BERENICE
CAPITULO 19: ARREPENTIDA
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”

Las llamas continúan adueñándose de las cuadras. Mientras, en el patio de la hacienda, Juan sin dudarlo un segundo entra en la cuadra de Estela en busca de Berenice. Dentro, el humo hace el aire irrespirable. Juan encuentra a Berenice inconsciente, tirada en el suelo, sobre la paja. La yegua relincha nerviosa y asustada a causa de las llamas que comienzan a destrozar el techo del edificio.

Juan: ¡Berenice! ¡Berenice, mi amor!
El joven se acerca a ella para intentar hacerla reaccionar pero la chica no responde. Juan se desespera por momentos. Acto seguido le da un azote a la yegua y el animal sale de la cuadra rápidamente. Juan toma a Berenice en Brazos para intentar sacarla de ese lugar. Mientras, en el patio frente a las cuadras, Jéssica grita angustiada al mismo tiempo que Rodrigo y los peones de la finca intentan controlar el fuego pero es imposible. En ese momento un camión de bomberos procedente de Guaymas llega a la hacienda. La sirena inunda cada rincón del rancho. Jéssica se acerca al jefe de bomberos.

Jéssica: ¡A buenas horas se presentan! ¡Por favor hagan algo, mi mejor amiga y su novio están ahí dentro!
Bombero1: No se preocupe, señorita, ¡Chicos rápido! ¡No hay tiempo que perder, hay dos personas en el interior!
Jéssica: Ay Dios mío, Dios mío, que no les pase nada por lo que más quiera.
Rodrigo: ¿Todavía no han salido de ahí? Algo tiene que haberle pasado a Juan… (Preocupado)
Bombero2: ¡Más presión! ¡Necesitamos más presión de agua!
Uno de sus compañeros abre la llave de paso del camión al máximo, el fuego devora las cuadras sin piedad. El tejado comienza a derrumbarse a pedazos. Varios bomberos tratan de sofocar el espectacular incendio con sendas mangueras pero no logran extinguir las llamas que cada vez son más virulentas. Cayetano roció de gasolina todo el edificio antes de prenderle fuego. Una ambulancia hace acto de presencia en el patio de la finca en medio de un caos generalizado.
Dentro de la cuadra de Estela, Juan, con su novia en brazos, comienza a toser, el humo, cada vez más intenso, no le deja ver la puerta de salida. Afuera, Jéssica grita de forma desgarradora, mientras su pareja, Rodrigo, la abraza intentando tranquilizarla. Los bomberos trabajan a destajo.
Jéssica: ¡Bereee! ¡Amigaaa! ¡Berenice! ¡Juan!
Rodrigo: Cálmate mi amor, estoy seguro que los van a sacar de ahí, ten fé, por favor.
Una pareja de bomberos se acerca al portón de la cuadra de Estela en busca de Juan y Berenice pero en ese instante el techo de los soportales que recorren el frente del edificio se derrumba. El estruendo es tal que Jéssica se le escapa a Rodrigo de los brazos y corre para intentar sacar a sus amigos de ese infierno.
Rodrigo: ¡Jéssica! ¡Jéssica, no!
Uno de los bomberos consigue detener a la joven. Rodrigo logra alcanzarla y sujetarla para evitar que cometa una locura. La simpática profesora de inglés está desesperada sin noticias de sus amigos.
Jéssica: ¡Hagan algo por el amor de Dios! ¡Se van a morir ahí dentro!
