lunes, 20 de agosto de 2012

Capítulo 16: Por favor, quédate



BERENICE

CAPÍTULO 16: POR FAVOR, QUÉDATE


HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”


En el patio de la finca, frente a la casa, Berenice y Lorena siguen peleando. Los gritos se escuchan en toda la hacienda, justo en ese instante Diana se asoma a una de las ventanas del primer piso de la mansión y presencia la escena. La villana se queda impactada y acto seguido baja las escaleras para salir al patio. Las chicas siguen cayéndose a golpes, Diana llega junto a ellas e intenta separarlas.



Diana: ¡Berenice! ¡Lorena! ¡Ya basta! ¡Basta ya!

Pero las dos jóvenes no la hacen caso y siguen dándose de bofetadas. Berenice consigue incorporarse pero Lorena la pega un empujón y la lanza contra uno de los coches

Lorena: ¡Eres una naca!

La morena se da la vuelta y la suelta una fortísima cachetada.

Berenice: Y tu una golfa. Esto no se va a quedar así, vaya que no.

Pero Lorena no se achanta y la agarra del cuello, arañándola como una gata. Ante tan bochornosa escena, Diana se siente impotente y no duda en llamar a voces a Cayetano para pedir ayuda. La villana no logra parar la pelea entre ambas chicas.

Diana: ¡CAYETANO! ¡CAYETANOOOOOOOOO! (Nerviosa) ¡Paren ya, por favor! ¡Basta ya! ¡LORENA!

El capataz de la hacienda aparece enseguida a la carrera, alertado por los gritos de su patrona.



Cayetano: ¿Qué ocurre doña Diana?

Diana: Haz algo, sepáralas, no ves que se van a matar. ¡Apúrate!

Cayetano: Espere un momento, tengo una idea. (El villano entra en la mansión)

Diana: ¿A dónde vas? ¡Cayetano!

Mientras, las chicas siguen a bofetada limpia, Lorena agarra a Berenice del cabello, justo al mismo tiempo en que Cayetano aparece con una escopeta de caza. El capataz pega un tiro al aire. El disparo se escucha en cada rincón de la finca. En el primer piso, en el pasillo, Juan oye el tiro y acelera el paso con la maleta en mano. Juan baja por las escaleras a toda prisa. En el patio las chicas se detienen y se separan ante el estruendo. Diana trata de intervenir.

Diana: ¿Se puede saber qué diablos está pasando aquí? ¡Berenice! ¡Lorena! ¿Qué significa este espectáculo, por favor?

Berenice: Más vale que te calles, que todo esto es por culpa tuya, tuya y de la desgraciada de tu hija.

Lorena: ¡Cállate! Eres una naca, una arrastrada (Se lanza a pegarla de nuevo pero Cayetano se lo impide interponiéndose en medio de la dos) ¡Suéltame Cayetano! ¡Suéltame!

Berenice: Eres una verdulera, ahora mismo se me van de mi casa las dos. ¡FUERA!

Madre e hija entran en la mansión y se cruzan con Juan quien sale con la maleta. Cayetano por su parte toma la escopeta y se va hacia las cuadras. Berenice y Juan se quedan a solas en el patio de la hacienda, frente a la gran mansión familiar.



Juan: Escuché un disparo. ¿Qué ha pasado?

Berenice: Nada, no ha pasado nada… (Arreglándose el cabello con las manos)

Juan: Me marcho… (Se aleja en dirección a su camioneta)

Berenice: Un momento Juan. Ahora mismo me vas a decir que hacía Lorena saliendo de tu cuarto. Y no me lo niegues porque yo misma la vi salir de allá.

Juan: ¿Perdón? (Volteando) ¿Me estás reclamando? ¡Pero bueno, lo que me faltaba por hoy! (Enojado)

Berenice: Claro que te estoy reclamando. ¿Qué hacía esa zafia contigo a solas? Quiero la verdad.

Juan: Lo que tengo que aguantar… ahora una escena de celos… ¿Pero se puede saber con qué derecho me reclamas a mí nada cuanto tú me engañas con otro? Eres una descarada. Pero que poca vergüenza tienes.

