BERENICE
CAPÍTULO 12: LA EX -NOVIA
DÍAS DESPUES…
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”, MÉXICO
Jessica y Berenice bajan del auto de la profesora de inglés. La joven ayuda a su amiga con las maletas. Ambas bajan el equipaje del carro y Jessica cierra el maletero. Berenice se despide. La morena y Juan han llegado ya a México tras pasar una semana en España.
Berenice: Muchas gracias por traerme, Yessi, no sé que haría sin ti.
Jessica: Nada, Bere, nada, para eso estamos las amigas.
Berenice: También quiero agradecerte que dejaras a Juan en el pueblo. El pobre estaba agotado del viaje.
Jessica: Me alegro que todo haya salido bien. Una cosa te quería decir, cuatachonga.
Berenice: Dime… (Buscando las llaves de casa en su bolso)
Jessica: Deberías denunciar a Daniel por amenazas. Después de lo que te envió por email tienes pruebas para meterlo preso o algo.
Berenice: Sí, lo sé pero…tal vez sea peor, a poco y luego tome represalias. Además el jefe de policía del pueblo es tío suyo, así que…. Poco que hacer me da a mí.
Jessica: Bueno, como quieras pero yo que tú lo hacía. No creo que se atreva a hacer nada contra Juan ni contra ti pero nunca se sabe.
Berenice: Yo creo que solo son palabras para meterme miedo no sé… el caso que cuando me lo dijo la primera vez me asusté mucho por eso me tuve que ir así y ahora sé que no hice lo correcto.
Jessica: Te pasaste con lo que le hiciste a Juan, Bere. Sólo a ti se te ocurre marcharte a España así sin decirle la verdad. Tú no veas como sufrió ese pobre muchacho, no le hagas eso más, no se lo merece.
Berenice: Lo sé, ya lo he hablado con él y me ha perdonado.
Jessica: Pero los hombres no lo perdonan todo, amiga, él te quiere pero estoy segura de que para todo hay un límite.
Berenice: Lo único que no me perdonaría Juan sería una infidelidad y no es el caso.
Jessica: Lo sé, pero…
Berenice: Ay ya, Yessi, no seas aguafiestas. Acabo de llegar a México y ya estás con tus comederas de cabeza.
Jessica: Yo sólo digo que si le haces otra a Juan, lo puedes perder, recuerda lo que te estoy diciendo.
Berenice: Eso no va a pasar, te lo prometo.
Jessica: Más te vale, Bere, más te vale.
PUEBLO DE SANTA VICTORIA
En casa de Juan, en el pueblo de Santa Victoria, un señor conversa a la puerta con doña María.
Hombre: Así como lo oye, señora, tienen ocho días para dejar libre la casa, ahora es propiedad del banco.
María: No... esto no puede ser... no... (Llorando)
Juan: Tiene que haber un error, yo pagué la mitad lo que debíamos de hipoteca. (Leyendo el documento entregado por el agente del banco)
Hombre: Usted lo ha dicho, la mitad, no todo. El desahucio es irrevocable.
María: Dios mío, hijo que vamos a hacer ahora. Nos vemos en la calle.
Juan: ¡Le juro que esto no se va a quedar así! (Enojado)
Hombre: Mire, joven, yo soy simplemente un empleado, yo hago lo que me ordenan. Si en una semana no desalojan la vivienda llamaremos a la policía. ¿Está claro? (Se marcha)
La pobre doña María cierra la puerta y se derrumba en un mar de lágrimas... Juan lanza al papel al suelo con rabia y abraza con cariño a su madre.
María: Creo que lo mejor es que nos vayamos con tu hermana a Texas.
Juan: ¿Quéee? ¿Pero qué dices mamá? ¿Cómo nos vamos a mudar a Austin? No tenemos papeles y además... aquí está Berenice, no puedo irme de México.
María: Mira hijo, yo sé que quieres mucho a esa chica pero... tú decides, o ella o nosotras.
Juan: No me hagas esto mamá, por favor… (Triste) No me hagas elegir.
