpía tenía un compinche, alguien la estaba ayudando.

Juan: ¿Cómo supiste que había una bomba en la casa, Jéssica?

Jéssica: Porque cuando salí del baño escuche ruidos en el que era el dormitorio de don Esteban y doña Abigail. Miré por la rendija de la puerta y vi un encapuchado manipulando un trasto encima de la cama. Me escondí a la esquina del pasillo y cuando se marchó fui a ver, y lo que me encontré… (Nerviosa)

Berenice: Ay dios mío, si no llega a ser por ti, ahora todos estaríamos muertos, amiga.

Juan: Tenemos que encontrar a Rodrigo. ¿Los bomberos ya vienen para acá? ¿Lograste hablar con ellos?

Jéssica: Sí, no se preocupen, ya vienen de camino. Ay chicos, ayúdenme a levantarme, me duele todo…

Berenice: ¿Seguro no te has roto nada? Deberíamos llevarte al médico al pueblo, por si acaso…

Juan: A ver Jéssica, vamos, arriba… (Entre la morena y él logran levantar a Jéssica del suelo).

Jéssica: Ay…. Ay, ay, ay, ay….. ayyyyyyyyyy.

Berenice: ¿Qué te duele? (Preocupada)

Jéssica: ¡El tobillo! Me he torcido un tobillo, aaaah…

Juan: Vamos a meterla en mi camioneta y a llevarla a Santa Victoria, es mejor que la revise el doctor Garza.

Ambos consiguen sentar a Jéssica en el asiento del copiloto. Juan cierra la puerta mientras conversa con Berenice junto al auto.

Juan: Espera voy a ver si… (Agachándose a mirar bajo el coche)

Berenice: ¿Qué haces Juan? (Extrañada)

Juan: Asegurarme que no hayan puesto nada más aquí también, nunca se sabe. (Mirando los bajos de su camioneta)

Berenice: ¿Todo bien? ¿Estás seguro? Ay Juan creo que deberíamos esperar a que llegue la policía y los bomberos… no quiero que viajes en este carro y si…

Juan: (Levantándose) No te preocupes, todo está bien pero…

Berenice: ¿Qué pasa mi amor?

Juan: Lo que no entiendo es por qué poner una bomba en el coche de Jéssica… se supone que Diana a quienes odia es a ti y a mi. ¿Qué tendría que ver Jéssica con todo esto?

Berenice: Jessi es mi mejor amiga, tal vez… no sé, quería vengarse de mí por haberla echado de la casa, esa mujer estaba loca, quiso matarme. De no haber llegado tú no lo estaría contando ahora.

Juan: Supongo que abrirán una investigación sobre lo sucedido.

Berenice: ¿Y qué hacemos con lo de Rodrigo? Sigue sin aparecer…

Juan: En el coche no estaba, dijo Jéssica ¿no? Pues tiene que estar en alguna parte de la hacienda, no puede ser que haya desaparecido en la nada así como así… a no ser…. (Pensativo)

Berenice: ¿Qué pasa Juan? Ay, por favor, no me asustes… (Nerviosa)

Juan: No, nada, nada…. Cosas mías…

En ese momento, mientras la pareja conversa, aparece tras ellos por sorpresa Rodrigo, muy nervioso y asustado por las explosiones.



Rodrigo: ¡Chicos! ¡Qué bueno que les encuentro! ¿Están bien?

Berenice: ¡Rodrigo! (Sonríe)

Al mismo tiempo, Juan voltea y ve a su primo junto al auto. Jéssica baja la ventanilla y le saluda también.

Jéssica: ¡Rodris! Mi vida, estás bien, lo sabía, sabía que no estabas en el carro. (Rodrigo le toma de la mano y sonríe)

Juan: ¿Dónde te metiste? Estábamos muy preocupados, primo. Pensábamos lo peor… (Se dan la mano y una palmada en la espalda)

Rodrigo: Estaba en los corrales a ver a los caballos cuando escuché una fuerte explosión, justo cuando venía para acá vi estallar el carro de Jéss. No me lo podía creer.

Juan: Es muy largo de explicar, primo. Recibimos una llamada de la policía de Guaymas, el papá de Berenice fue asesinado en el hospital.

Jéssica: Whattt?? (Persignándose) Válgame Dios…. Ay amiga lo siento mucho, no sabía nada… (Triste) Pobre don Fernando…

Berenice: Gracias Jessi… (Triste y abatida)

Rodrigo: No puedo creer lo que me dicen, la verdad que no.