Berenice: Piensa lo que te dé la gana, yo tengo la conciencia muy tranquila porque no hice nada malo. Ese chico me besó a la fuerza y además por si no lo sabías…

Juan: No me interesa nada que tenga que ver contigo ni con él ¿Está claro? (Celoso)

Berenice: ¿Por qué eres así?

Juan: ¿Así cómo? No entiendo.

Berenice: Así de necio y testarudo. Sigues sin confiar en mí y eso me duele, no sabes cuanto me duele y más viniendo de ti.

Juan: Claro, qué bueno, yo tengo que confiar en ti pero tú en mi no lo haces. Perfecto.

Berenice: Quiero que seas sincero conmigo y me digas la verdad. ¿Qué pasó entre Lorena y tú?

Juan: ¿De veras necesitas que te responda a eso? Por favor… (Se da la vuelta para irse)

Pero en ese momento la joven le agarra del brazo impidiéndoselo, Juan voltea de nuevo, ambos quedan frente a frente. Juan está muy enojado y no quiere dialogar más.

Berenice: ¿Te acostaste con ella? ¡Dime!

Juan: ¿Eso crees? ¿En serio piensas eso de mí? (Serio, los dos se miran fijamente a los ojos)

Berenice: Quiero la verdad, eso es todo. Sólo eso, y no te molestaré nunca más, te lo prometo.

Juan: Piensa lo que te dé la gana… (Se le saltan las lágrimas) ¿Sabes qué Berenice? Tú y yo hemos terminado. (Desafiante)

Berenice: Muy bien… (Seria) ¿Esa es tu última palabra? (Rota de dolor intentando contener las lágrimas)

Juan: Adiós. (Se marcha)

Cuando el chico se aleja a paso firme, la morena no puede evitar derrumbarse. Berenice rompe a llorar amargamente mientras observa como su novio se sube a su camioneta. Juan arranca el vehículo, en segundos el chico pega un volantazo para girar el coche y salir del patio de la hacienda. En la camioneta Juan va llorando. Ambos se aman pero los dos son igual de orgullosos y desconfiados, por eso no logran hacer las paces. ¿Lo conseguirán?


PUEBLO DE SANTA VICTORIA


En el bar del pueblo, Jessica y su novio Rodrigo platican acerca de sus amigos. La profesora y el mesero se sientan a una de las mesas mientras se toman sendos cafés con leche.



Jessica: Ay Rodris, creo que esta vez Berenice la fastidió del todo.

Rodrigo: Pero ella no tiene culpa de nada, Jessica. ¿No dices que fue el chico ese quien la besó?

Jessica: Si, pero de nada sirvió que yo intentara convencer a Juan, en serio tu primo es un necio.

Rodrigo: Deben intentarlo de nuevo, estoy seguro que Juan razonará, sólo es que está dolido. Tú no sabes como llegó al bar.

Jessica: ¿En serio? ¿Qué te dijo?

Rodrigo: Hablar, hablamos poco pero le vi muy mal, me dejó muy preocupado. Se tomó tres cervezas seguidas.

Jessica: Ay Diosito… Tenemos que hacer algo, no puedo permitir que mi mejor amiga sufra por un malentendido. Yo aprecio mucho a Juan también.

Rodrigo: Lo sé, pero ¿Qué podemos hacer? Si él no quiere ni modo.

Jessica: No sé, pero algo se me tiene que ocurrir… Piensa Jessica, piensa, que la cabeza está para algo más que llevar el pelo, mijita.

Justo en ese momento suena su teléfono celular. Jessica lo toma de su bolso y contesta la llamada. Es su amiga Berenice desde el cuarto de baño de su habitación en la hacienda. La joven trata de curarse los arañazos del cuello con un algodón empapado en alcohol, mientras se mira en un espejo de pared.



Jessica: ¿Bueno? ¿Berenice, que pasó?

Berenice: (Llorando) Terminamos, Jessica, Juan me dejó… (Con lágrimas en los ojos)

Jessica: ¿Quéee? ¿Cómo que te dejó? ¡No puede ser!