María: Cariño, no podemos quedarnos más. Yo no tengo trabajo, con lo que tú ganas en la hacienda no nos llega para los tres. Ayer hablé de nuevo con Fanny me dijo que su novio puede ayudarte a encontrar algo en Austin.
Juan: Pero yo no quiero irme a los Estados Unidos. ¿Es que no lo entiendes? Acá está la mujer que amo.
María: Esa chica no te conviene hijo. Ya sé todo sobre ella, está en boca de medio pueblo. Dejó a su novio por ti, tu no sabes los chismes que he tenido que escuchar estos días en que tú estabas en España. No la bajan de golfa, de descarada… Y a ti… a ti… (Llorando) Estamos siendo la vergüenza del pueblo.
Juan: ¡Me vale madre lo que digan en este maldito pueblo! Yo amo a Berenice y ella me ama a mí. Eso es lo único que importa.
María: Hijo…
Juan: Si la conocieras te darías cuenta de que es una chica especial, ella no es como Yanira.
María: Ni me la menciones… (Molesta) Mira, hagamos algo, si quieres invita a Berenice un día a comer y así la conocemos Sofía y yo.
Juan: Está bien, pero prométeme una cosa.
María: Tú dirás, mijo.
Juan: Que le vas a dar una oportunidad. Te prometo que si no te gusta para mí, me voy a Austin con ustedes. (Miente para intentar convencer a su madre, Juan quiere que le caiga bien su novia)
María: De acuerdo, no me gusta juzgar a la gente sin conocerla, la verdad. Discúlpame pero con lo de hoy estoy muy nerviosa, no me siento nada bien.
Juan: Mañana mismo cuando llegue a la hacienda hablaré con ella y le diré que venga un día por la noche a cenar. ¿Te parece? (Sonríe)
María: Está bien.
Juan: Hay otra cosa que te quería comentar.
María: ¿De qué se trata, mi vida?
Juan: Es sobre Sofía y Fanny.
María: No entiendo… ¿Qué pasa con ellas?
Juan: Creo que va siendo hora de que la niña sepa la verdad.
María: ¿Quéee? No hijo, no, ni hablar…
Juan: ¿Pero por qué, mamá? Sofía ya no es tan pequeña, tiene derecho a saber que Fanny es su madre.
María: ¿Y arriesgarnos al qué dirán en el pueblo después de todos estos años? ¿Te volviste loco o que te pasa, Juan?
Juan: Cuando Fanny venga de Estados Unidos voy a hablar seriamente con ella y vamos a tomar una decisión. Sofía no puede seguir viviendo una mentira.
María: Bueno ya veremos, de aquí a allá falta mucho tiempo. Tu hermana no vendrá al pueblo hasta después de verano. Falta más de un mes todavía.
HACIENDA CASTILLA-ALCARAZ
En el salón de la mansión, Berenice y Lorena discuten amargamente.
Berenice: No te permito que me hables así. ¿Está claro?
Lorena: Eres una desvergonzada, te fuiste a España a revolcarte con Juan. ¡Perdida!
Berenice: Mira Lorena, no tengo ganas de pelear contigo, así que o te largas por donde viniste o aquí la vamos a tener. A mí nadie me falta al respeto.
Lorena: Descarada… Daniel muerto de amor por ti y tú acostándote con uno de los peones. ¡RAMERA!
En ese momento Berenice pierde la paciencia y le suelta una sonora bofetada a Lorena. La rubia se duele el rostro, rabiosa e indignada.
Berenice: ¡Esto para que aprendas a respetarme! Me tienes harta ya, te he dicho mil veces que no te metas en mi vida pero siempre igual, siempre igual… La próxima vez que me vuelvas a insultar te juro que te vas de mi casa.
Lorena: ¿Tú casa? Perdona, bonita, esta casa es tanto tuya como mía, recuerda que mi mamá es la esposa de tu padre.
Berenice: Eso es lo único que te mantiene aquí. La verdad no puedo creer que Álvaro sea hermano tuyo, no se parecen en nada.
Lorena: Álvaro no tiene carácter ni agallas, por eso te cae bien, porque con él haces lo que te da la gana.
Berenice: Paso de pelear más contigo, me marcho. Tengo que ver a Juan.