Juan: Yo creo que Diana tuvo algo que ver con ello. Estoy casi seguro. Con eso y con lo sucedido hoy acá en la hacienda.

Rodrigo: ¿Diana? Bueno, esa tipa es una bicha, una mala persona, eso lo sabemos todos pero de ahí a… No sé, me cuesta creer algo así.

Berenice: Diana quiso matarme, Rodrigo. Si no llega a ser por Juan…

Rodrigo: ¿Qué? ¿De que están hablando? ¿Cómo así que trató de matarte, Berenice?


GUAYMAS

En la nave abandonada, en un polígono industrial a las afueras de la capital, Lorena continúa secuestrada. Su agresor le coloca una pistola en la cabeza mientras la joven permanece atada a la silla y amordazada. La rubia, muy asustada y muerta de miedo se teme lo peor, que su secuestrador decida finalmente acabar con su vida. Pero justo en ese instante, en la oscuridad del inhóspito lugar con la única iluminación de un tenue foco sobre sus cabezas, el misterioso enmascarado, envuelto en una capa blanca y ataviado con una peluca se aleja de su víctima y se marcha sin mediar palabra alguna. Lorena respira tranquila por unos segundos pero temerosa de que el misterioso secuestrador regrese por ella.



Lorena: (Pensando) Ese tipo está loco, tengo que salir de aquí, tengo que… (Mirando a todas partes, nerviosa y angustiada) Necesito pedir ayuda, tengo que soltarme… (Forcejeando con las cuerdas en su asiento) ¡Maldita sea! ¡Vamos Lorena, vamos! (Forcejeando en la silla)

Lorena comienza a forcejear con fuerza en la silla, tratando de liberarse de sus ataduras. La joven consigue soltar una de sus manos y se quita inmediatamente la mordaza que le seca la boca. Con gran destreza Lorena poco a poco va quitándose las cuerdas de la otra mano y de los pies. Finalmente la rubia logra liberarse y trata por todos los medios de buscar una salida para poder escapar con vida. Lorena consigue salir de la nave y emprende la carrera hacia la carretera que une Guaymas con Hermosillo para pedir ayuda.


HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”

En el patio de la finca…



Juan: Esa mujer atacó a Berenice con un cuchillo en la casa. Por fortuna logramos zafarnos de ella pero…

Jéssica: ¿Pero? ¿Pero qué? Creo que me he perdido algo.

Berenice: Tuve que dispararla en una pierna porque estaba a punto de matar a Juan con ese cuchillo. Poco después pudimos salir nosotros tres pero Diana aún estaba en la mansión cuando esta hizo explosión.

Rodrigo: A ver, a ver, barajéamelas más despacio que no me entero de nada. ¿Diana murió en la casa? (Alucinado)

Juan: No pudimos sacarla, teníamos que ayudar a Jéssica primero a salir.

Jéssica: Alguien me tiró por las escaleras, Rodris. Bere y Juan me ayudaron porque yo no podía caminar.

Rodrigo: ¿Quién te empujó? (Indignado) ¿Y seguro que estás bien? (Preocupado) Dime que estas bien, mi amor.

Jéssica: Si, sólo un poco magullada por los golpes y que me torcí un tobillo pero poco más. Ay por favor que pelos… (Mirándose en el retrovisor de la camioneta) si parezco una miss Venezuela sin operar… (Colocándose el cabello con las manos, se ve en el espejo) ¡Ay las gafas, aagggggg! (Con las gafas torcidas)

Juan: Precisamente ahora iba a llevar Jéssica a Santa Victoria a que la viera un médico. Estamos esperando a los bomberos.

Rodrigo: El doctor Garza no está a estas horas en el pueblo, sólo abre consulta por las mañanas. Tendríamos que llevarla a Guaymas.

Juan: Está bien, toma las llaves de mi camioneta. (Se las lanza a las manos y Rodrigo las coge al vuelo)

En ese momento Rodrigo sube al auto de Juan y arranca, el chico y Jéssica se despiden con la mano, mientras Berenice y Juan platican en el patio de la hacienda. La mansión sigue en llamas.