Rodrigo: Lo que faltaba…

Jessica: Bere, amiga, por favor no llores. No me gusta verte así. Tienes que hacer algo.

Berenice: ¿Y qué hago, Jessica? ¿Qué? Si Juan no quiere verme ni en pintura, tú no veas como se puso. Acaba de marcharse de la hacienda.

Jessica: Ay Bere, ay Bere… que está vez te fregaste y pero bien.

Berenice: Intenté hablar con él, quería explicarle las cosas pero justo cuando iba a su cuarto para platicarlo, me encontré a Lorena saliendo de su recámara.

Jessica: ¿Qué? ¿Pero qué dices?

Berenice: Lorena me dijo que se había acostado con él, Yessi. (Llorando)

Jessica: Ay no, ¿y tú la creíste? ¿Pero tú eres tonta o que diablos te pasa, Bere? Por el amor de Dios, eso seguro es una mentira de esa estúpida para separarte de Juan.

Berenice: No lo sé… pero espera que no he terminado todavía.

Jessica: ¿Pero que aún hay más?

Berenice: Y tanto, al bajar al salón escuché a Diana hablando por teléfono con un chico, con el que me besó en la plaza. Todo fue un plan de ella y de Lorena para separarme de Juan.

Jessica: No lo puedo creer… ¡Pero serán brujas! Par de arpías, déjate que agarre a Lorena, porque la voy a dejar calva. Te lo juro, ¡CALVA! (Furiosa)

Berenice: No hace falta, ya me pelée yo con ella.

Jessica: Válgame Dios, válgame Dios… que día, que día… Precisamente ahora mismo le estaba contando a Rodrigo lo de ustedes pero no me imaginé que había pasado todo esto en la hacienda.

Berenice: ¿Qué hago, amiga? Necesito tus consejos ahora más que nunca. (Llorando)

Jessica: Lo primero, deja de llorar, lo segundo agarra el coche y ve en busca de Juan. Rápido. Ahora que su familia se marchó a Texas capaz y se larga para allá. Tienes que evitarlo, tienes que contarle toda la verdad.

Berenice: Pero si eso iba a hacer, pero el muy bruto no me dejó hablar, se puso conmigo como jamás lo había visto.

Jessica: ¿Y qué esperas, Bere? Si te vio besándote con uno, era normal.

Berenice: Pero eso no fue como él cree.

Jessica: ¡Pero eso él no lo sabe! Tienes que hablar con Juan, tienes que convencerlo de que tú le amas y de que todo fue un plan de esas dos.

Berenice: Está bien, está bien…¿Pero y dónde le busco? No se a donde se ha marchado. Ya a la casa del pueblo no puede ir, es del banco.

Jessica: ¿Ya no tiene las llaves?

Berenice: Creo que no.

Jessica: Dios mío… ¿Y ahora qué hacemos?

Rodrigo: ¿Qué ocurre, mi amor? Cuéntame algo, me tienes en ascuas.

Jessica: Espera Bere… Ay Rodris, Juan se largó de la hacienda muy enojado y Bere no sabe para donde.

Rodrigo: Apuesto que Juan está pensando irse con su familia a Estados Unidos, seguro. Dile a Berenice que se vaya al aeropuerto de Guaymas, seguro va para allá.

Jessica: ¡Bere! (al teléfono) ¡Bere, dice Rodrigo que te vayas al aeropuerto de Guaymas! Juan puede irse a Austin. ¡Apúrate! ¡Corre!

Berenice: Ok, salgo para allá ahora mismo. (Ambas cuelgan los celulares)


HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”


En el patio de la hacienda Berenice sube a su coche, la joven arranca el auto rápidamente y sale en busca de Juan por la carretera que une la finca con Santa Victoria. De allí debe tomar otra hacia Guaymas, en total son más de 25 kms. ¿Llegará a tiempo?

Mientras, en la recámara de Diana, Lorena y su madre discuten acerca de lo sucedido.