Bombero3: Lo siento señorita, no podemos entrar al edificio, el tejado se está desplomando, sería un suicidio.
Rodrigo: Mi primo y su novia están dentro, tienen que sacarlos, algo tiene que poder hacerse. No pueden dejarlos morir.
Bombero1: Hacemos lo que podemos, señor, no se impacienten y por favor retírense y dejénnos hacer nuestro trabajo, por favor. Es la última vez que se los digo.
Jéssica: Si les pasa algo, yo te juro que me muero Rodrigo, me muero…
Rodrigo: Tranquila, estoy seguro que van a salir con bien de esta. Ya lo verás.
Dentro de la cuadra de Estela, Juan siente que le falta la respiración, el chico siente que se ahoga y sin dejar de toser, tiene que dejar a Berenice de nuevo en el suelo, tendida sobre el lecho de paja.
Juan: ¡Estamos aquí! ¡Ayuda! ¡Ehhh! ¡Aquíii!
En el patio…
Jéssica: ¡Es Juan! ¡Está vivo! (Sonríe)
Rodrigo: ¡Es mi primo! Apúrense por favor. (Abrazando a Jéssica)
Bombero3: No podemos entrar, el portón está en llamas, es imposible cruzar el umbral.
Bombero2: Joven, ¿Existe alguna otra forma de entrar? ¿Una puerta trasera, algo?
Rodrigo: Qué yo sepa no, no sé. ¿Jess?
Jéssica: Ni idea, la verdad. Busquen a ver, tienen que encontrar una manera de sacarlos de ese infierno.
Bombero1: ¡Maldita sea!
Dentro de la cuadra, Juan intenta nuevamente hacer despertar a Berenice pero la morena sigue sin dar señales de vida. El chico, muy preocupado marca su teléfono móvil. En el patio, suena el celular de Jéssica, la joven lo toma de su bolso y…
Jéssica: ¡Es Juan!
Rodrigo: ¡Contesta!
Jéssica: ¡Juan! ¿Estás bien? ¿Cómo está Bere?
Juan: Esta inconsciente (tose), necesitamos salir de aquí pero no puedo cruzar el portón. Se ha caído todo el tejado de los soportales.
Jéssica: ¡Sí, sí! Ya hemos visto. No te preocupes, te vamos a sacar de ahí, les vamos a sacar a los dos.
Rodrigo: ¿Qué te dice mi primo?
Jéssica: Está bien pero Berenice ha perdido el conocimiento.
Rodrigo: Pásamelo, dame el celular Jess. (al móvil) ¡Juan! ¡Juan, soy Rodrigo!
Juan: ¡Rodrigo, sí dime!
Rodrigo: Los bomberos no pueden entrar, tienes que intentar buscar una salida por la parte de atrás del edificio.
Juan: Aquí no hay nada (tosiendo) ¡No hay más puertas! Esto es una maldita ratonera.
Rodrigo: Escúchame Juan, es imposible que os saquen por el frente, todos los soportales se han venido abajo, la madera sigue ardiendo, todas las cuadras están igual. Tienen que salir de ahí como sea.
Juan: Maldita sea… (tosiendo, la llamada se corta)
Rodrigo: ¿Juan? ¿Me escuchas Juan?
Jéssica: ¿Qué pasa Rodris?
Rodrigo: ¡Carajo, se ha cortado! (Preocupado)
GUAYMAS, SONORA
HOSPITAL CENTRAL DE GUAYMAS
En la habitación donde está ingresada Lorena, la rubia se encuentra a solas. La joven mira por la ventana pensando en Juan. A su mente se vienen imágenes a modo de flash-back de cuando se conocieron en la piscina de la hacienda de Daniel tiempo atrás, de sus encuentros en la hacienda de Berenice y de otros momentos compartidos. Lorena rompe a llorar desconsolada y es que la chica está muy enamorada.