Jéssica: (Por la ventanilla del coche) ¡Bere, dile a Juan lo del baby! ¡El babyyyyyyyy!! (Tosiendo) Agg, aggg, se me ha metido un pelo en la boca, puaaaagg… (Escupiendo por la ventanilla)

Rodrigo: (Al volante) ¿Qué baby?

Berenice: Jajajaja… ¡Ya lo sabeee! (Sonríe dulce, Juan la abraza mientras ambos miran a sus amigos marcharse en la camioneta)

En el coche…

Jéssica: Bere está de encargo, Rodris… (Sonríe)

Rodrigo: ¿Un encargo de qué? ¿Qué va a pedir una pizza a estas horas?

Jéssica: ¡Qué pizza ni que ocho cuartos! ¡Está en estado! ¡Embarazada!

Rodrigo: ¿En serio? (Sonríe)

Mientras el auto se marcha, Berenice y Juan retoman la conversación en el patio.

Berenice: Juan, yo… (Bajando la mirada)

Juan: ¿Qué pasa mi vida? ¿Por qué esa carita, ah? (Tomándola de la barbilla) Mírame a los ojos, ¿Qué ocurre?

Berenice: Quería que fuera una sorpresa, tenía pensando decírtelo el domingo que es tu cumpleaños y darte la noticia pero… creo que con lo de hoy se me chafó la sorpresa…

Juan: No te preocupes por eso, no pasa nada. ¿De verás estás…? (Sonríe tierno)

Berenice: Sí… (Sonríe ilusionada)

Juan: Mi amor… (Se besan) Te quiero… te quiero, te quiero, te quiero… (Abrazados siguen besándose en el patio de la hacienda)

Berenice: Y yo a ti, Juan. Nunca imaginé que… bueno que esto pasara, no… todavía no me lo puedo creer.

Juan: Bueno… señorita, la verdad… ¿Quiere que le diga una cosa? (Sonríe, le hace una caricia en la nariz)

Berenice: ¿Cuál? Ay Juan, no empieces con tus bromas que te conozco, eh…

Juan: Con tanto hacer la tarea últimamente pues estás cosas son normales que pasen… Además, tú me dijiste que… (le dice algo al oído)

Berenice: Jajajaja, yaaa, tonto, eres bobo eh, mira que cosas me dices. Me vas a poner roja.

Juan: Claro, si fuiste tú la que no quiso…. Ya sabes… y ahora mira, jumm…. (Sonríe)

Berenice: Quería sentirte… (Avergonzada) Te amo Juan, y sé que este niño que viene en camino nos va a unir mucho más todavía, estoy segura.

Juan: Yo también te amo, Berenice. Y te prometo que mi hijo y tú son lo más importante en mi vida. No sabes lo feliz que me has hecho hoy con esta noticia. (Sonríe)

Berenice: A pesar de…

Juan: Siento mucho lo de tu padre, lo de la casa, lo de Diana… ójala pudiera hacer algo para ayudarte con todo esto.

Berenice: No es tu culpa Juan, pero me da mucha pena que mi papá ya no vaya a poder conocer a su nieto. (Se emociona). Ahora sólo te tengo a ti, tú eres toda mi vida, tú y este bebé. (Se toca el vientre con ternura)

Ambos se abrazan y se funden en un romántico beso, mientras escuchamos música.

Alexander Acha – Amor sincero

Haces que mi alma sienta amor de nuevo
Haces que a tu lado ya no sienta miedo
Haces que me entregue con cada latido,
Y que no quiera ni un segundo sin estar contigo
Haces que mi corazón ya no esté ciego
Porque puedo ver en ti que esto es amor sincero
Haces que te quiera más, un poco más
Llegas y te quiero más de lo que ya te quiero…


BOSQUES DE SANTA VICTORIA

En una vieja cabaña oculta en el bosque, Diana grita de dolor en una cama mientras un misterioso encapuchado le saca la bala de la pierna... Las sábanas están manchadas en sangre, la villana habla con el misterioso desconocido pero éste no responde palabra alguna. Finalmente el encapuchado logra sacarle la bala.



Diana: !Ahhhh!!! Esa maldita perra me pilló desprevenida, menos mal que logramos cumplir el plan. A estas horas esa casa debe ser una ruina llena de cenizas... pero no te preocupes, el día que sea mía esa hacienda será la más próspera de la comarca, ya vas a ver.... (sonríe a pesar del dolor) Te dije que todo saldría perfecto, lo malo fue ese desgraciado que me llamó por teléfono para mortificarme, para... !Ahhh!