Diana: ¡Eres una estúpida! ¿A quién se le ocurre agarrarse de los pelos con Berenice? Parecían dos callejeras. Vergüenza te tenía que dar. (Rabiosa)

Lorena: Esa naca me las debía, y ya era hora de cobrárselas todas. Ella me insultó primero y yo me defendí. ¿Qué querías? ¿Qué me dejara? ¡De eso nada!

Diana: Estás loca, así lo único que has hecho es empeorarlo todo.

Lorena: Me da igual, por lo pronto Berenice y Juan ya no están juntos y eso es lo único que importa.

Diana: Ya… ¿Y tú crees que cuando Juan se entere de lo que me has contado te va a perdonar? A poco y te mande por un tubo cuando sepa toda la verdad.

Lorena: No se va a enterar. Berenice y él estaban discutiendo en el patio de la hacienda hace un rato y escuché por la ventana como él le dijo que habían terminado. No pudo decirle la verdad.

Diana: Sólo a ti se le ocurre decirle a Berenice que te habías acostado con Juan. Si es que… de veras, Lorena, no puedes ser más inmadura y mensa.

Lorena: ¡Bueno ya! ¡YA! No empieces tú también, que estoy harta ya. Harta de esta maldita hacienda, del olor a caballo, de estar aquí metida todo el día. Ahora voy a hacer mi vida, voy a hacer lo que se me pegue la regalada gana. Juan va a ser mío.

Diana: Mañana es la lectura del testamento del viejo Esteban. Veremos a ver ahora qué ocurre.

Lorena: ¿Qué va a pasar? ¿No dijiste que mi hermano y yo estamos de herederos? Pues ya está, la estúpida de Berenice va a pagar por todo lo que me ha hecho. Juro por Dios que me las va a pagar todas juntas.

Diana: Tenemos que librarnos de ella como sea, ahora más que nunca. Hay que acabar con Berenice, se va a quedar sin nada, te lo aseguro. No podemos esperar más. ¡La vamos a destruir!

Lorena: Eso quiero, verla arrastrada, mendigando por las calles como la mugrosa que es. ¡Ihhhh! ¡La odio! ¡La odiooooooo! (Agarrando un cenicero lo lanza contra la puerta con rabia)

Mientras, en los viñedos, Cayetano da un paseo subido a caballo entre las cepas revisando los campos. Apenas faltan unas semanas ya para la vendimia, la época más importante del año en la hacienda, el mes de septiembre. Cayetano checa las viñas, pero en ese momento suena su celular. El capataz de la finca responde a la llamada. Es Daniel, desde un lujoso hotel en la ciudad de Phoenix, en Estados Unidos.



Cayetano: ¿Bueno?

Daniel: Cayetano, soy yo, Daniel.

Cayetano: Hombre, don Daniel, ¿y ese milagro que me llama? ¿Qué se le ofrece?

Daniel: Estoy fuera de México, como ya bien sabes. Quería preguntarte si alguien ha ido a preguntar por mi a “La Mirandesa”, algún policía…

Cayetano: Sí, precisamente llegaron hace un par de días dos agentes de una comisaría de Guaymas preguntando por usted, estuvieron en las dos haciendas investigando.

Daniel: No les dirías nada sobre mí ¿verdad?

Cayetano: Tranquilo, jefe, tranquilo, no se preocupe. Por supuesto que no les conté nada sobre su paradero pero… aquí entre nos, me da que le tienen en el punto de mira

Daniel: No puedo regresar a México entonces, y más con lo que me cuentas. ¿Les dijiste que llevaba días fuera del país?

Cayetano: Sí, claro, pero no sé si me creyeron. Pa’ mi que son bien listos esos desgraciados.

Daniel: No puedo arriesgarme, de todas formas tampoco tienen pruebas. Es la palabra de Juan contra la mía, así que…

Cayetano: Eso mismo digo yo, verá como pasa el tiempo y todo esto se olvida. Ya lo verá.

Daniel: Por ahora me quedaré un par de semanas acá, tenía asuntos de negocios que resolver en Phoenix, las ventas de unos caballos y demás.

Cayetano: Por cierto don Daniel, el mes que viene empieza la vendimia en la hacienda “Castilla-Alcaraz”. Estoy en los campos.