Lorena: Mi amor… qué estarás haciendo ahora Juan… Te echo tanto de menos…
La chica toma una pequeña libreta de la mesilla y se pone a dibujar corazones con el nombre de Juan en su interior. Lorena, en un mar de lágrimas no se imagina que el chico está a punto de morir en un terrible incendio provocado por Cayetano e ideado por el maquiavélico de Daniel Miranda.
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”

Dentro de la cuadra de Estela, Juan se desespera cada vez más. El humo es insoportable pero justo cuando todas las esperanzas parecen haberse perdido, Juan encuentra la manera de salir del edificio. A fuerza de varias patadas contra el tablón de madera que separa una cuadra de otra, Juan logra derribarlo y abrir una vía de escape. En ese instante el chico carga de nuevo a Berenice en brazos y cruza al otro lado. Juan mira a todos lados tratando de buscar una salida. En la cuadra contigua existe una puerta que da a la parte de atrás del cobertizo. Juan, con su novia en brazos, consigue salir. Los bomberos acuden en su ayuda. El chico sigue tosiendo pero está bien, sin embargo Berenice continúa sin conocimiento. Juan comienza a hacerle la reanimación cardiopulmonar a Berenice.

Juan: ¡Vamos, mi amor! ¡Reacciona! (Presionándole el pecho, vuelve a unir su boca a la de la joven)
Bombero: ¡Necesitamos un médico, rápido! ¿Se encuentra usted bien, joven?
Juan: Sí, sí… (tosiendo) pero ella no, no reacciona, por favor hagan algo. (Preocupado, sigue tratando de reanimarla sin éxito)
Los sanitarios se personan en el lugar.
Juan: ¡Ayuda por favor! ¡Mi novia necesita ayuda!
Médico: ¡Por favor, dejen paso! (Auscultando a Berenice) Está viva, está viva, tranquilos.
Juan: ¿De verdad? (Sonríe)
Médico: Sí, pero ha inhalado mucho humo, hay que llevarla al hospital de Guaymas enseguida.
Sin pensarlo un segundo, dos enfermeros cargan a Berenice en una camilla. La joven permanece inconsciente, como muerta, sus constantes vitales son muy débiles. En ese momento Rodrigo y Jéssica llegan junto a Juan. Ambos abrazan al joven pero Juan sólo tiene sus pensamientos en Berenice.

Jéssica: ¡Juan, qué milagro que estés bien! ¿Y mi amiga? ¿Cómo está Bere?
Juan: Se la llevan a Guaymas en esa ambulancia.
Rodrigo: ¡Venga, vamos, yo les llevo en mi coche!
Los tres se suben al auto de Rodrigo, siguiendo el camino de la ambulancia. Dentro del vehículo sanitario, el médico trata de hacer que Berenice vuelva en sí. La chica tiene puesto oxígeno pero aun así continúa inerte.
PUEBLO DE SANTA VICTORIA

En casa de Cayetano, el villano conversa por teléfono con Daniel quien se encuentra en Phoenix, Estados Unidos, cenando en un restaurante en compañía de una atractiva y explosiva rubia norteamericana.

Daniel: ¿Qué pasó Cayetano? Lograste cumplir con nuestros planes, supongo.
Cayetano: Así es patrón, todo salió perfecto. Logré sacar los caballos de la hacienda en un camión cuando no había nadie, no sospechan del robo todavía.
Daniel: ¿Quemaste las cuadras como te dije?
Cayetano: Claro don Daniel, a estas horas deben estar consumidas por las llamas, jajaja.
Daniel: Perfecto… (Sonríe con malicia, mientras pierde su mirada en el escote de la rubia joven)
GUAYMAS

HOSPITAL CENTRAL DE GUAYMAS
En la habitación donde descansa Lorena, la chica es visitada nuevamente por su madre, Diana.