El encapuchado tira la bala en un cuenco de plástico y le da a Diana un palo a morder para aguantar el dolor. Trás desinfectar la pierna con whisky, el improvisado cirujano se dispone a coser la herida a dolor vivo, pero antes se quita la capucha. Escuchamos música incidental.

De espaldas podemos distinguir que se trata de un hombre. En imagen y de frente vemos la sudadera que lleva puesta, y en el pecho las letras que forman la palabra MADISON. La imagen asciende… escuchamos música incidental… la imagen sube más y más... en primer plano y sorpresivamente aparece el rostro de... (Muy pronto lo descubrirás)


GUAYMAS

En la nave abandonada, el enmascarado regresa por Lorena pero al llegar se da cuenta de que la joven ha conseguido escapar. El misterioso secuestrador, lleno de ira y rabia, agarra la silla y la estrella contra un gran espejo. El cristal se rompe en mil pedazos en un estallido aterrador. ¿Por qué dejó sola a Lorena si sabía que podría huir de ese lugar? El secuestrador no es un profesional, eso está claro pero sus planes acaban de comenzar. Tras asesinar a Cayetano, su próxima víctima será…


DÍAS DESPUÉS…

PLAYA DE SAN CARLOS, SONORA

En la costa, con el sonido de las olas del mar y el canto de las gaviotas, Berenice esparce las cenizas de su padre en el océano Pacífico. La morena vacía la urna en el mar, mientras las lágrimas recorren su rostro. Tras ella, Juan la mira en silencio, dejando que su novia viva su duelo personal. Berenice cierra la urna y se queda mirando al horizonte, recordando a su difunto padre, don Fernando Castilla-Alcaraz.



Juan: ¿Estás bien, cariño? (Preocupado)

Berenice: Sí, no te preocupes Juan… (Volteando, sonríe tímidamente con los ojos vidriosos)

Juan: Ven… No llores, seguro tu papá no querría verte sufrir, él siempre va a vivir aquí. (Tocándole el pecho) Dentro de ti. (Sonríe)

Berenice: Gracias por ser como eres… Te quiero…

Juan: Y yo a ti. (Se besan)

Ambos se abrazan junto a las continuas y espumosas olas que rompen contra las rocas, en silencio.

Junto al mar, en una de las bonitas playas que jalonan el estado de Sonora, Berenice y Juan caminan agarrados de la mano. Ambos deben continuar adelante pues la vida sigue y muchas cosas están aún por llegar…


CIUDAD DE MÉXICO

En la gran y lujosa mansión de la familia Castilla-Alcaraz en el D.F., Diana y su hija Lorena platican en el jardín de la casa, mientras desayunan sentadas a una mesita blanca bajo una sombrilla resguardadas del sol de la mañana junto a la piscina. El agua refleja la luz solar en sus rostros.



Lorena: Fue horrible mamá, horrible… creí que no lo contaba.

Diana: ¿Lo denunciaste a la policía?

Lorena: Sí, pero no hay nada que hacer, el secuestrador no dejó pruebas. Analizaron mi ropa, me chequearon, revisaron la nave donde me tuvo encerrada y no encontraron nada.

Diana: ¡Maldita sea! Ese desgraciado es el mismo que me llamó por teléfono amenazándome, me dijo que te tenía secuestrada y que había matado a Cayetano.

Lorena: ¿Pero qué dices, mamá? ¿estás diciendo que ese hombre pudo haberme matado por culpa tuya? (Se levanta de su silla indignada) No puedo creerlo.

Diana: ¡Cállate y siéntate! Hay muchas cosas que tú no sabes y que no te conviene saber pero empiezo a tener mis sospechas y voy a descubrir quién es ese desgraciado, ese enmascarado que quiere destruirme.

Lorena: No entiendo nada, mamá, nada…

Diana: Ni falta que hace, lo que debes hacer ahora es no contarle nada de esto a nadie, ni siquiera a tu hermano Álvaro. ¿Entendiste? Nadie puede saber la verdad.

Lorena: Todavía no me has contado que te pasó en la pierna. Todo son secretos, ya estoy harta de que me veas la cara de tonta. Algo está pasando y tengo derecho a saber que te traes entre manos.