Daniel: ¿Ah sí? No me acordaba, es verdad. Ahora que la mencionas… ¿Sabes qué? Que vas a hacerme otro trabajito.

Cayetano: ¿Otro más? Usted dirá, yo si hay billete por medio, no le digo que no a nada, bien lo sabe, patrón.

Daniel: Vas a provocar un incendio en casa de los Castilla-Alcaraz. Quiero que Berenice se quede en la ruina, va a pagarme el haberme dejado por ese naco muerto de hambre.

Cayetano: ¿Qué quiere que haga exactamente?

Daniel: Vas a incendiar las cuadras, quiero que todos los caballos mueran calcinados. ¿Entendiste?

Cayetano: ¿Está seguro de lo que dice, don Daniel? Esos animales valen mucha plata. El semental son millones de pesos.

Daniel: Por eso mismo, el viejo Esteban tenía pensado crear una yeguada y criar caballos pero murió sin ver su sueño cumplido. Querían empezar este año o el que viene. ¡Quiero ver esas cuadras reducidas a cenizas!


CARRETERA SANTA VICTORIA-GUAYMAS

Berenice maneja su auto con rapidez por la solitaria vía, la joven divisa al frente la camioneta de Juan. Berenice acelera el carro para intentar alcanzarlo. La chica toca el claxon para avisarle de su presencia. Berenice trata de evitar que Juan se vaya.



Al mismo tiempo, en su camioneta, Juan mira por el retrovisor y reconoce el coche de su novia. Juan, muy enojado, continúa su camino al volante mientras con una mano se limpia las lágrimas del rostro. En el otro coche, Berenice llora igualmente, la joven se acerca cada vez más al auto de Juan. Ambos vehículos quedan uno tras otro a pocos metros. Juan acelera su auto para intentar alejarse de ella. Berenice hace lo propio. La joven consigue colocar su coche al lado del de Juan y le adelanta. Unos metros más adelante la morena detiene su coche en mitad de la carretera para cortarle el paso. Juan se ve obligado a pegar un brusco frenazo y detiene el auto. Berenice sale de su coche y se dirige a la camioneta de Juan. El chico no sale del coche. La joven se pone frente a la camioneta y le mira fijamente a los ojos, llorando desconsolada, tratando de convencerle de que se baje del auto. Dentro de la camioneta Juan la observa en silencio, con lágrimas en los ojos, pero sin decir nada.

Berenice: Juan, por favor… (Llorando) por favor… escúchame.

El chico, dentro de la camioneta y todavía al volante, baja la mirada pero sin intención de salir del vehículo.

Berenice: Juan, escúchame, por favor… (Llorando)

En ese momento, su novio alza la mirada roto de dolor, llorando amargamente, las lágrimas salpican el volante y Juan accede a bajar de la camioneta. Berenice se le acerca. Escuchamos música.

Mayré Martínez – Junto a mí

Y descubrir que con tu amor me siento viva
Y que tus labios sanan todo mi dolor
Con cada beso clandestino, alteras todos mis sentidos
Quisiera en tus brazos soñar, que te quedas junto a mi, oh, oh….


Juan: ¿Qué quieres? (Llorando)

Berenice: ¿A dónde vas? ¿Por qué manejabas así? No ves que es muy peligroso.

Juan: Eso no importa, dime a qué viniste. ¿Qué quieres? Creo que fui más que claro contigo.

Berenice: Escúchame, por favor, Juan.

Juan: No quiero escuchar nada. ¿Qué me vas a decir? Ya me sé toda la historia.

Berenice: Las cosas no son como tú piensas, Juan. Todo fue un engaño, te engañaron.

Juan: ¿De qué hablas? ¿Cómo que un engaño?

Berenice: Diana y Lorena lo planearon todo, contrataron un chavo para que me besara. La idea era hacerme unas fotos comprometedoras con él para enseñártelas luego. Pero tú lo viste todo sin necesidad de ello… por desgracia.

Juan: ¿Qué? No puede ser cierto… No… (Limpiándose las lágrimas con la mano derecha)

Berenice: Te juro por la memoria de mi mamá que te estoy diciendo la verdad, Juan.

