miércoles, 14 de noviembre de 2012

Capítulo 20: Cara a cara

BERENICE

CAPITULO 20: CARA A CARA

CARRETERA SANTA VICTORIA-GUAYMAS

Manejando con rapidez, Juan consigue finalmente adelantar con su camioneta al descapotable de Daniel. El chico logra tomar ventaja hasta cortarle el paso. Juan detiene su camioneta atravesada en mitad de la carretera. Daniel se ve forzado a dar un brusco frenazo, y rabioso, baja del coche dando un fuerte portazo. Al mismo tiempo Juan desciende de su auto. Ambos se acercan, frente a frente.



Daniel: ¿Se puede saber que es lo que quieres? ¡pedazo de imbécil!

Juan: Contigo quería yo hablar, desgraciado. Vaya, vaya, hasta que al final te dignaste en aparecer…

Daniel: ¿A ti que diablos te importa lo que haga o deje de hacer? Naco, que no eres más que un naco que se cree mucho ahora por estar acostándose con una millonaria.

Juan: Eres un cretino (Enojado) Si estás despechado porque Berenice me ama a mí y no a un patán como tú, no es mi problema.

Daniel: No paraste hasta que te le metiste en la cama a mi novia…

Juan: ¿Tu novia? Perdón, pero hace mucho tiempo que ella y tu no son nada. Berenice me ama y yo a ella, nos queremos y nada ni nadie va a separarnos, ni siquiera tú, por mucho que te moleste vernos juntos.

Daniel: Jajajaja, por favor no me hagas reír con cursilerías de viejas. No seas ridículo, no eres más que un muerto de hambre que vio fácil la posibilidad de ser alguien en la vida. Razón tenía Diana.

Juan: Esa es otra mala persona igual que tú, les corroe la envidia porque Berenice y yo sí somos felices, mientras a ustedes no les quiere nadie.

Daniel: Que más quisieras estar tu con las mujeres que me gasto yo, estúpido. Sigue, sigue de noviecito con Berenice, pero aquí quien ríe el último ríe mejor. (Desafiante) Acuérdate de lo que te estoy diciendo.

Juan: ¿Me estás amenazando? Pierdes tu tiempo…

Daniel: Yo no amenazo, marginal, yo hago promesas y las cumplo y te juro que no voy a descansar hasta acabar contigo. Así que yo que tú me cuidaría las espaldas… por la cuenta que te trae y recuerda, quién avisa no es traidor.

Juan: Claro, ahora lo entiendo todo, tú fuiste quien atentó contra mí aquella noche en Guaymas, tú me disparaste.

Daniel: Jajajaja, yo nunca he dicho que te haya hecho nada, se ve que no eres más tonto porque no entrenas.

Juan: No te tengo miedo pero sé que fuiste tú, tú o alguien ordenado por ti, no me cabe la menor duda.

Daniel: Piensa lo que te de la gana. ¿Para eso me has seguido varios kilómetros? Para decirme eso… lo que yo digo, eres un idiota.

Juan: ¡Y tu un maldito asesino! Te largaste a Estados Unidos muerto de miedo por si la policía te arrestaba. Todos nos dimos cuenta que al día siguiente del atentado ya no estabas en tu hacienda, dos más dos son cuatro. ¡Fuiste tú!

Daniel: No tienes pruebas para sostener una acusación como esa, sería tu palabra contra la mía. Ahora si me disculpas, tengo mucho que hacer, me marcho. (Se da la vuelta)

Pero en ese instante Juan se le acerca y le toma del brazo con fuerza. Daniel voltea rabioso.

Juan: Tú no te vas a ir a ninguna parte, aún no he terminado contigo. Ahora sí me vas a escuchar, desgraciado.

Daniel: ¡Suéltame! ¡No te atrevas a ponerme tus sucias manos encima, muerto de hambre! (Furioso, se suelta de Juan)

Juan: Anoche hubo un incendio en las cuadras de la hacienda Castilla-Alcaraz y todo apunta que fue provocado, provocado seguramente por ti, miserable. Intentaste matarme y ahora por tu culpa casi muere Berenice.

Daniel: ¡Estás completamente loco! Ayer yo estaba en Phoenix, como iba a incendiar nada. Lo que yo digo, se te fundió la cabeza… (Burlándose)

Juan: Insúltame lo que te dé la gana pero estoy seguro que eso también fue obra tuya.

Daniel: ¿Sabes qué, naquito vende panes? Que me da a mí que ves muchas películas de acción.

