BERENICE
CAPÍTULO 15: AJUSTE DE CUENTAS
PUEBLO DE SANTA VICTORIA
En la plaza del pueblo, Berenice le pega una bofetada al joven desconocido quien se marcha rápidamente del lugar, pero Juan ya no está. Lorena por su parte, termina de hacer las fotos y acto seguido se marcha sin ser descubierta entre la multitud de gente que llena la plaza a esa hora. La rubia no se ha dado cuenta de que Juan también estaba presenciando la escena.
Jéssica: ¡Pero será descarado! ¡Atrevido! ¿Bere, estás bien?
Berenice: Sí, amiga, sí… pero ¿qué se habrá creído ese imbécil? (Limpiándose la boca con una mano) Baboso…
Jéssica: Ay amiga, no sé pero esto me parece muy raro, un chico se nos acerca así de la nada y va y te besa sin ton ni son. Aquí hay algo que no me cuadra.
Berenice: ¿Qué insinúas, Jéssica?
Jéssica: Nada, pero esto es muy extraño. ¿No te parece? No he conocido chavos tan aventados, mijita. Así de golpe y ¡hala! se te lanzan a la yugular.
Berenice: Sí, tienes razón pero… Mejor olvidémoslo. Menos mal que nadie nos vio.
En una de las calles que dan a la plaza de Santa Victoria, Juan camina a solas inmerso en sus pensamientos, con lágrimas en los ojos, el chico no puede evitar el llanto y se derrumba. Juan se sienta en un banco y se lleva las manos a la cabeza, hablando consigo mismo.
Juan: ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? ¿Por qué me hiciste esto? Yo te amo, te amaba… (Llorando desconsolado) Tú sabías lo que yo había sufrido con Yanira y me has hecho lo mismo… ¿Por qué? Si yo te quiero, si eres lo más importante en mi vida… (Llorando) Te entregué mi corazón y lo pisoteaste… eres igual que las demás, todas son iguales… todas…
El pobre Juan llora sentado en el banco, mientras la gente pasa por la calle sin apenas prestarle atención. Juan trata de limpiarse las lágrimas con las manos como puede, sus verdes ojos se enrojecen y el dolor se apodera de su corazón como si un puñal le atravesara y le partiera el alma en mil pedazos.
AUSTIN, TEXAS
En un pequeño departamento de la ciudad norteamericana, Estefanía conversa con su madre María y la pequeña Sofía. Las tres tienen una importante charla en el salón de la casa.
María: ¿Estás segura de lo que estás haciendo, hija?
Fanny: Segurísima, creo que ya es hora de que Sofía sepa toda la verdad.
Sofía: ¿De que hablan? No entiendo nada.
María: Ay mi niña… (Nerviosa)
Fanny: Cuando me dijiste que la novia de Juan era la tal Berenice Castilla-Alcaraz, no me lo podía creer.
María: ¿Pero qué tiene que ver esa chica con nosotras? ¿Con Sofía?
Fanny: Sofía… (Se agacha y la toma de los hombros para ponerse a su altura cara a cara)
Sofía: Por favor, hablen ya, me están poniendo nerviosa. ¿Qué pasa? ¿Le pasó algo a mi hermanito? ¿Se puso mal otra vez?
María: No cariño, Juan ya está bien, no te preocupes.
Fanny: Juan no es tu hermano, Sofía.
Sofía: ¿Quéee?
Fanny: Uff… es que no sé como decirte esto, mi vida.
Sofía: (Se le saltan las lágrimas) ¿Cómo que Juan no es mi hermano? Yo lo quiero mucho, no me digas eso… por favor…
María: Ay, no llores mi amor. ¿Ves, Fanny? Creo que es mejor que no digas más, te lo ruego.
Fanny: No podemos seguir así, la niña tiene que saberlo todo y más ahora que Juan está de novio con esa chica.
Sofía: ¿Qué pasa con Berenice? ¿Por qué la mencionas tanto?
Fanny: Sofía, a ver… como te explico… Juan no es tu hermano pero… si lleva tu sangre. Hay algo que tú no sabes y que hace años cuando eras un bebé los tres decidimos guardar en secreto.
María: Así es, hija, no queríamos que en el pueblo se supiera la verdad.
Sofía: No entiendo… ¿Cuál verdad? ¿Qué secreto?
María: Tu verdadera madre…. es… Fanny.
Sofía: ¿Quéeee?