Diana: Hola cariño, ¿Cómo estás? Espero estés más animada.
Lorena: Ojala pudiera estarlo mamá, la verdad, no tengo ganas de nada. (Mirando hacia la ventana)
Diana: Ay hija, tienes que comer algo, así no puedes estar. No has probado nada de la cena. (Mirando la bandeja intacta sobre la mesilla)
Lorena: No tengo hambre, lo siento.
Diana: Tienes que alimentarte bien para recuperarte pronto. Estoy harta de pasarme la vida en este hospital.
Lorena: ¿Por qué lo dices?
Diana: ¿Por qué diablos va a ser? Tengo que fingir ser una esposa fiel y abnegada y venir casi a diario a ver al imbécil de Fernando que para nuestra desgracia sigue en coma.
Lorena: ¿Por qué le insultas así? Se supone que es tu marido.
Diana: Ay hija, de veras pareces tonta… parece mentira que con la edad que tienes y los años que llevo casada con Fernando y todavía no te hayas dado cuenta.
Lorena: No entiendo… ¿Darme cuenta de qué? ¿De qué hablas, mamá?
Diana: Yo no siento nada por Fernando, nunca lo he sentido. Me casé con él sólo por su dinero pero mal rayo y no se murió en aquel accidente...
Lorena: ¿Pero tú te estás oyendo? No puedo creer que seas tan insensible y tan…
Diana: Ya cállate, lo hice por ustedes, por ti y por tu hermano. Si tienes la vida de lujos que vives es gracias a mí.
Lorena: Sí pero...
Diana: Pero nada, tú deberías haber hecho lo mismo con Daniel cuando tuviste la oportunidad. Pero no… te lo dejaste quitar por la estúpida de Berenice y luego para terminarla de amolar vas y te enamoras de un muerto de hambre.
Lorena: No empieces otra vez con lo mismo. Daniel se burló de mí, me utilizó como si fuera una prostituta barata.
En ese momento, su madre le pega una sonora bofetada. Y es que las palabras de Lorena la hacen recordar su pasado como meretriz, cuando era joven.
Lorena: ¿Por qué me pegas? ¿Estás loca o que demonios te pasa ahora?
Diana: ¡Cállate! Si me hubieras hecho caso ahora serías la esposa de un millonario como Daniel Miranda y juntas seríamos dueñas de las dos haciendas pero como eres tan idiota y tan inmadura no supiste aprovechar lo que se te ponía en bandeja.
Lorena: Yo nunca amé a Daniel, jamás me casaría con nadie por dinero. No soy como tú.
Diana: Pues con esa mente de niña romántica e ingenua no vas a llegar a ser nada en la vida.
Lorena: Para ser como tú, no gracias…
Diana: Eres una estúpida, pero ya verás cuando el naco ese de Juan se case con Berenice la que va a llorar eres tú y todo por fijarte en un marginal, un peón cuidador de caballos.
Lorena: Yo amo a Juan, lo amo y ni tú ni nadie me va a hacer cambiar lo que siento por él. ¿Entendiste?
Diana: Juan no es el hombre que te conviene y menos ahora que ya te dijo que no le interesas, si hasta se atrevió a despreciarte. ¿O ya te has olvidado?
Lorena: Claro que no lo he olvidado pero no eso no quita que le siga queriendo.
Diana: Está visto que es imposible hacerte razonar… no hay manera. Te has emperrado con ese miserable y..
Lorena: ¡No le digas así! (Enojada) No le conoces para juzgarle.
Diana: Lo suficiente para darme cuenta que no es para ti, no tiene educación, estudios, qué porvenir ibas a tener con él, por favor, hija, por favor… Tú mereces algo mejor.
Lorena: El dinero no lo es todo en la vida, mamá. Juan es tierno, es sincero, es buena persona, es diferente de los demás chicos que he conocido.
Diana: Te dejo porque me aburre está conversación, sigue enamorada de ese patán y veremos. Por lo pronto la semana que viene vas a comenzar a ir a un psicólogo. Ya tu hermano te pidió cita.
Lorena: Está bien, está bien, si eso es lo que quieres y te quedas más tranquila iré.
Diana: Más te vale, no quiero ser la comidilla del pueblo de nuevo por tus ataques de locura e histeria. Me marcho, te veo mañana en la mañana. (Besándola en la mejilla pero Lorena vuelve la cara)
Lorena: OK, hasta mañana. (Muy seria)
Mientras su madre cierra la puerta del dormitorio, Lorena se queda pensativa. La joven comienza a pensar que tras aquel fatal accidente el día de la fallida boda de Berenice con Daniel, se puede encontrar la mano negra de su propia madre.
En las puertas del hospital Diana, quien ya va de salida, se encuentra de frente con Juan, Jéssica y Rodrigo quienes llegan al centro sanitario para conocer el estado de Berenice. La morena ya ha sido ingresada en el área de urgencias.