Juan: No… no…

En ese momento una lágrima recorre su rostro hasta morir en su boca. Berenice se le acerca y pasa una de sus manos con ternura por su cara.

Berenice: No llores, mi amor… por favor.

Juan: No lo puedo creer, en verdad que no… yo… yo…

Berenice: Perdóname, debí habértelo dicho en la hacienda pero no me dejaste. Te fuiste sin dejarme terminar.

Juan: ¿De verdad todo fue una mentira?

Berenice: Sí, yo misma escuché a Diana hablar por teléfono con el chico aquel.

Juan: Lo siento… no sé que decir, yo…

Berenice: No importa, me duele más que dudaras de mi que lo que hicieran esas dos brujas.

Juan: Ya… pero… tú sigues desconfiando de mí también.

Berenice: ¿Entre Lorena y tú paso algo? Dime la verdad, no me voy a enojar. Sólo quiero que seas sincero conmigo.

Juan: ¿De veras tengo que contestarte? ¿En serio necesitas que lo haga?

Berenice: No lo sé, Juan…

Juan: Si me quisieras de verdad, no dudarías de mí.

Berenice: Tú también dudaste de mí, pensaste que tenía un amante, que te estaba engañando, que te era infiel, cuando tú sabes que yo jamás sería capaz de hacerte algo así. No podría estar con otro hombre que no seas tú.

Juan: Pero yo si puedo estar con otra… según tú.

Berenice: No quise decir eso, lo siento. Lorena me dijo que… bueno, me dijo que tú y ella…

Juan: Que habíamos tenido intimidad.

Berenice: Sí. (Triste)

Juan: ¿Y tú la crees? Después de lo que te hizo a ti con el chico ese, ¿la vas a creer?

Berenice: Ya no sé que creer… de verdad, Juan, quisiera pensar que…

Juan: Creo que es mejor que me vaya. (Abriendo la puerta de la camioneta)

Justo al mismo tiempo, Berenice la cierra y se interpone en medio.

Berenice: No, por favor, no te vayas, no así.

Juan: Estás dudando de mí. No confías en mí.

Berenice: Tú tampoco en mí.

Juan: Así no vamos a llegar a ninguna parte, uno le echa la culpa al otro, y el otro al otro… podemos estar así toda la tarde.

Berenice: Yo sí confío en ti, pero no en ella. ¿Es que no lo entiendes? Tú estabas despechado, enojado conmigo y yo… pues al verla salir de tu cuarto en la hacienda pensé lo peor.

Juan: Claro, y ella luego te lo “confirmó” ¿No es así? Por favor, Berenice…

Berenice: Perdóname…

Juan: No puedo, lo siento.

Berenice: ¿Pero por qué? Te he contado toda la verdad, como sucedieron las cosas.

Juan: Eso ya está aclarado, pero tú no confías en mí. Quieres que te responda algo que ni siquiera necesita respuesta. Si tanto me quieres, no necesitarías que yo te conteste a tu pregunta.

Berenice: Lo siento…

Juan: Es mejor dejar todo como está, ya aclaramos lo del chico ese.

Berenice: Está bien, como quieras. ¿De veras te va a ir a Texas?

Juan: Sí, creo que es lo mejor.

Berenice: Lo mejor para ti, supongo.

Juan: Así es… (Triste)

Berenice: Bueno… pues, qué te puedo decir… (Con lágrimas en los ojos) Pensé que yo te importaba pero veo que no.

Juan: No digas eso, claro que me importas.

Berenice: Dices que te vas… no sé que pensar.

Juan: No podemos seguir así, vas a dudar siempre de mí, siempre.

Berenice: Entiéndeme, Juan, por favor te lo pido. Ponte en mi lugar.

Juan: No hace falta, ya lo viví en carne propia y sin imaginarlo.

Berenice: ¿Entonces?

Juan: ¿Quieres que te diga la verdad? ¿Quieres saber qué pasó entre tu hermana y yo en la hacienda? ¿De veras lo quieres saber?

Berenice: No lo sé…

Juan: No pasó nada, Lorena y yo no hicimos nada.