PUEBLO DE SANTA VICTORIA
En la calle Mayor del pueblo, Juan sigue en silencio, sentado en el banco, llorando desconsolado sin encontrar respuestas a lo que acaba de ver en la plaza. Juan sigue hablando consigo mismo.
Juan: Te amo… (Llorando) te amo, ¿Por qué me has hecho esto? ¿Por qué?
En ese instante una lágrima surca su mejilla derecha, mientras sus ojos delatan su sufrimiento y decepción. Juan llora amargamente, llora como solo un hombre enamorado puede hacerlo, Juan llora por amor. Justo al mismo tiempo aparecen paseando por la misma calle Berenice y su amiga Jéssica. Las chicas se encuentran a Juan sentado en el banco. La morena se queda sorprendida al verlo allí y más aún en ese estado. La joven se le acerca, mientras Jéssica les observa a lo lejos.
Berenice: ¿Juan? ¿Juan, que haces acá? ¿Qué te pasa mi amor?
Y su novio alza la vista, en primer plano su cara y su mirada hablan por sí solas.
Berenice: Ay Juan, no me asustes, ¿Qué tienes? ¿Por qué estás llorando? (Le acaricia la mejilla)
Juan: ¡No me toques! (Levantándose del banco)
Berenice: ¿Qué te pasa, mi amor? ¿Por qué me hablas así? (Extrañada)
Juan: Eres una cínica… una… (Rompiendo a llorar de nuevo)
Berenice: No llores, por favor, ¿Qué pasa, Juan? (Preocupada)
Juan: Acabo de verte a ti y a ese… a ese… besándose en la plaza. ¿Cómo pudiste? (Llorando) ¿Cómo pudiste hacerme algo así? (Limpiándose las lágrimas)
Berenice: Ay, Juan… no es lo que estás pensando. No, por favor, créeme.
Juan: ¿Me lo vas a negar? Niégalo en mi cara. Te estabas besando con otro delante de todo el pueblo. No tienes vergüenza…
Berenice: (Se le saltan las lágrimas) Juan, por favor, escúchame, por favor, te lo ruego. (Tomándole de la mano)
Juan: No me toques, suéltame. (Se suelta)
Berenice: Ese chico se me aventó y me beso por la fuerza, yo no lo esperaba, te lo juro. Jéssica es testigo.
Juan: No te creo…eso no tiene sentido. Tanto que me celabas a mí con Lorena y resulta que la que tenía un amante eras tú. Jamás te lo voy a perdonar. (Llorando)
Berenice: Por favor Juan, no seas así, confía en mí.
Juan: ¿Cómo voy a confiar si te encuentro con otro así? ¿Qué harías tú en mi lugar? ¡DIME! (Enojado)
Berenice: No me hables tan golpeado, Juan, no me lo merezco… (Llorando)
Juan: Me decepcionaste… no esperaba esto de ti.
Berenice: ¡Jéssica! ¡Yessi, por favor, ven!
Su amiga se acerca a la pareja.
Jéssica: ¿Qué pasa Bere? ¿Están peleando? ¿Y esas lágrimas? Ay no….
Berenice: Juan me vio con el chico ese en la plaza, Jéssica. (Preocupada y llorando)
Juan: ¿Ahora vas a usar a Jéssica también? Por favor…
Jéssica: Escúchame Juan, ese chico la besó a la fuerza, ella no quería, ni siquiera lo conoce. No sabemos quién es. Te estoy diciendo la verdad. ¿En mí tampoco vas a confiar?
Juan: Tú eres su amiga, qué vas a decir… (Limpiándose las lágrimas con la mano)
Berenice: Está bien. No te lo crees, vale.
Juan: Yo te amaba…
Berenice: ¿Eso quiere decir que ya no me amas? (Llorando)
Juan: No lo sé… (Pensando: Claro que te amo, te amo más que a mi vida)
Berenice: No me hagas esto, Juan, por favor… (Llorando deshecha)
Juan: Es mejor que me vaya, ¿Sí? No quiero hablar con ustedes, lo siento. (Se marcha)
Jéssica: Juan, no seas necio, dialoga y escúchala. (Preocupada)
Berenice: ¡Juan, por favor! No te vayas… ¡JUAN!
Pero Juan se marcha sin que las dos chicas puedan evitarlo. Juan es muy orgulloso y a pesar de que la quiere no da su brazo a torcer porque está dolido por lo que vio. ¿Qué ocurrirá?
AUSTIN, TEXAS
En el salón del apartamento, la familia prosigue la conversación en el salón de la casa.