Diana: Vaya, vaya, pero mira quienes tenemos acá, Dios los cría y ellos se juntan… qué pequeño que es el mundo, por favor.
Jéssica: Deja ya el sarcasmo. No estamos para tonterías, Diana, tenemos prisa. Así que… con permiso…
Diana: ¿Y a donde van tan apurados? ¿Qué te pasó Juan? ¿Saliste de un incendio? Tremenda facha que llevas, mijito…
Juan: Mire, señora… (Desafiante) Le acaba de decir Jéssica que se quite de en medio. Así que o se retira o la saco yo a la fuerza. ¿Estamos? (Serio)
Rodrigo: Cálmate Juan, no la hagas caso, siempre tan sangrona y desagradable la tipa esta
Diana: Perdona, contigo no estaba hablando, no hablo con nacos marginales… (con desprecio) Y tú, panaderito…
Juan: Me llamo Juan, señora, JU-AN.
Diana: La próxima vez que te dirijas a mí, me dices doña Diana. ¿Entendiste? Para ti soy doña Diana.
Jessica: Ay vámonos, la verdad ya no la soporto… que tipa más pedante y engreída.
Diana: Pues anda que a tú bonita… no se ni como tienes novio, por que con esa pinta de marimacho que te gastas… (Burlándose)
Jessica: ¡A mi no me falte al respeto porque la vamos a tener eh! Usted es la culpable de que mi amiga esté entre la vida y la muerte.
Diana: ¿Se puede saber de que me hablas? ¿Qué dices?
Juan: Hubo un incendio en la hacienda y Berenice fue ingresada en este hospital. Venimos a ver como está. Así que si nos permite, no tenemos más nada que hablar con usted.
Diana: Primera noticia que tengo, no sabía nada…
Rodrigo: Hágase la tonta ahora, eso sí, para lo que le conviene. Estoy seguro que usted tuvo algo que ver con el incendio de las cuadras y el robo de caballos.
Diana: Si… ¿Y que más? Mira muchachito eso que estás diciendo lo vas a tener que probar porque de lo contrario voy a ponerte una denuncia por difamación que tus nietos le van a deber dinero a los míos. ¿Está claro? (Desafiante)
Juan: No me extrañaría nada que usted esté metida en esto… y más ahora que la conozco bien. Usted fue la que planeó aquel engaño en el pueblo.
Diana: No sé de qué me estás hablando.
Juan: ¿Ah no? Qué pronto se le olvidó. Usted y la loca de su hija Lorena planearon que un chico besara a Berenice para que yo lo viera y así poder separarme de ella. Así que ahora no dudo que también esto sea obra suya. De personas como usted se puede esperar cualquier cosa.
Diana: ¡Yo no soy una asesina! Ni siquiera sabía lo de ese incendio del que tanto hablan, llevo todo el día en este maldito hospital cuidando de mi hija.
Jéssica: Le juro por lo más sagrado que si llegamos a descubrir que ustedes están detrás de lo que pasó hoy en la hacienda, no les va a llegar la vida para pagarlo, desgraciada.
Diana: ¡Tú a mí no me insultas, estúpida! (Alzándole la mano a Jéssica)
En ese momento Juan la toma del brazo impidiéndoselo.
Juan: La próxima vez que se atreva a ponernos un dedo encima a cualquiera de nosotros, me voy a olvidar de que es una mujer. ¿ENTENDIÓ? (Desafiante)
Diana: Naco… miserable, panadero de cuarta… (Enojada)
Jéssica: Más vale que te calles víbora.
Diana: ¡Contigo no estoy hablando, travestona!
Jéssica: ¡CÁLLATE! (Le suelta una cachetada a Diana, escuchamos música incidental) Esto por todo lo que le has hecho a mi amiga. (Pegándole otra bofetada) ¡Y esto por llamarme travestona!
Rodrigo: ¡Jéssica! (Sujetándola)
Rodrigo y Juan se miran perplejos y sonríen, Jéssica acaba de poner en su lugar a Diana. Los tres amigos la dejan con la palabra en la boca y entran en el hospital. Mientras, Diana, dolida por el bofetón e indignada y enojada por tal acusación se marcha hacia el parking en busca de su coche. La villana sube a tu auto rumbo al pueblo de Santa Victoria.
CIUDAD DE MÉXICO

En casa de Nuria, la joven no puede dormir. La chica da vueltas en su cama sin poder pegar ojo y es que hay algo que está quitándole el sueño desde hace sólo unas horas.

Nuria: No… no puede ser… no, no puedo decir la verdad.
En ese momento suena su celular. Nuria lo toma de la mesilla de noche y contesta la llamada.
Nuria: ¿Bueno? (Extrañada, por las horas)
Álvaro: Soy yo, Nuria, Álvaro.
Nuria: Álvaro… (sonríe) ¿Cómo estás? ¿Ya llegaste al DF?
Álvaro: Si, estoy en el aeropuerto, ya voy a tomar un taxi para la casa. Sólo quería saber como estabas.
Nuria: Bueno… la verdad… no muy bien.
Álvaro: ¿Y eso? ¿Te ocurre algo? Te noto rara la voz. ¿Qué te pasa?
Nuria: Nada, no te preocupes… no me pasa nada, solo que… (Mirando hacia la mesilla)
Álvaro: Si quieres me paso por tu casa y platicamos un poco.
Nuria: No… no… que mis padres están ya dormidos y además es tardísimo. Mejor mañana en la empresa. ¿Sí?
Álvaro: Está bien, como tú quieras…
Nuria: OK, nos vemos mañana en la mañana. ¿Sale?
Álvaro: De acuerdo, bueno pues que descanses y disculpa por molestarte a estas horas.
Nuria: No pasa nada, no te preocupes. Hasta mañana. Besos.
Álvaro: Hasta mañana…
En el aeropuerto, Álvaro se queda pensando en la extraña actitud de Nuria. Mientras, en su casa, la joven no para de darle vueltas a la cabeza a algo que la tiene muy, muy preocupada. ¿El qué?
GUAYMAS

HOSPITAL CENTRAL DE GUAYMAS
Juan platica con uno de los doctores en el centro hospitalario de la ciudad, mientras, Rodrigo y Jéssica cenan algo en la cafetería de la clínica.