Juan: Voy a demostrar que tú estás tras todo esto y voy a verte tras las rejas. Te lo juro.

Daniel: Ya no me hagas perder más el tiempo, no estoy para tonterías de panaderos. Por cierto. ¿Qué? ¿No repartes croissants hoy? (Burlándose)

Juan: Eres un payaso.

Daniel: Bueno y cuéntame… (en tono de burla) ¿Qué tal con Berenice en la cama? ¿A que es toda una fiera, ah? Jajajajaja.

En ese momento Juan se da la vuelta fingiendo marcharse pero en segundos voltea de nuevo frente a Daniel y le propina un sonoro y brutal puñetazo que lo tira de espaldas al suelo. En la carretera, Daniel, sobre el asfalto se lleva una mano a la boca. Juan le ha roto el labio en la agresión.

Daniel: ¿Cómo te atreves? (Rabioso, se levanta del suelo)

Juan: Esto para que aprendas a respetarme, a mí y a Berenice. Me las debes desgraciado, por todo lo que nos has hecho.

Pero Daniel se le acerca de nuevo, ambos frente a frente, sus miradas y gesto desafiante presagian lo peor. Escuchamos música incidental.

Daniel: Esta me la pagas, te voy a dar donde más te duela, imbécil.

Juan: Mira como tiemblo… Escúchame bien, riquillo de porquería… Ahora si que vamos a ajustar cuentas de una vez por todas.

Justo cuando Juan se dispone a sacudirle otro puñetazo, Daniel le sujeta del brazo con fuerza impidiéndoselo.

Daniel: ¿Pero es que tu te crees que yo soy un muñeco o qué? (Pegándole un puñetazo)

El pobre Juan se duele el rostro tras el brutal golpe pero sin pensarlo se abalanza contra Daniel empujándolo al suelo. Ambos se enzarzan en una fuerte pelea en mitad de la carretera. En el suelo y sobre el villano, Juan le propina dos puñetazos. Daniel le agarra el cuello a Juan con ambas manos intentando ahogarlo, finalmente consigue que Juan le suelte. Ambos se ponen de pie de nuevo frente a frente.

Juan: Me las debes desgraciado, por todo lo que nos has hecho.

Daniel: ¡Te voy a matar!

Y el villano se avienta sobre Juan pegándole otro puñetazo. El chico logra esquivar el golpe y le da un rodillazo a Daniel en el abdomen. El joven Miranda no se achanta y le suelta un nuevo puñetazo a Juan, esta vez con éxito. Daniel empuja a Juan a la cuneta, ambos caen rodando hacia los campos de cultivo enzarzados a golpes. Ambos siguen peleándose, nadie aparece por la solitaria carretera y la pelea podría derivar en una tragedia.


GUAYMAS

HOSPITAL CENTRAL DE GUAYMAS

En la habitación donde descansan Lorena y Berenice, las jóvenes se toman sendos desayunos en sus respectivas camas. La cortina que las separaba la noche anterior ya está abierta.



Lorena: ¿Qué tal amaneciste, Berenice? (Bebiendo un vaso de leche)

Berenice: Mejor pero me duele un poco la cabeza.

Lorena: Bueno, al menos estás bien. Me alegro que no les pasara nada grave ni a ti ni a Juan. Todavía no sé como pudo prepararse un incendio en la hacienda. ¿Saben algo de cómo fue?

Berenice: No, todavía no.

Lorena: Espero y no fuera provocado, no sé…

Berenice: ¿Por qué dices eso Lorena? ¿Acaso piensas que alguien pudo prender fuego a las cuadras?

Lorena: Todo es posible, ¿Qué te dijo Jéssica anoche por teléfono?

Berenice: Que robaron los caballos de más valor, un semental, 7 yeguas, 4 castrados… de milagro quedaron algunos en la finca pero dos murieron y sólo se han salvado 5.

Lorena: ¿Y Estela?

Berenice: Estela está bien, gracias a Dios. No le pasó nada pero… tu caballo…

Lorena: No, no me digas que mi… (Se le saltan las lágrimas)

Berenice: Lo siento Lorena, Jéssica me dijo que lo encontraron muerto por el humo.

Lorena: Pobrecito… (Llorando) Ay no, esto parece una pesadilla.

Berenice: Lorena…

Lorena: Sí dime…

Berenice: Se ve que dentro de ti hay una buena chica, pero luego… ¿por qué eres así?

Lorena: ¿Así cómo?