Sofía: No… no puede ser… (Se retira de Estefanía, llorando)
Fanny: Por favor hija, no llores, por favor no te enojes.
Sofía: No lo puedo creer… Entonces… entonces eso quiere decir que… ¿tú eres mi mamá y tú mi abuela? No… no…
María: Mi niña, por favor perdónanos. No lo hicimos con mal, era por el bien de todos.
Sofía: ¿Por el bien de todos? ¡De ustedes! Toda mi vida ha sido una mentira. Juan es mi tío, no mi hermano… Esto no puede ser cierto.
Fanny: Cariño, te estamos diciendo la verdad. Yo… bueno yo tuve un novio en el pueblo cuando era muy jovencita y de ese amor naciste tú. (Sonríe) Tú no sabes lo que ha supuesto para mí tener que vivir estos años lejos de ti pero no queríamos que en el pueblo se supiera que yo era madre soltera.
Sofía: ¿Por qué?
María: Porque está muy mal visto y más en aquellos años. Ya eres toda una señorita, tienes que entenderlo. Pronto vas a hacer 9 años.
Sofía: Si yo lo entiendo pero… ¿Por qué no me lo dijeron antes?
Fanny: Porque estabas muy pequeña y no lo ibas a entender.
Sofía: ¿Y por qué decidieron contarme todo esto ahora?
Fanny: Porque… bueno, hay algo que ni tú ni mi mamá saben. Ni siquiera Juan.
María: ¿De qué hablas, hija?
Fanny: El papá de Sofía es… es…
María: ¡Habla! ¿Quién es?
María: Fernando Castilla-Alcaraz, el padre de Berenice.
Sofía: ¿Quéeeeeeee?
PUEBLO DE SANTA VICTORIA
En el bar del pueblo, Juan charla con su primo Rodrigo. El mesero le sirve una cerveza al otro lado de la barra, mientras Juan llora deshecho.
Rodrigo: ¿Qué te pasa, Juan? ¿Qué tienes?
Juan: Acabo de ver a Berenice besándose con otro en la plaza del pueblo. (Llorando)
Rodrigo: ¿Qué? ¿Pero qué dices? ¿Estas seguro?
Juan: Claro que estoy seguro, los vi con mis propios ojos. Nadie me lo dijo.
Rodrigo: No puede ser…
Juan: Yo tampoco me lo podía creer. Se ha estado burlando de mí todo este tiempo.
Rodrigo: No lo creo, tiene que haber una explicación. Ella te quiere, tú no sabes como habla de ti con Jéssica. Ella me lo cuenta todo.
Juan: Pues se ve que todo era mentira. No me ama, nunca me ha querido… (Llora deshecho)
Rodrigo: Venga, Juan, cálmate, deberías hablar con ella, hazme caso. Seguro todo es un malentendido.
Juan: ¡No! ¡No quiero verla nunca más! ¡No quiero! (Se limpia las lágrimas) Dame otra.
Rodrigo: Primo, con beber no vas a solucionar nada.
Juan: (Molesto) ¡Que me pongas otra chela, te digo!
Y Rodrigo le sirve otro vaso de cerveza, bebida que Juan se toma de un trago. Rodrigo le mira muy preocupado. Juan está despechado y no sabe lo que hace.
No muy lejos de allí, en casa de Cayetano, el villano y su amante, la maquiavélica Diana conversan en la cama, juntos, semidesnudos y abrazados, tras haber hecho el amor.
Diana: Te echaba tanto de menos, Cayetano… mmm. (Se besan)
Cayetano: Y yo a ti, mi chula… hacía tiempo que no lo pasábamos tan bien como hoy.
Diana: Me encanta cuando te pones rudo y salvaje, me vuelves loca.
Cayetano: Bésame… (Se besan) Ya no podía aguantar un día más sin ti, me hacías falta.
Diana: ¿Sabes? Con suerte la boba de Berenice y Juan terminarán su relación y mi hija podrá ser feliz con ese chico al fin.
Cayetano: ¿Estás segura de que es lo que quieres como yerno? ¿Un simple peón?
Diana: Ay mi amor… ¿Y tú qué eres? El capataz de la hacienda.
Cayetano: No es lo mismo, preciosa, no me compares con ese panaderito. ¿Quieres?
Diana: Mira, Cayetano, si ese chavo es la felicidad de mi hija, no me voy a oponer. Ya te lo dije. Álvaro y Lorena son lo mejor que tengo en la vida y ahora que van a heredar dos terceras partes de la fortuna de los Castilla-Alcaraz, tendrán dinero de sobra.