Diana: Te dije que fue un accidente, uno de los peones de la hacienda estaba limpiando una escopeta y por error me dio a mi, fue un accidente ya te lo he dicho. Estoy bien.

Lorena: ¿Entonces por qué diablos te has venido de la hacienda así de repente?

Diana: Porque no aguanto más a Berenice… la odio, la detesto con toda mi alma. ¿Te parece poco?

Lorena: Ni siquiera me dejaste ir al funeral de don Fernando, mamá. Álvaro y yo queríamos haber asistido.

Diana: Berenice no quería verme allá, ni a mi ni a ustedes así que ya deja de preguntar y termina de desayunar que se te hace tarde para ir a las bodegas. (Miente, pues Berenice piensa que Diana murió en la casa)

Lorena: Sigo pensando que aquí hay gato encerrado, Berenice jamás nos negaría el derecho a ir a la hacienda… no me estás contando toda la verdad y así no…

Diana: ¡Te he dicho que te calles ya! ¡Y deja la preguntadera que me tienes harta! (Enojada) Anda y vete a trabajar, que tu hermano ya lleva una hora en la empresa, floja, que eres una floja.

Lorena: No te pongas así, yo sólo decía que…

Diana: ¿Qué te acabo de decir? ¡A trabajar! (Se levanta de la silla enfadada y se marcha a la mansión)

Mientras Lorena termina su desayuno y se marcha, Diana entra en la casa y sube por las escaleras al piso de arriba. Diana entra en su recámara y acto seguido en el cuarto de baño. La villana le da al agua caliente con intención de darse un baño de espuma en la tina. La rubia echa jabón en el agua y en segundos comienza a desnudarse para introducirse en la bañera…


PUEBLO DE SANTA VICTORIA

CASA DE JÉSSICA

En la cocina de la casa, Jéssica, Juan y Berenice también toman sus respectivos desayunos sentados a la mesa, mientras conversan. La pareja está pasando unos días en casa de Jéssica hasta que la mansión de la hacienda sea restaurada y arreglada tras el incendio.



Juan: ¿Qué va a pasar ahora con la muerte de tu padre, mi amor?

Berenice: ¿Recuerdas cuando se iba a leer el testamento de mi abuelo?

Juan: Si, claro que si… pero ese día Lorena nos dio el gran susto con su intento de suicidio y se suspendió su lectura.

Jéssica: Ni me recuerden ese día, esa niña la que nos dio por favor…

Berenice: Según el notario de Santa Victoria, en ese testamento todo pasaba a manos de mi padre pero como en aquellas fechas él estaba en coma en el hospital y por tanto inhabilitado, toda la herencia pasaba a mi nombre. A mi nombre y al de su segunda esposa, Diana.

Jéssica: ¿A partes iguales?

Berenice: No lo sé, imagino que sí.

Juan: Pero Diana murió en la casa….

Jéssica: Bueno eso de que esa víbora murió… vamos a dejarlo, nunca encontraron su cuerpo.

Berenice: Entonces eso quiere decir que puede estar viva, pero no sé como lograría salir de allí.

Juan: El disparo la dejó malherida en una pierna, es imposible que lograra salir de allá por sus propios medios. Alguien la tuvo que sacar.

Jéssica: ¡Claro! El desgraciado que me tiró por las escaleras, ese miserable estaba conchabado con ella. Fijo.

Juan: Pero vamos a ver chicas… Si ese tipo había puesto una bomba en la casa con intención de matarnos. ¿Cómo es que Diana estaba dentro también? Podría haberla matado a ella en la explosión, aquí hay algo que no cuadra.

Berenice: Yo tengo una teoría, Juan. Si ese hombre, o mujer, porque ni siquiera sabemos quien es, estaba confabulado con Diana y ambos planearon la explosión de la casa y del carro de Jessi, pues puede ser que la bomba tuviera un temporizador y…

Juan: Y fueran a activarlo cuando Diana se marchara de la mansión, claro, mi amor, tienes razón.

Jéssica: Ay Bere, esto parece una novela de esas de la Agatha Christiana.

Juan: Agata Christie, Jéssica.

Jéssica: Eso, de la vieja esa….

Berenice: Diana está viva y seguro hay alguien que la está ayudando en todo esto. Voy a llamar a la casa del D.F. para hablar con Lorena y con Álvaro.

Juan: Lo que no entiendo es por qué no han venido al funeral de don Fernando, la verdad.