Berenice: Te emocionaste por lo de tu caballo, y sólo las personas nobles son capaces de sentir pena por los animales. Dicen que para saber como es alguien realmente sólo hay que fijarse en cómo se comporta con los niños y con los animales. ¿Sabias eso?

Lorena: La verdad no, nunca lo escuche. ¿Pero por qué dices que soy así? ¿Así… cómo?

Berenice: Pues… cómo decir sin que te enojes. A veces eras muy maleducada, envidiosa, falsa…. Disculpa que te lo diga así pero es que… en serio todavía no me puedo creer que quieras cambiar.

Lorena: Y quiero hacerlo. Yo no soy mala, no sé por qué todos piensan así de mí.

Berenice: Te lo ganaste a pulso tú sola, Lorena. Con tus acciones.

Lorena: Sí, yo sé pero ya te dije que estoy arrepentida. Quiero cambiar, quiero ser una nueva Lorena.

Berenice: ¿De verdad? Espero que por tu bien esta vez lo cumplas.

Lorena: Escucha, Berenice, no te puedo negar que sigo enamorada de Juan y no puedo olvidarlo de un día para otro.

Berenice: Entiendo pero…

Lorena: Déjame terminar, por favor. Lo que quiero decirte es que voy a marcharme un tiempo al D.F. con mi hermano Álvaro, a la mansión de la capital. Quiero dejar la hacienda y cambiar de aires.

Berenice: Tal vez eso te venga bien, tienes razón. ¿Vas a ponerte a trabajar?

Lorena: Si te soy sincera, no sé hacer nada, ni freir un huevo… así que… (Conteniendo la risa)

Berenice: No fastidies, bueno mujer, siempre tuvimos servicio en casa pero de ahí a no saber freír un huevo, ya te vale.

Lorena: No te rías, en serio, no sé. Me da miedo. Así que a ver en qué voy a trabajar…

Berenice: ¿Qué te parece para empezar de secretaria en las Bodegas allá en el D.F.?

Lorena: ¿Secretaria yo? Si no sé ni escribir en computadora.

Berenice: Bueno pero algo sabrás, habrás usado internet y esas cosas, vamos digo yo.

Lorena: Sí, mirando las teclas y pulsando de una en una. (Sonríe)

Berenice: Jajajajajaja. (Sonríe)



CARRETERA SANTA VICTORIA-GUAYMAS

Junto a la calzada, en los campos, Daniel y Juan siguen cayéndose a golpes. Justo a la vez aparece un coche procedente de Santa Victoria, son Jéssica y su novio Rodrigo. Dentro del coche ambos platican…



Jéssica: ¿Estás viendo lo mismo que yo, Rodrigo?

Rodrigo: ¡Juan y Daniel! ¡Se están cayendo a trompadas! ¡Para el auto! ¡Para!

La simpática profesora de inglés detiene el carro bruscamente, ambos bajan rápidamente y se acercan a los campos.

Rodrigo: ¡Juan! ¡Daniel! ¡Primo, déjalo! ¡Déjalo ya!

Jéssica: ¡Basta, basta ya! ¡Ay Dios mío, Rodris! ¿Qué hacemos? Estos dos se van a matar.

Pero ni Juan ni Daniel les prestan atención.




Rodrigo: Hay que llamar a la policía… (Sacando su celular del pantalón)

Jéssica: No, mejor no… podría ser peor. Se llevarían a Juan detenido y no le conviene.

Rodrigo: ¿Y entonces que hacemos? No podemos dejarlos así.

Jéssica: Sepáralos.

Rodrigo: ¿Qué, quién, yo? Si claro para que me partan la crisma, ni hablar. Vete tú no te fastidia.

Jéssica: Ay, lo que tiene que hacer una por la gente que quiere, de verdad de verdad…. (Arremangándose la blusa y subiéndose la falda para cruzar un charco)

Ródrigo: ¿Se puede saber que haces?

Jéssica: ¿Tú que crees, mi vida? Voy a pisar uvas que ya es temporada… ¡Voy a separar a esos dos animales de bellota! ¡Bobo!

Rodrigo: Ni se te ocurra… (Sujetándola)

Jéssica: Calla y tú déjame a mí… Ya vas a ver…

Y la divertida Jéssica agarra piedras del campo y comienza a tirárselas a Juan y a Daniel.

Jéssica: ¡Ya valeeeeeeeee!!! ¡Miren que estoy armada! ¡Ustedes verán!