Cayetano: ¿Te casarás conmigo si muere Fernando?
Diana: De momento lo nuestro debe permanecer en secreto, luego ya se verá. Mañana es la lectura del testamento, Berenice se va a quedar a cuadros. (Sonríe con malicia)
Cayetano: Como Fernando está fuera de combate todo el dinero pasa a sus herederos. Pero tú me dijiste que si te quedas viuda, podremos estar juntos al fin.
Diana: Y lo estaremos, seremos los dueños de esa hacienda, te lo prometo, pero no podemos levantar sospechas. Si Berenice descubre que tú y yo somos amantes se nos caerá todo el plan abajo.
Cayetano: Está bien, esperaré pero no veo la hora de que seas mi mujer, mía y de nadie más.
Diana: Ay mi amor, Fernando no sabía como hacerme sentir mujer, en cambio tú eres tan viril…
En ese momento Cayetano la agarra los senos con las manos y ambos se vuelven a enredar entre las sábanas para terminar haciendo el amor nuevamente.
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”
En el cuarto de huéspedes Juan hace su maleta, apenas el día anterior la había deshecho para mudarse a la hacienda donde iba a vivir a partir de ahora. Lo ocurrido hoy le ha hecho cambiar de opinión. Lo que el chico no se imagina es que Lorena le está espiando tras la puerta de la recámara.
En ese momento Juan se quita la camiseta para cambiarse de ropa y ponerse otra limpia. Lorena le observa con deseo y se muerde el labio detallando con su mirada todo su pecho. La rubia siente como su cuerpo se estremece al verle así semidesnudo. Lorena entra en la habitación y cierra la puerta tras de sí.
Lorena: ¿Qué haces Juan? (Mirándole con deseo)
Juan: ¿Lorena…? (Avergonzado)
Lorena: ¿Te vas de la hacienda? Si apenas acabas de instalarte. ¿Qué ocurre?
Juan: Sí, me marcho, me voy ahora mismo.
Lorena: ¿Y eso por qué? ¿Qué ha pasado? ¿Peleaste con Berenice?
Juan: Lo siento, no quiero hablar de ello, Lorena, perdóname. Tengo prisa…
Mientras Juan termina de ponerse la nueva prenda y cierra la maleta rápidamente, Lorena sale del dormitorio muy sonriente, por fin ha logrado lo que quería. Al mismo tiempo en que la joven sale de la habitación cerrando la puerta, Berenice sube por las escaleras de la casa y en el largo pasillo, al fondo, ve a Lorena saliendo del cuarto de Juan. La rubia no se da cuenta. Berenice baja las escaleras furiosa y muy celosa, pero justo antes de llegar al salón escucha una interesante conversación. Diana se encuentra hablando por teléfono con el misterioso desconocido de la plaza.
Diana: Perfecto, guapo, perfecto, todo salió a pedir de boca. Lorena hizo las fotos. Con suerte Juan la mandará a volar, jajaja.
En ese momento, Berenice, la interrumpe. Diana cuelga el teléfono de manera repentina, pues se ha visto descubierta.
Berenice: Vaya, vaya, vaya… Así que fueron ustedes… (Enojada)
Diana: ¿De… de qué hablas? (Nerviosa, re-huyendo la mirada)
Berenice: ¿Tú de qué crees? Lo del chico del pueblo fue cosa de ustedes dos ¿Verdad? Ahora lo entiendo todo. Tú y la ofrecida de Lorena lo planearon todo para separarme de Juan… Pero esto no se va a quedar así.
Diana: No sé de que estás hablando, estaba platicando con un amigo.
Berenice: ¡Cállate y haz el favor de mirarme a la cara, Diana! ¡Acabo de destaparlo todo! Así que ustedes le tendieron una trampa a Juan para que me odiara y creyera lo peor de mí. Miserables… (Agarrando a Diana del brazo)
Diana: ¡Suéltame, estúpida!
Berenice: Qué engañada me tenían, par de brujas. Ahora lo veo claro… No eres más que una traidora, yo que confiaba en ti, que llegué a verte como una segunda madre y mira… mira con lo que me encuentro. Eres una falsa.