Lorena: Eso vete, vete… estúpida. (Pensando: El día que Juan sea mío me las vas a pagar maldita naca)
HACIENDA “LA MIRANDESA”
En el despacho de Daniel, el villano y su amigo Cayetano platican sobre un plan que Daniel tiene en mente.
Daniel: ¿Te quedó todo claro, verdad? Ya sabes lo que hay que hacer.
Cayetano: Sí, don Daniel… (Contando un buen fajo de billetes, su adelanto por el trabajo)
Daniel: Cuando hayas cumplido con el encargo, tendrás el resto. No quiero fallos, ¿Entendiste? Quiero a Juan muerto. ¿Me oyes? MUERTO.
Cayetano: No se preocupe, ese panaderito pronto estará criando malvas. Se lo aseguro.
AL DÍA SIGUIENTE…
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”
En el patio de cuadras, Berenice se encuentra con Juan quién esta atendiendo a Estela, la yegua de su novia. Un bello animal de capa blanca y largas crines color gris perla. Juan sujeta a la yegua con ayuda de una brida.
Berenice: Hola, mi amor. ¿Qué haces? (Sonríe)
Juan: Aquí, iba a dar un paseo a Estela. Quería hablar contigo, hay algo que debo decirte, cariño.
Berenice: ¿Dé que se trata, Juan?
Juan: Mi mamá quiere que vayas mañana por la noche a cenar a casa. ¿Te parece bien la idea?
Berenice: ¿En serio mi amor? (Se lanza a abrazarlo, la yegua se espanta ligeramente) Me encantaría conocerla, bueno a ella y a tu sobrina.
Juan: Perfecto, entonces mañana a las nueve en mi casa, yo te paso a buscar a la hacienda. ¿Es buena hora, no?
Berenice: Sí, sí, allí estaré, no te preocupes. Ay que ilusión… (Sonríe) Pero… ¿y que me pongo?
Juan: Jajaja, tú siempre igual. Yo hablándote de mi familia y tú pensando en qué trapo te vas a poner… Vanidosa que eres. (Se burla)
Berenice: Ay ya, no seas así, es que quiero darles una buena impresión, no sé. ¿Qué quieres? Y si no les caigo bien…
Juan: Mira Berenice, mi madre piensa que eres una niña bien, la verdad no le caes del todo, creo que por llevar el apellido que tienes.
Berenice: Pero tú sabes que yo no soy de esas. Yo soy bien sencillita y lo sabes.
Juan: Salvo porque te gusta la leche desnatada…
Berenice: Jajajaja. ¡Tonto!
Juan: Anda ven acá… (Tomándola de la cintura, la abraza contra su pecho)
Berenice: Te extraño mucho… ¿Sabes? (Tierna pero a la vez con picardía)
Juan: Y yo a ti, no sabes cuanto… (Se besan) Te deseo, mi amor. Te amo.
PUEBLO DE SANTA VICTORIA
En casa de Jessica, la divertida amiga de Berenice, almuerza en compañía de su novio Rodrigo. Ambos sentados a la mesa del salón charlan animadamente.
Jessica: Estoy más contenta, Rodris. Por fin Bere está de vuelta en el pueblo.
Rodrigo: ¿En serio? Qué bien. ¿Cuándo llegaron?
Jessica: Ayer por la tarde. Fui a buscarles al aeropuerto de Guaymas con el coche.
Rodrigo: Tengo ganas de conocer al tal Juan, podríamos salir un día los cuatro a tomar algo o a comer. ¿Qué te parece?
Jessica: Me parece genial. Creo que Bere estaría encantada de que salgamos las dos parejas juntas.
Rodrigo: Por cierto… ¿A qué dices que se dedicaba Juan antes de trabajar en la hacienda esa?
Jessica: Era panadero, si seguramente le tienes que conocer porque repartía también por tu pueblo. ¿No te suena un chico de cabello negro, ojos verdes…?
Rodrigo: No puede ser… no me digas que el novio de Berenice es ese. No me lo puedo creer, que pequeño es el mundo.
Jessica: ¿Lo conoces? ¿A poco?