Los dos chicos se detienen y se separan, ambos miran a Jéssica, cansados por la pelea. La profesora con la falda subida ya por encima de las rodillas, incluso se le ve la ropa interior, la joven lleva las piernas llenas de barro. Daniel y Juan la miran y ninguno de los dos puede contener la risa. Juan rompe a reír a carcajadas.

Juan: ¿Jéssica, se puede saber que hacen ustedes acá?

Jéssica: ¿Qué que hago aquí? ¿Qué que hago aquí? Evitar el acabose con ustedes dos, par de neandertales. (Lanzándole una piedra a Juan, él logra esquivarla)

Rodrigo: Jajajjaja.

Juan: ¡Vale, valeee! Entendido.

Jéssica: ¡Y tú! (Mirando a Daniel) Haz el favor de largarte de aquí pero ya… (agarrando una piedra del tamaño de un coco) Mira que te lo digo por las buenas, mijito… (haciendo pesas con la piedra) Mira que bíceps, Rodris… mira.

Daniel: La que faltaba… Estúpida cacatúa.

Jéssica: ¿Qué me has llamao, perdón? (Enojada con la piedra en la mano)

En ese momento Daniel se aleja, sube por la cuneta hacia su auto y en segundos arranca el descapotable para marcharse del lugar. Juan se acerca a sus amigos con la camisa rota y un moretón en la mejilla.

Rodrigo: ¿Pero a quién se le ocurre? Da gracias que pasábamos por aquí nosotros, Daniel podría haberte matado.

Juan: Se lo merecía por desgraciado. Estoy seguro que él fue quien intentó matarme aquella vez y lo del incendio apuesto que también es obra suya.

Jéssica: Si estaba fuera del pueblo… ¿Cómo iba a…?

Juan: Pudo mandar a alguien y estoy empezando a pensar que ese alguien puede ser el falso de Cayetano.

Rodrigo: Deberías denunciarlos a la policía.

Juan: Ya lo hice cuando me disparó, él o quien fuese porque quién intentó matarme fue Daniel.

Jéssica: Ya pero sin pruebas, poco podemos hacer…

Rodrigo: Bueno, vámonos, Jess y yo íbamos camino de Guaymas a ver a Berenice.

Juan: Yo también.

Jéssica: Ni se te ocurra presentarte en el hospi con esas pintas, por favor. Anda, vete a la hacienda, dúchate y cámbiate que pareces un Ecce Hommo.

Rodrigo: ¿Un ecce qué?

Jéssica: ¡Un Cristo!

Juan: Jajajajajaja, estás loca. (Sonríe, los tres caminan hacia los coches)

Jéssica: ¡Calla y tira p’alante! Tira p’alante que te… que te… (Le da un coscorrón en la cabeza a Juan)

Rodrigo: Jajaja, hazle caso, que capaz se quita un zapato y verás tú. No la conoces… (Burlándose)

Juan: Jajajajaja.


HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”

En la cocina de la mansión, Diana conversa con Cayetano, su amante y capataz de la finca.



Cayetano: Tuve que hacerlo, lo siento.

Diana: ¡Eres un idiota! Esos caballos valían miles de pesos. Ahora sólo han quedado cinco y de los más baratos… ¿Qué querías, que nos quedemos sin nada en el testamento del abuelo? ¡IMBÉCIL! (Le suelta una bofetada)

Cayetano: ¡Bueno ya está bien! Déjame hablar y cierra el pico. ¡Viejas! Todas igual de histéricas…

Diana: Más vale que te calles.

Cayetano: Daniel me ofreció una buena lana (dinero) por vender esos caballos. Nos hemos repartido el dinero mitad y mitad, mi chula. Tengo una fortuna en mi cuenta. (Sonríe)

Diana: Yo quería los caballos en la finca, luego ya se vería… Además has destrozado las cuadras. ¿Pero tú eres tonto o que diablos te pasa? Eso no era lo que habíamos acordado.

Cayetano: Llevo años esperando y nada que te divorcias de Fernando, ni siquiera se termina de morir ese viejo maldito. ¿Qué quieres? Que me pase la vida esperando una fortuna que nunca llega.

Diana: Voy a contarle a Berenice que fuiste tú… (Se da la vuelta para irse pero él la detiene tomándola del brazo)

Cayetano: ¿A dónde crees que vas tú preciosa? Tú no vas a decir nada a nadie por la cuenta que te trae. Si yo me hundo, tú te hundes conmigo.