Doctor: No se preocupe, su novia está fuera de peligro. Logramos estabilizarla y seguramente en un par de días podrá regresar a su casa.
Juan: Qué bueno, doctor (Sonríe) Gracias. ¿Cuándo podré pasar a verla?
Doctor: Mañana por la mañana. Acabamos de subirla a planta, es mejor que descanse y ya mañana podrá recibir visitas.
Juan: Está bien, gracias de nuevo.
El chico se marcha a la cafetería para contarle la noticia a Jéssica y Rodrigo. Poco después los tres deciden regresar a Santa Victoria para pasar la noche.
Mientras, Berenice descansa en su cama, en la habitación del hospital donde comparte cuarto casualmente con su hermanastra Lorena. Las dos chicas no se hablan, una cortina las separa. Berenice intenta dormir pero Lorena no puede pegar ojo. La rubia le habla desde su cama.

Lorena: Siento mucho lo que te pasó, Berenice. Parece que ambas teníamos que volver a encontrarnos en estas circunstancias.
Berenice: Perdóname Lorena pero prefiero no hablar, quiero descansar. Me duele la cabeza.
Lorena: Por favor, Berenice, escúchame, sólo te pido eso. Dame unos minutos y luego apagaré la luz.
Berenice: Está bien, te escucho…
Ambas chicas, separadas por la citada cortina, reposan en sus respectivas camas. Lorena reanuda la conversación.
Lorena: Todo el mundo piensa que estoy loca, por lo que hice pero… la verdad es que…
Berenice: Estás enamorada de Juan.
Lorena: Sí, Berenice. Lo siento, sé que es tu novio que le quieres, que él te quiere pero… no puedo sacarlo de mi corazón. No puedo…
Berenice: ¿Y que esperas que te diga? ¿Qué haga como que no pasa nada? Lorena… tu madre y tú planearon un engaño para separarnos. Eso no se me olvida.
Lorena: Todo fue idea de mi mamá… yo… estoy muy arrepentida. De verdad, créeme.
Berenice: Si tú lo dices… Ya no sé si confiar en ti.
Lorena: Es cierto que nunca nos hemos llevado bien desde que mi mamá se casó con tu papá pero… me gustaría poder hacer las paces.
Berenice: Mira Lorena, creo que es mejor que lo dejemos por hoy. No quiero hablar más de esto.
Lorena: Por favor, Berenice… dame una oportunidad.
Berenice: Mañana hablamos, sí. Ahora voy a dormir…
Lorena: Está bien, hasta mañana… (Apagando la luz)
AL DÍA SIGUIENTE
CIUDAD DE MÉXICO

BODEGAS “CASTILLA-ALCARAZ”
En su despacho, Álvaro revisa unos documentos mientras coteja los datos en la pantalla de su computador. Casi al mismo tiempo tocan a la puerta, es Nuria, su secretaria y ahora amiga.

Nuria: Buenos días joven Álvaro.
Álvaro: Hola Nuria… y no me digas joven Álvaro, te dije que me tutearas.
Nuria: Si, yo sé pero acá en la empresa prefiero dirigirme así, no vayan a pensar por ahí que…
Álvaro: No te preocupes por eso. Bueno, dime, ¿Estás hoy mejor? Anoche me dejaste muy preocupado.
Nuria: Ay Álvaro… es que no sé si contarte esto. Ni siquiera mis padres lo saben todavía y no sé como se lo van a tomar.
Álvaro: ¿Saber el qué?
Nuria: Es que… bueno yo…
Álvaro: ¿Qué te ocurre? Sabes que puedes confiar en mí. ¿Somos amigos, no?
Nuria: Sí, claro…
Álvaro: ¿Y entonces?
Nuria: Estoy embarazada, Álvaro.
Álvaro: ¿Qué? (Levantándose de la silla) ¿Cómo así? Pero si tu y yo nunca hemos…
Nuria: Es… es de Juan.
El chico se queda sin palabras, sin saber que decir ante tal confesión. Nuria está embarazada sí, pero no de Juan, con quién nunca tuvo intimidad, sino de Cayetano. El bebé que espera es fruto de aquella violación sufrida en Santa Victoria tiempo atrás, pero Nuria prefiere ocultar a todo el mundo la verdad.
CARRETERA SANTA VICTORIA-GUAYMAS
Daniel ha regresado de nuevo a México, el villano viaja en su auto. Daniel se dirige a su finca, la hacienda “La Mirandesa”. No muy lejos, en la misma carretera, Juan maneja su camioneta rumbo a Guaymas para ver a Berenice. Juan divisa el coche de Daniel y lo reconoce, acto seguido se dispone a seguirle para enfrentarlo por el intento de asesinato que sufrió semanas antes en aquel disparo ejecutado por Cayetano pero ordenado por Daniel.