Rodrigo: Pues claro que lo conozco, si Juan es mi primo, jajaja. Qué casualidad. Juan y yo somos primos pero hace años que no le veo.
Jessica: Jajajaja, ay Rodris, el mundo es un pañuelo. Pues mira ahora la Bere y yo vamos a ser cuñadas.
Rodrigo: Somos primos, no hermanos, no me seas tan bruta.
Jessica: ¡Bruta lo será tu abuela! (Molesta) Es un decir, menso.
Rodrigo: Me rindo…. (Mirando al techo, suspirando)
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”
La siempre vanidosa Lorena llega al patio de cuadras de la hacienda en busca de Juan. La rubia no ceja en su empeño por conocerlo más y llegar a tener algo más que una amistad con él. Juan se encuentra echando de comer a otro caballo, esta vez un macho de color alazán con un lucero blanco en la frente. Lorena entra en la cuadra y…
Lorena: Hola guapo… ¿Qué, mucho trabajo hoy?
Juan: Buenas, señorita… sí, aquí andamos de nuevo. ¿Y usted que tal todo? ¿Cómo le va?
Lorena: Pero háblame de tú, Juan. Por favor, ¿Sí?
Juan: Está bien… (Sonríe, mientras echa agua con un cubo en el bebedero del caballo)
Lorena: Ay, espera, creo que tienes algo en la camisa… Déjame a ver que te…
La joven se le acerca por la espalda y comienza a acariciarle sobre la tela. Juan se queda avergonzado, tenso y callado. Lorena acaricia su espalda sobre la camisa con ternura.
Lorena: Disculpa tenías paja, seguramente de andar en el granero. Pero no te preocupes ya te la quité.
El chico se da la vuelta, ambos quedan frente a frente. Juan entre la pared y el sensual cuerpo de Lorena quien le mira a los ojos sin apenas pestañear. La mirada intimida a Juan quién no sabe como reaccionar. Lorena intenta acercarse más a él.
Juan: Lo… Lorena… este…
Lorena: Tchisttt… no digas nada, Juan, por favor…
Y sin que el chico se lo espere, la rubia acerca sus labios a los suyos para provocar una mayor tensión sexual. Juan no puede evitar que Lorena consiga besarle con una pasión y un deseo inexplicables.
Juan: ¡Lorena, por favor! ¿Qué haces? ¿Qué significa esto? (Se retira, avergonzado)
Lorena: Lo siento, lo siento, por favor… perdóname… yo… (Re-huyendo la mirada)
Juan: Esto no está bien… Yo… yo tengo novia… yo amo a tu hermana. (Nervioso)
Lorena: Me gustas Juan… (Avergonzada). Me gustas desde el primer día que te conocí en la hacienda de Daniel.
Juan: Me siento halagado, señorita pero… esto no puede ser. Yo soy un hombre comprometido.
Lorena: ¿No te gusto, verdad?
Juan: No es eso… Ya se lo acabo de decir. Berenice y yo estamos juntos.
Lorena: Ya sé que estás enamorado de Berenice, lo sé, pero… tú sabes que en el corazón no se manda, Juan. Perdóname, no volverá a pasar. (Triste, con los ojos vidriosos)
Juan: Por favor, Lorena, no llores. (Triste pues no quiere hacerle daño)
Lorena: Si te hubiera conocido antes… tal vez… no sé…
Juan: Eres una chica preciosa, Lorena, cualquier chico daría lo que fuera por estar contigo pero… yo… yo amo a Berenice. Ella lo es todo para mí y cuando me besaste me hiciste sentir mal. (Arrepentido)
Lorena: ¿Por qué? No hiciste nada malo, fui yo quien te besó, Juan.
Juan: Pero alguien podría habernos visto y malinterpretarlo todo.
Lorena: No te preocupes nadie nos vio. (Sonríe)
Juan: Por favor Lorena, no hagas las cosas más difíciles de lo que ya son.
Lorena: Serían fáciles si tú te dejaras consentir un poquito… (Se acerca y le acaricia la mejilla con suavidad y cariño)
Juan: No sigas, Lorena.