Diana: ¡Suéltame! Está bien, no diré nada pero se acabó de hacerle los trabajitos sucios a Daniel. Encima que jugó con mi hija ahora se cree con derechos a darte órdenes. Te recuerdo que tú trabajas para esta hacienda no para “La Mirandesa”.

Cayetano: Vas a acabar con la vida de Fernando hoy mismo, o de lo contrario seré yo quien le cuente a Berenice y a todo el mundo que fuiste tú quien planeó el accidente del día de la boda. ¿Entendiste?

Diana: ¡No puedo hacer eso! Ya lo intenté una vez y no pude, cuando iba a inyectarle el veneno me interrumpieron en la habitación.

Cayetano: Pues esta vez tú verás como le haces pero quiero a Fernando tres metros bajo tierra y lo quiero ya. ¡Mátalo de una maldita vez!


CIUDAD DE MÉXICO

En una cafetería de la ciudad, Nuria y Álvaro conversan sentados en una terraza.



Álvaro: Debes hablar con Juan, si el niño es suyo tiene que saberlo, Nuria.

Nuria: No puedo, él está con tu hermana, como voy a… ni hablar.

Álvaro: No hay quién te entienda. ¿Y entonces que piensas hacer? ¿Tenerlo tú sola?

Nuria: Ay Álvaro…

Álvaro: Dime la verdad, algo me estás ocultando. Pensé que confiabas en mí.

Nuria: La verdad es que… el bebé no es de Juan. Te mentí.

Álvaro: ¿Qué? ¿Por qué?

Nuria: El padre de mi hijo no es Juan, es otro hombre, pero me daba vergüenza contártelo… Un asqueroso… un… un miserable que me desgració la vida. Me violaron, Álvaro, me violaron. (Avergonzada)

Álvaro: ¿Quéee?


GUAYMAS

HOSPITAL CENTRAL DE GUAYMAS

En la habitación de Berenice y Lorena, alguien toca a la puerta, las dos chicas están en mitad de una animada conversación, risas y ambiente distendido.



Lorena: Así que le dije, “niño, cuando te afeites ese bigote, salgo contigo”

Berenice: Jajajaja. En serio, no me lo puedo creer.

Lorena: A ver… El chico tenía ya 20 años y un mostacho que ni Cantinflas. Era la versión joven de Sergio Goyri.

Berenice: Jajaja.

La puerta del cuarto se abre, es Juan.



Juan: Hola, mi amor. ¿Cómo estás? (Sonríe mirando a Berenice) Hola Lorena, no sabía que compartían habitación. Veo que están muy animadas, eso es bueno.

Lorena: Hola Juan, aquí estamos contándonos chismes de la adolescencia.

Berenice: Hola mi vida. (Sonríe dulce, se dan un beso) ¿Qué te ha pasado en la cara? (Tocándole la mejilla)

Juan: Nada, no es nada, tuve un pequeño pleito con el cretino de Daniel Miranda.

Lorena: Ay Juan, no deberías tratar con ese imbécil. ¿No te hizo nada, verdad?

Juan: Sólo cuatro golpes y ya, me las debía por el intento de homicidio. ¿Recuerdan?

Berenice: Sí, cariño, pero no debiste confrontarlo, prométeme que no volverás a hacer algo así. ¿OK?

Juan: Está bien, te lo prometo. (Se besan) Te amo.

Berenice: Y yo a ti Juan. (Sonríe, se besan de nuevo)

Mientras, Lorena trata de mirar hacia otro lado, hacia la ventana por el dolor que le causa ver a Juan besarse con otra mujer. Acto seguido, Berenice le dice algo a Juan al oído.

Juan: Berenice dice que va a dar un paseo por el pasillo para estirar las piernas. Esta tarde le dan ya el alta.

Berenice: Qué bien, ¿te dijo eso el médico, mi amor? (Levantándose de la cama)

Juan: Sí (Sonríe)

Lorena: Yo creo que también me marcharé entre hoy y mañana. Ya me siento mejor. (con las muñecas vendadas)

Berenice: Bueno chicos… les dejo un rato voy a dar un paseo. Estoy entumecida.

La morena sale de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Juan y Lorena se quedan a solas. El chico se sienta junto a la joven en una silla al lado de la cama.

Juan: Lorena, tenemos que hablar.

Lorena: Por favor Juan… (Rehuyendo la mirada)

Juan: Mírame, por favor.

Lorena: Está bien. (Mirándole)

Juan: Sé que estás arrepentida, Berenice me lo ha dicho ahora.

Lorena: Sí pero yo sigo teniendo sentimientos muy lindos por ti, Juan. Eso no lo puedo evitar.