Juan acelera el auto para intentar alcanzar el elegante y lujoso descapotable rojo que maneja Daniel Miranda. El villano le ve llegar a través del retrovisor y pisa a fondo el acelerador para ganar ventaja. Juan, muy serio y enojado conduce con rapidez. Ambos protagonizan una persecución automovilística en toda regla.
CONTINUARÁ…
CAPITULO 19: ARREPENTIDA
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”
Las llamas continúan adueñándose de las cuadras. Mientras, en el patio de la hacienda, Juan sin dudarlo un segundo entra en la cuadra de Estela en busca de Berenice. Dentro, el humo hace el aire irrespirable. Juan encuentra a Berenice inconsciente, tirada en el suelo, sobre la paja. La yegua relincha nerviosa y asustada a causa de las llamas que comienzan a destrozar el techo del edificio.
Juan: ¡Berenice! ¡Berenice, mi amor!
El joven se acerca a ella para intentar hacerla reaccionar pero la chica no responde. Juan se desespera por momentos. Acto seguido le da un azote a la yegua y el animal sale de la cuadra rápidamente. Juan toma a Berenice en Brazos para intentar sacarla de ese lugar. Mientras, en el patio frente a las cuadras, Jéssica grita angustiada al mismo tiempo que Rodrigo y los peones de la finca intentan controlar el fuego pero es imposible. En ese momento un camión de bomberos procedente de Guaymas llega a la hacienda. La sirena inunda cada rincón del rancho. Jéssica se acerca al jefe de bomberos.
Jéssica: ¡A buenas horas se presentan! ¡Por favor hagan algo, mi mejor amiga y su novio están ahí dentro!
Bombero1: No se preocupe, señorita, ¡Chicos rápido! ¡No hay tiempo que perder, hay dos personas en el interior!
Jéssica: Ay Dios mío, Dios mío, que no les pase nada por lo que más quiera.
Rodrigo: ¿Todavía no han salido de ahí? Algo tiene que haberle pasado a Juan… (Preocupado)
Bombero2: ¡Más presión! ¡Necesitamos más presión de agua!
Uno de sus compañeros abre la llave de paso del camión al máximo, el fuego devora las cuadras sin piedad. El tejado comienza a derrumbarse a pedazos. Varios bomberos tratan de sofocar el espectacular incendio con sendas mangueras pero no logran extinguir las llamas que cada vez son más virulentas. Cayetano roció de gasolina todo el edificio antes de prenderle fuego. Una ambulancia hace acto de presencia en el patio de la finca en medio de un caos generalizado.
Dentro de la cuadra de Estela, Juan, con su novia en brazos, comienza a toser, el humo, cada vez más intenso, no le deja ver la puerta de salida. Afuera, Jéssica grita de forma desgarradora, mientras su pareja, Rodrigo, la abraza intentando tranquilizarla. Los bomberos trabajan a destajo.
Jéssica: ¡Bereee! ¡Amigaaa! ¡Berenice! ¡Juan!
Rodrigo: Cálmate mi amor, estoy seguro que los van a sacar de ahí, ten fé, por favor.
Una pareja de bomberos se acerca al portón de la cuadra de Estela en busca de Juan y Berenice pero en ese instante el techo de los soportales que recorren el frente del edificio se derrumba. El estruendo es tal que Jéssica se le escapa a Rodrigo de los brazos y corre para intentar sacar a sus amigos de ese infierno.
Rodrigo: ¡Jéssica! ¡Jéssica, no!
Uno de los bomberos consigue detener a la joven. Rodrigo logra alcanzarla y sujetarla para evitar que cometa una locura. La simpática profesora de inglés está desesperada sin noticias de sus amigos.
Jéssica: ¡Hagan algo por el amor de Dios! ¡Se van a morir ahí dentro!
Bombero3: Lo siento señorita, no podemos entrar al edificio, el tejado se está desplomando, sería un suicidio.