La chica acaricia con su mano su pecho, sobre la camisa, pero no puede evitar introducir su mano entre la abertura de la blanca prenda para acariciar el pecho de Juan. El chico se pone muy nervioso a la vez que excitado al sentir el tacto de su piel.
Lorena: Nadie se tendría por qué enterar, Juan, por favor… Eres hombre, yo soy mujer, es normal que… (Mirándole con ojos de cordero degollado, la rubia intenta seducirle a como dé lugar)
Juan: ¡No! (Se aparta, saliendo de la cuadra enojado)
La joven sale tras él. Ya a la puerta de la cuadra ambos siguen la conversación.
Lorena: Por favor no te enojes conmigo, Juan, no lo soporto.
Juan: Te he dicho que no, Lorena, no me hagas esto.
Lorena: Sé que lo deseas tanto como yo…
El chico inconscientemente mira por unos segundos el escote de Lorena y las curvas que se marcan en esa camiseta de tirantes de color rosado.
En ese momento, Berenice les interrumpe.
Berenice: ¿Juan? ¿Lorena? ¿Se puede saber qué hacían saliendo de esa cuadra? (Celosa, pensando en la posible situación)
Juan siente que los nervios se apoderan de todo su ser, un sudor frío recorre todo su cuerpo. Tanto Lorena como él permanecen en silencio, sin poder articular palabra.
Berenice: ¿Les hice una pregunta? ¿Qué no piensan contestarme o qué? (Molesta)
Juan: Mi amor…este… (Nervioso)
Lorena: Ay, hermanita, que malpensada que eres… Estaba hablando con Juan sobre mi caballo. ¿Verdad Juan? (Guiñándole un ojo, la morena no se percata de ello)
Berenice: ¿De Aquiles? Mira Lorena… una cosita te voy a decir… (Tomando a Juan de la mano y acercándose a él. Berenice le abraza como marcando su territorio) ¿No tienes nada mejor que hacer que estar… estorbando el trabajo de los empleados?
Lorena: Pues no… estoy de vacaciones hasta septiembre, para que te enteres.
Berenice: Pues deberías buscar oficio y no andar de… “resbalosa” con hombres ajenos. Chica, que poco te valoras…
Juan: No empiecen de nuevo, se lo ruego. Peleas en la hacienda no, que luego me toca a mí separarlas.
Lorena: No te preocupes, guapo… que yo con esta no tengo más nada que hablar. Chao Juan, nos vemos. (Sonríe, mientras le pasa la mano por la mejilla a Juan, suave y rápidamente)
En ese instante Berenice siente que le hierve la sangre, la joven se muere de celos y cuando Lorena le da la espalda y está a punto de marcharse, la joven trata de agarrarla por el cabello pero Juan se lo impide. Lorena se marcha sonriendo pues ha conseguido lo que quería, sembrar las dudas en Berenice. En el patio de cuadras, Juan y la morena platican acerca de lo ocurrido.
Berenice: ¡Pero será zafia! ¡Es una descarada! ¿Pero como se atreve a tocarte así la cara? (Muy celosa) ¿Qué se cree la regalada esa? (Rabiosa)
Juan: Cálmate, mi amor. Confía en mí. ¿Sí?
Berenice: Mmm…. (Preocupada, celosa y a la vez triste)
Juan: ¿Qué te pasa, princesa? ¿Qué tienes? Te prometo que entre Lorena y yo no ha pasado nada. Te lo juro, créeme. (Preocupado)
Berenice: No sé, Juan… no sé que pensar, la verdad… (Triste y apenada)
Juan: Berenice, te estoy diciendo la verdad. Yo te amo, no podría estar con otra mujer y lo sabes.
Berenice: ¿De verdad? (Con lágrimas en los ojos, pero aún sin romper a llorar)
Juan: De verdad, yo te quiero, te quiero. (Abrazándola contra su pecho y acariciando su cabello con cariño y dulzura)
Berenice: Tengo miedo a que Lorena te enrede y… ustedes los hombres son tan básicos que les ponen una escoba con falda en bandeja y caen redondos. Que lo sé yo.
Juan: Lorena me besó, Berenice.