Juan: Y te comprendo y me halaga, no sabes cuanto me halaga que sientas eso tan bonito por mí pero tú sabes como son las cosas.

Lorena: Yo sé, no te preocupes. Se me pasará… supongo.

Juan: Quiero que sepas que si tu quieres siempre vas a tener un buen amigo en mí, que si necesitas algo, lo que sea, puedes contar conmigo. No quiero que haya rencor entre nosotros.

Lorena: Tú no eres rencoroso, ahora mismo lo estás demostrando al hablar conmigo después de lo que pasó.

Juan: Y tú tampoco, Lorena. Sé que eres buena gente sólo que no encuentras tu sitio. Tú mereces alguien que te quiera, que te valore como mujer, que se enamore de ti, porque estoy seguro que alguien hay para ti.

Lorena: No lo sé, a veces siento que me voy a morir sola… (Triste)

Juan: Eres una chica linda y si cambias tu actitud verás como muchos chicos se van a fijar en ti. Date tiempo.

Lorena: Voy a hablar con mi mamá para irme a vivir al D.F. con Álvaro una buena temporada. Ya le he comentado a mi hermana antes.

Juan: Me parece perfecto. (Sonríe tierno)

Lorena: Te quiero mucho Juan y te deseo lo mejor. Si tú eres feliz yo soy feliz también. (Se le saltan las lágrimas)

Juan: No llores… (Limpiándole las lágrimas con la mano)

Lorena: Hala, ve por Berenice, seguro tienen mucho que platicar. (Sonríe entre lágrimas)

Juan: Mucha suerte Lorena, de verdad. Sé feliz. (Sonríe tierno, se levanta de la silla y se marcha)

En el pasillo, Berenice observa el paisaje urbano por la ventana, en ese instante Juan la sorprende por la espalda besándola en el cuello y abrazándola por la cintura.

Berenice: Mmm…. Juan, aquí no que nos pueden ver.

Juan: Es que te echo mucho de menos…mmm (Con voz mimosa)

Berenice: Apenas he pasado una noche acá en el hospital y ya me echas de menos… qué exagerado que eres hay que ver.

Juan: Mmm…. (Besándola el cuello más y más)

Berenice: Juan que me pones nerviosa… mmm (Sonríe)

Juan: (Al oído) Te extraño, te deseo, te amo….

Ella se da la vuelta y ambos se miran frente a frente.

Berenice: Y yo a ti, mi amor. Te quiero.

Juan: ¿Sabes? Estaba pensando en que podíamos perdernos por ahí en un viajecito solos tu y yo…. ¿Qué le parece señorita?

Berenice: Solos, solitos… mmm, me gusta la idea.

Juan: ¿A dónde le gustaría ir esta vez?

Berenice: Mmm, no sé, no muy lejos que estoy convaleciente… (Burlándose)

Juan: ¿Acapulco? ¿Cancún? ¿China?

Berenice: China dice jajajjaja.

Juan: Oye ¿Y por qué no? (Burlándose)

Berenice: Está muy lejos, no, prefiero algo más cercano pero Acapulco ya lo conozco.

Juan: Pero yo no…

Berenice: Ay Juan, que pesado eres eh. (Sonríe) No hay quien pueda contigo, en serio.

Juan: Anda dame un besito, uno así chiquitico, chiquitico, chiquitico, uno que casi no se note pero que se sienta.

Berenice: ¿Y eso como es? (Conteniendo la risa)

Juan: Mira… (Tomándola de la cintura)

Berenice: Juan que nos van a ver. (Avergonzada)

Juan: Me da igual… (La besa suavemente)

Berenice: ¿Este es uno de esos que dices tú? Ay pero que birria… (Se burla de él adrede)

Juan: Jajajaja. Calla… (Besándola de nuevo con más intensidad)

Berenice: Me ha sabido a poco, tienes que mejorar más… (Burlándose)

Juan: Mmmm a ver ahora… (Besándola otra vez)

Ambos se funden en un romántico y apasionado beso junto a la ventana del pasillo del hospital, mientras a lo lejos ven el mar que baña las costas de la ciudad de Guaymas. Justo en ese momento les interrumpe Oscar, el amigo de Berenice.

Oscar: Buenos días… ¿Qué tal te encuentras Berenice?

Y Juan se le queda mirando muy serio y celoso sin decir nada y Berenice por su parte extrañada por ver a Oscar en el hospital.

CONTINUARÁ…

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