Berenice: ¿De verdad? (Sonríe, aún con lágrimas en los ojos)

Juan: No, ella solamente entró a preguntarme por qué me iba de la casa y supongo fue cuando tú la viste salir del cuarto después.

Berenice: Perdóname.

Juan: ¿Qué tengo que perdonar? No hay nada que perdonar, ya nos lo hemos dicho todo. No hay confianza entre nosotros y cuando no la hay es que algo no va bien. Te lo dije en el hospital. (Resintiéndose de la herida, se lleva una mano al abdomen)

Berenice: Lo sé, lo recuerdo. ¿Estás bien?

Juan: Sí, no es nada, a veces me duele todavía.

Berenice: ¿Ves? No puedes viajar así. No te vayas, por favor, quédate.

Juan: Es mejor que me vaya un tiempo, es lo mejor para los dos.

Berenice: Pero yo no voy a poder estar lejos de ti.

Juan: Ni yo de ti, pero… tal vez esa sea la solución.

Berenice: No quiero que te marches, a poco luego te olvides de mí estando tan lejos.

Juan: O tú de mí.

Berenice: ¿Por qué lo haces todo tan difícil, Juan? ¿Por qué?

Juan: Porque te amo. Te quiero, y me duele mucho todo esto. Mucho más de lo que crees. Jamás pensé que terminaríamos así pero yo no puedo vivir una relación donde todo son celos y dudas.

Berenice: ¿Quieres terminar lo nuestro? ¿Estás hablando en serio? (La chica gira el rostro hacia un lado inconscientemente)

En ese instante Juan se da cuenta de que Berenice tiene varios arañazos en el cuello. Arañazo fruto de la pelea entre la joven y Lorena en el patio de la hacienda.

Juan: ¿Qué te pasó en el cuello? ¿Qué tienes ahí?

Berenice: Nada, no es nada, olvídalo.

Pero Juan le tiende su mano derecha para comprobar el arañazo. El chico le acaricia el rostro con ternura.

Juan: No, déjame ver… ¿Qué es esto?

Berenice: Me pelee con Lorena en la hacienda. (Avergonzada)

Juan: ¿En serio? ¿Por qué?

Berenice: ¿Tú por qué crees? Por el engaño que te hizo, por hacerte sufrir y porque… para que voy a mentir, porque no la aguanto. (Bajando la mirada)

Su novio sonríe tierno, mientras acaricia su mejilla con mucho cariño y amor.

Berenice: A saber qué estarás pensando ahora de mí, lo siento.

Juan: No, claro que no. Mírame (Tomándola de la barbilla, ella alza la mirada con los ojos tristes)

Berenice: Te quiero. (Sonríe)

Juan: Y yo a ti. (Sonríe)

Ambos se quedan en silencio, mirándose a los ojos sin decir nada. Juan sonríe y ella devuelve la sonrisa, más dulce esta vez. Juan la abraza contra su pecho y le acaricia el cabello con mucho amor. Berenice se abraza a él con todas sus fuerzas, como si tratara de evitar que Juan se marche de su lado, de evitar que ese amor tan bonito que los dos se tienen uno al otro se acabé por culpa de terceras personas. Y es que Juan y Berenice no pueden vivir sin el otro. Juan y Berenice se funden en un romántico y apasionado beso. Escuchamos música. La pareja se besa con pasión y a la vez con mucho amor junto a la camioneta de Juan, en mitad de la solitaria carretera comarcal. Berenice y Juan se miran a los ojos, ella sonríe, él responde con una sonrisa y ambos vuelven a besarse nuevamente. Juan se adueña se su boca y ambos se besan sin pausa, sin medida.


Mayré Martínez – Junto a mí

Besa mi piel y hazme sentir
Que conocí el amor, por primera vez… (Música)
Quisiera en tus brazos soñar
Y descubrir que con tu amor me siento viva
Y que tus labios sanan todo mi dolor
Cierro los ojos, ya eres mío
Eres mi red en el vacío
Quisiera en tus brazos soñar
Que te quedas junto a mí, oh… junto a mí.


CONTINUARÁ…

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