Berenice: ¿Quéee? (Retirándose hacia atrás, como despreciándole)
Juan: Lo siento, pero no podía callarme algo así. No quiero que te enteres por ella o por alguien más. Tu hermana me agarró por sorpresa, yo… (Nervioso)
Berenice: Aaaggg…. ¿Y tú te dejaste? ¿Dejaste que esa… que esa odiosa te besara? No me lo puedo creer… de veras que no. (Decepcionada)
Juan: Mi amor…
Berenice: No me digas mi amor, por favor te lo pido. (Molesta) Yo que venía para invitarte a ir al cine esta noche a Guaymas y mira con lo que me encuentro.
Juan: Berenice, por favor, escúchame. Fue ella quién me besó, yo le dije que no quiero nada con ella, nada. No me interesa ni siquiera ser su amigo. Además sólo fue eso, un beso, nada más. Yo la rechacé y ella…
Berenice: Por favor, Juan, que no tengo cuatro años ya… Esa lo que quiere es llevarte a la cama. Pero qué ingenuo que eres. A leguas se la nota.
Juan: (Agarrándola de la cintura) Te he dicho que te amo. ¿Qué mas tengo que hacer para que me creas? ¿Qué?
Berenice: No lo sé, Juan, no lo sé… (Enojada, intentando mirar hacia otro lado)
Pero Juan no se da por vencido y sin que su chica se lo espere la besa apasionadamente, ambos se funden en un beso lleno de amor, deseo y entrega. Juan trata de demostrarle que la mujer a la que ama es ella y nadie más que ella. Juan devora su boca a besos, cada vez más y más intensos y prolongados.
El chico la empuja hacia la cuadra y ambos caen sobre la paja. Juan, sobre Berenice, sigue besándola sin descanso. La joven no puede evitar corresponderle y se deja llevar. Juan se quita la camisa con destreza y comienza a desnudar a su novia. Berenice no interpone ningún obstáculo a las manos de su chico. Juan la desnuda casi por completo y comienza a adueñarse de su cuello, de su boca, de sus pechos. Ella gime tímidamente, mientras su novio la hace suya, su mujer. Juan y Berenice hacen el amor en las cuadras, en la penumbra, sin miedo a ser descubiertos. Nada les importa, sólo desean estar juntos de nuevo porque se aman con locura.
Berenice le abraza, recorre con sus manos toda su espalda mientras Juan la hace suya con deseo. Ella le abraza y ambos terminan haciendo el amor con una pasión incontrolable. Berenice gime mientras Juan la hace su mujer. La joven siente que realmente Juan es su hombre y que nada ni nadie lograrán arrebatárselo de su lado jamás.
No muy lejos de allí, en el salón principal de la mansión “Castilla-Alcaraz”, Lorena mantiene una interesante charla con Daniel, el ex novio de Berenice.
Daniel: Así que ya regresaron de España… vaya, vaya.
Lorena: Quiero proponerte algo y créeme esto te va a interesar mucho.
Daniel: Soy todo oídos, preciosa. Pero dudo mucho que me interese porque ese cerebro que tienes como que no piensa muy bien que digamos… (Burlándose)
Lorena: ¡Cállate imbécil y déjame hablar! Quiero que seamos aliados.
Daniel: ¿De qué hablas? No entiendo. ¿Aliados en qué?
Lorena: ¿En que va a ser, Daniel? A mí me gusta mucho Juan, estoy enamorada de él…
Daniel: Jajajaja, lo que faltaba. Otra idiota que cae con el naco ese. ¿Se puede saber que las da el tal Juan que las tiene embobadas? (Molesto)
Lorena: Escúchame y cierra la boca. Si tú intentas regresar con Berenice, te prometo que yo te dejaré el camino libre conquistando a Juan. ¿Te parece? Así los dos salimos beneficiados.
Daniel: La verdad, rubita…. Yo tenía otros planes para ese muerto de hambre… Llegas tarde.
Lorena: ¿Qué otros planes? ¿De que diablos hablas?