Berenice: Yo le di el recado a la empleada de servicio pero ni se molestaron en llamar y mucho menos en venir… Me parece muy extraño porque yo con Álvaro siempre me he llevado bien y bueno con Lorena ya saben que hicimos las paces y todo así que…

Jéssica: Hay muchas cosas sin sentido, amiga… Diana desaparece sin dejar rastro, Lorena y Álvaro no vienen al funeral de tu papá…. ¿Y sí…?

Juan: No, no lo creo… sé lo que estás pensando pero no…

Berenice: ¿Qué insinúas Jéssica? Termina de hablar, por favor.

Jéssica: ¿Y sí la Lore y su hermanito tuvieron algo que ver con la muerte de tu padre? ¿Ah?

Juan: No digas bobadas Jéssica, Lorena no sería capaz de matar a nadie.

Berenice: Y Álvaro mucho menos, por Dios… Jéssica, ves muchas telenovelas.

Jéssica: Sí, sí, pues en las telenovelas el asesino es quién uno menos se imagina.


HACIENDA “LA MIRANDESA”

En el patio de cuadras, Raquel y su primo Daniel charlan acerca de Juan y Berenice. Mientras Daniel se sube a un caballo para dar un paseo, su prima le pregunta algo de vital interés para ambos.



Raquel: Dicen que fue un atentado. Explotó la casa y el coche de Jéssica. Además asesinaron al padre de Berenice en el hospital.

Daniel: No sé quién podrá haber sido pero… tengo mis sospechas, la verdad.

Raquel: ¿Ah sí? ¿Quién?

Daniel: Diana, la esposa de Fernando, estoy seguro que esa mujer lo planeó todo, siempre ha querido quedarse con la hacienda de esa familia. No la han vuelto a ver por el pueblo, así que… blanco y en botella…

Raquel: Sé quién es pero nunca tuve oportunidad de conocerla. La muy estúpida casi nos chafa nuestros planes. Menos mal que no pasó nada grave.

Daniel: A mi me hubiera encantado que ese panaderito de cuarta estuviera tres metros bajo tierra.

Raquel: ¡Pues a mi no! Porque ese papacito tiene que ser mío y la estúpida de Berenice tiene que pagar por haberte dejado plantado. ¿En eso quedamos o no?

Daniel: Sí, pero no te preocupes por eso que muy pronto, más pronto de lo que crees las fotos de Juan y su “amante” van a llegar a manos de Berenice, ya vas a ver. (Sonríe con malicia)

Raquel: Jajajaja, me muero por ver la cara de esa naca, ay pobrecita… que pena me da… no sabes cuanta. (Sonríe con picardía)



CIUDAD DE MÉXICO

MANSIÓN “CASTILLA-ALCARAZ”

Al mismo tiempo, lejos de Sonora, en la capital azteca, en la elegante casa de la familia, Diana se toma un baño de espuma en la tina. En ese momento la puerta entreabierta del cuarto de baño se abre sigilosamente… El enmascarado que secuestró a Lorena aparece como por arte de magia disfrazado con la ya conocida capa blanca, una peluca gris y una máscara negra. Diana, nerviosa y asustada grita despavorida al ver al misterioso desconocido frente a ella.



Diana: ¡AHHHHHHHH! ¡Socorrooo! ¡Ayudaaaaaaaa!

El enmascarado no cruza palabra alguna con ella, Diana permanece en la bañera semicubierta por la espuma mirando a su agresor sin pestañear, sin mover un solo músculo, aterrorizada y muerta de miedo.

Diana: ¿Quién es usted? ¿Qué hace en mi casa? ¡Auxilio! ¡AYUDA POR FAVOR!

Escuchamos música incidental.



El misterioso agresor agarra el secador de pelo del armarito del baño y lo enchufa ante la atenta mirada de Diana. La villana, totalmente horrorizada y atemorizada por lo que se le viene encima no puede contener el llanto. El miedo se apodera de todo su ser justo en el mismo instante que el enmascarado lanza el secador encendido sobre el agua de la tina. El contacto de la electricidad con el agua provoca varios chispazos y fogonazos de luz, una luz cegadora que invade cada rincón del cuarto de baño. Diana se convulsiona en el agua como si fuera un muñeco de trapo. La villana muere totalmente electrocutada.


CONTINUARÁ…

No hay comentarios:

Publicar un comentario