Diana: Estás mal, no sabes ni lo que dices. ¡Qué me sueltes te digo! (Se suelta)
Berenice: Ahora mismo tú y tu hija agarran sus cuatro chivas (maletas) y se van de mi casa, no quiero tenerlas ni un día más acá. ¿ESTÁ CLARO? (Furiosa)
Diana: Eso es lo que tú te crees. Yo soy la esposa de tu padre y…
Berenice: ¡Y YO SOY SU HIJA! Todo cuanto hay en esta hacienda me pertenece, ustedes no son más que dos arrimadas que lo único que buscaban era la vida fácil. ¿Verdad? A poco seguro te casaste con mi padre por el dinero. ¡Cínica!
Diana: No te consiento que me hables así…(Rabiosa) Esta te la guardo, Berenice.
Berenice: Desgraciada… ¡FUERA DE MI CASA! ¡LARGOOOOOOOO!
La villana se marcha hacia su recámara indignada y de mal humor pues ha sido descubierta en sus planes contra Berenice y a favor de Lorena. La novia de Juan no puede creer lo que acaba de escuchar y se dispone a subir por las escaleras de nuevo para hablar con Juan, pero justo en ese momento se cruza de frente con Lorena. La rubia baja las escaleras y ni la saluda, no la da la cara. Berenice la sigue y va tras ella para ajustar cuentas. Ambas chicas salen al patio de la hacienda.
AUSTIN, TEXAS
En casa de Estefanía, las tres mujeres siguen su plática. Sofía no da crédito a lo que acaba de escuchar sobre su verdadero origen.
Sofía: ¿Berenice es mi hermana? (Alucinada)
María: ¿Pero qué dices hija? ¿Cómo que don Fernando y tú…? No lo puedo creer.
Fanny: Lo siento pero es la verdad, durante años me callé todo esto para no lastimarles a todos pero creo que ahora es el momento de que todo salga a la luz.
María: Ay Diosito… Cuando tu hermano se entere, no me lo quiero ni imaginar.
Fanny: No quiero que Juan esté con esa chica, seguro está jugando con él igual que lo hizo su padre conmigo.
María: Pero si yo la conozco y es muy simpática y buena onda, no creo que…
Sofía: Es verdad, Berenice es muy linda y amable. Ella si quiere mucho a Juan.
Fanny: ¿Están seguras de lo que dicen?
María: Segurísimas, la conocimos hace poco. Vino a cenar a casa una noche.
Fanny: No sé, pero Juan debería saber la verdad sobre su padre. Sofía, por favor, podrías dejarnos solas un momento. Tengo que hablar con… tu abuela.
Sofía: OK, está bien… pero… ¿Y ahora como las voy a llamar?
María: Como tu quieras hija, eso no importa. Fanny es tu mamá y merece que le des una oportunidad. Hazlo por mí, por Juan. ¿Sí?
Sofía: Vale… lo intentaré…
Fanny: ¿Me das un abrazo? (Sonríe)
Sofía: Un abrazo… (Sonríe y ambas se abrazan fuerte, Estefanía llora de la emoción)
La niña se marcha a su cuarto, mientras Estefanía y María se quedan a solas en el salón del departamento. Ambas platican de nuevo.
María: ¿Qué pasa hija?
Fanny: Fernando quería que abortara, mamá. Incluso me ofreció dinero para hacerlo.
María: ¿Qué? Pero ese hombre es un desgraciado…
Fanny: Por eso temo que Berenice sea como su padre y le haga daño a Juan. ¿No lo entiendes?
María: Hija, no sé, yo la veo buena chica, debemos darle una oportunidad. Yo que tú no le diría nada de esto a Juan todavía. Al menos deja que pase el tiempo y ver que ocurre.
Fanny: Está bien, pero si esa tal Berenice le hace alguna a mi hermano se las va a ver conmigo. Por cierto. ¿Qué fue de Fernando?
María: Sufrió un accidente de coche hace unos meses y está en coma.
Fanny: ¿En serio? No sabía nada.
María: Sí, no saben cuando despertará ni si lo hará algún día. Eso me lo contó Juan.
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”
En el patio central de la hacienda, frente a la mansión familiar, Lorena y Berenice mantienen una interesante conversación. Berenice lo ha descubierto todo.
Lorena: Ay ya, deja de perseguirme. ¿Qué es lo que quieres ahora?
Berenice: Contigo quería yo hablar, ¿se puede saber que hacías en el cuarto de Juan?
Lorena: Mira, niña… paso de ti… que lo sepas. (Se da la vuelta y se dispone a marcharse)
Berenice: No, tú no te vas a ir para ninguna parte…
La morena la agarra del brazo y Lorena se revuelve para soltarse, quedando de nuevo frente a ella.