Daniel: Bueno, digamos que… sería más fácil quitarlo de en medio que hacer lo que tu propones, porque, siendo sincero, dudo mucho que puedas seducirlo y menos con lo frígida y sosa que eres en la cama. (Burlándose)
Lorena: ¡Estúpido! Ni se te ocurra hacerle daño a Juan, te lo advierto. Si llego a enterarme de que algo malo le pasa te juro que… (Furiosa)
Daniel: Tú no eres nadie para amenazarme a mí ni ordenarme nada, no eres más que una regalada que anda tras las migajas que deja su hermana. Eres una envidiosa.
Lorena: No me cambies de tema, hazme el favor. No vas a hacer nada en contra de Juan. ¿Está claro?
Daniel: ¿Quién lo dice? ¿Tú? Jajaja. Haré lo que me venga en gana. A fin de cuentas Berenice es mi novia y como dice el dicho, en la guerra y en el amor, todo se vale.
Lorena: Todo menos atentar contra las personas. Yo sería incapaz de hacerle daño a Berenice, no soy como tú. Yo sólo quiero que Juan se fije en mí pero jamás le haría nada malo ni a ella ni a él, por mucho que la odie.
Daniel: Eres una babosa, una sensiblera… En la vida hay veces que hay que tomar medidas drásticas para conseguir lo que uno quiere. Así funciona el mundo desde siempre.
Lorena: Eres un desgraciado…
Daniel: Y tú una estúpida. ¿Enamorada de Juan? Tú lo que tienes es falta de macho, por eso estás tan amargada. (Burlándose) Si me las conozco bien a las mujeres de tu clase.
Lorena: Si le haces algo a Juan te denunciaré a la policía, estás avisado. Juan es intocable. ¿Me oyes? INTOCABLE. (Preocupada, porque en el fondo le quiere a pesar de ser tan inmadura y superficial)
PUEBLO DE SANTA VICTORIA
Juan llega a su casa tras una dura jornada de trabajo en la hacienda, el chico camina por las calles del pueblo hasta que finalmente llega a la calle Cervantes, donde está situada la humilde casita donde vive con su madre y su sobrina. Está anocheciendo y mucha gente ya está a esa hora en sus casas, cenando o viendo la televisión. Juan se percata de que alguien le sigue los pasos, es una mujer. Los zapatos de tacón delatan su presencia y su caminar hace que Juan se de la vuelta. Al girar, el chico no puede creerse lo que ve. La misteriosa joven no es otra que Yanira, su ex.
Juan: ¿Yanira? ¿Yanira, eres tú? (Sonríe)
Yanira: Hola Juan… (Sonríe dulce sin dejar de mirarle a los ojos)
Juan: Pero… ¿Qué haces tú en Santa Victoria? ¿Cuándo has llegado?
Yanira: Llegué esta tarde, vine unos días de vacaciones a ver a mis padres y bueno… quería saludarte, justo ahora venía para tu casa pero qué bueno que te encuentro.
Juan: La verdad, es una sorpresa, no te esperaba. ¿Cómo te va por el DF? ¿Todo bien?
Yanira: Sí, todo bien, Juan. Trabajo como maquilladora en Televisa, son muchas horas pero pagan bien. Estoy muy contenta, la verdad. (Sonríe)
Juan: Me alegro mucho, desde que te marchaste no había vuelto a saber de ti. Tampoco me atreví a preguntarle a tus padres, ya sabes por qué.
Yanira: Lo sé, Juan… Ya son dos años… como pasa el tiempo. ¿Verdad?
Juan: Sí, muy deprisa. Demasiado.
Yanira: Estás muy guapo. ¿Eh? (Sonríe amable)
Juan: Tú también… (Sonríe) Te ves más madura, más mujer.
Yanira: Sí, la vida me ha hecho madurar.
Y es que lo que Juan no se imagina es que su ex novia ha vuelto al pueblo por él. Tras dos años separados y una ruptura que dejó a Juan con el corazón roto, la joven no pierde la esperanza de que el chico la perdone y vuelva con ella. Yanira y Juan rompieron porque ella le engañó con otro siendo novia de Juan. Él nunca la perdonó del todo pero aprendió a vivir con ese dolor, con esa traición. Hoy intenta verla como amiga y nada más, pero Yanira viene a reconquistarlo. ¿Qué ocurrirá?
CONTINUARÁ….
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