Lorena: ¡Suéltame! (Rabiosa)
Berenice: Ahora si que vamos a ajustar cuentas tú y yo desgraciada. (Enojada)
Lorena: ¿Perdón? No se de que me estás hablando. Ah, ya… Te peleaste con tu novio y me vienes a echar la culpa a mí. ¿Cómo no? Lorena es la culpable de todo cuanto te pasa… Anda ya, por favor, vete por ahí.
Berenice: De muchas cosas, pero esta es la última que te aguanto. Te lo juro, ahora mismo Diana y tú se largan de mi casa. ¡Traidoras!
Lorena: No pienso mover ni un pie de esta hacienda, porque también es mía, para que te enteres. Y ya, cállate, que pareces una cacatúa todo el día repitiendo lo mismo. Ay Juan esto, ay Juan aquello… Deberías dejar de pensar en Juan, él ya no te quiere, le engañaste con otro.
Berenice: Eso no es cierto, ese chico me besó a la fuerza y sé que fue obra tuya. Escuché a tu madre hablar por teléfono con él. (Molesta) Y no me cambies de tema. ¿Qué hacías en el cuarto de Juan? ¡Descarada!
Lorena: Pues hija, pareces tonta, ¿Qué iba a hacer? Juan y yo hicimos el amor. (Burlándose)
Berenice: ¿Quéee? Eres una cualquiera… (Presa de los celos)
Lorena: Y tú una mojigata. A poco ni siquiera sabrás hacer sentirse hombre a Juan en la cama.
Berenice: No tengo porque escucharte, qué sabrás tú. Más vale que te calles.
Lorena: ¡No me da la gana! Estoy segura que conmigo Juan disfrutó muchísimo más que con una naca como tú. Yo sí sé como hacer vibrar a un hombre, cómo volverlo loco de deseo. Tú no sabes como gozó conmigo, Juan es todo un macho.
Berenice: No si de eso no me queda la menor duda…
Lorena: Fue tan tierno, tan cariñoso, a la vez que tan fogoso… tan… mmm.
Berenice: ¡Cállate! (Sintiendo que le hierve la sangre)
Lorena: ¡No me da la gana! Cómo te duele ¿Eh?
Berenice: Envidiosa… Yo sí amo a Juan, no como tú que dices que le quieres y lo único que querías es acostarte con él. ¿A eso le llamas amor? Eres una egoísta, ¿Qué no pensabas en el dolor que esto le iba a causar a Juan?
Lorena: Que te calles ya, que me tienes harta. Y luego la descarada soy yo. ¿No? Eso tú que tenías novio, te ibas a casar con él y no te importó ni un carajo, bien que te liaste con Juan.
Berenice: Estás completamente loca. Daniel se portó como un patán conmigo, por eso le dejé. En ese tiempo Juan y yo sólo éramos amigos.
Lorena: Que sí, rica, lo que tu digas… Amigos… (Celosa)
Berenice: Te pasaste de la raya, Lorena. Esta vez fuiste demasiado lejos preparando algo así, todo fue una trampa para poner a Juan en mi contra ¿Verdad?. Esta me la pagas. ¡Tú lo planeaste todo! ¡Tú y la falsa de tu madre!
Lorena: Qué pesada que eres. Ay ya, por favor “hermanita”, deja de decir bobadas, estás paranoica.
Berenice: Hasta que no te le metiste a Juan en la cama no has parado, eres una cualquiera.
Lorena: No tengo ganas de discutir otra vez contigo, qué cansina que eres, de verdad. Estás amargada. ¿Pero qué habrá visto Juan en ti? ¿Qué? Si no eres más que una estúpida.
Berenice: (Furiosa) Y tú lo que eres es una regalada que lo único que busca en la vida es meterse con hombres ajenos. ¿Ya tuviste lo que querías? Pareces una perra en celo… (Con sarcasmo)
En ese momento Lorena le suelta una sonora y brutal bofetada a Berenice. La morena se la devuelve con la mano vuelta dejándole la marca de los anillos en la cara. Ambas mujeres se enzarzan en una fuerte pelea en el patio de la hacienda. Lorena empuja a Berenice al suelo, quedando sobre ella. La rubia trata de molerla a golpes. Berenice la tira del cabello con saña, los gritos se escuchan en toda la hacienda. Lorena le araña la cara. Las dos chicas se van a matar si alguien no llega a separarlas. La pelea es brutal. Escuchamos música incidental.
CONTINUARÁ...
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