Rodrigo: Mi primo y su novia están dentro, tienen que sacarlos, algo tiene que poder hacerse. No pueden dejarlos morir.
Bombero1: Hacemos lo que podemos, señor, no se impacienten y por favor retírense y dejénnos hacer nuestro trabajo, por favor. Es la última vez que se los digo.
Jéssica: Si les pasa algo, yo te juro que me muero Rodrigo, me muero…
Rodrigo: Tranquila, estoy seguro que van a salir con bien de esta. Ya lo verás.
Dentro de la cuadra de Estela, Juan siente que le falta la respiración, el chico siente que se ahoga y sin dejar de toser, tiene que dejar a Berenice de nuevo en el suelo, tendida sobre el lecho de paja.
Juan: ¡Estamos aquí! ¡Ayuda! ¡Ehhh! ¡Aquíii!
En el patio…
Jéssica: ¡Es Juan! ¡Está vivo! (Sonríe)
Rodrigo: ¡Es mi primo! Apúrense por favor. (Abrazando a Jéssica)
Bombero3: No podemos entrar, el portón está en llamas, es imposible cruzar el umbral.
Bombero2: Joven, ¿Existe alguna otra forma de entrar? ¿Una puerta trasera, algo?
Rodrigo: Qué yo sepa no, no sé. ¿Jess?
Jéssica: Ni idea, la verdad. Busquen a ver, tienen que encontrar una manera de sacarlos de ese infierno.
Bombero1: ¡Maldita sea!
Dentro de la cuadra, Juan intenta nuevamente hacer despertar a Berenice pero la morena sigue sin dar señales de vida. El chico, muy preocupado marca su teléfono móvil. En el patio, suena el celular de Jéssica, la joven lo toma de su bolso y…
Jéssica: ¡Es Juan!
Rodrigo: ¡Contesta!
Jéssica: ¡Juan! ¿Estás bien? ¿Cómo está Bere?
Juan: Esta inconsciente (tose), necesitamos salir de aquí pero no puedo cruzar el portón. Se ha caído todo el tejado de los soportales.
Jéssica: ¡Sí, sí! Ya hemos visto. No te preocupes, te vamos a sacar de ahí, les vamos a sacar a los dos.
Rodrigo: ¿Qué te dice mi primo?
Jéssica: Está bien pero Berenice ha perdido el conocimiento.
Rodrigo: Pásamelo, dame el celular Jess. (al móvil) ¡Juan! ¡Juan, soy Rodrigo!
Juan: ¡Rodrigo, sí dime!
Rodrigo: Los bomberos no pueden entrar, tienes que intentar buscar una salida por la parte de atrás del edificio.
Juan: Aquí no hay nada (tosiendo) ¡No hay más puertas! Esto es una maldita ratonera.
Rodrigo: Escúchame Juan, es imposible que os saquen por el frente, todos los soportales se han venido abajo, la madera sigue ardiendo, todas las cuadras están igual. Tienen que salir de ahí como sea.
Juan: Maldita sea… (tosiendo, la llamada se corta)
Rodrigo: ¿Juan? ¿Me escuchas Juan?
Jéssica: ¿Qué pasa Rodris?
Rodrigo: ¡Carajo, se ha cortado! (Preocupado)
GUAYMAS, SONORA
HOSPITAL CENTRAL DE GUAYMAS
En la habitación donde está ingresada Lorena, la rubia se encuentra a solas. La joven mira por la ventana pensando en Juan. A su mente se vienen imágenes a modo de flash-back de cuando se conocieron en la piscina de la hacienda de Daniel tiempo atrás, de sus encuentros en la hacienda de Berenice y de otros momentos compartidos. Lorena rompe a llorar desconsolada y es que la chica está muy enamorada.
Lorena: Mi amor… qué estarás haciendo ahora Juan… Te echo tanto de menos…
La chica toma una pequeña libreta de la mesilla y se pone a dibujar corazones con el nombre de Juan en su interior. Lorena, en un mar de lágrimas no se imagina que el chico está a punto de morir en un terrible incendio provocado por Cayetano e ideado por el maquiavélico de Daniel Miranda.
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”
Dentro de la cuadra de Estela, Juan se desespera cada vez más. El humo es insoportable pero justo cuando todas las esperanzas parecen haberse perdido, Juan encuentra la manera de salir del edificio. A fuerza de varias patadas contra el tablón de madera que separa una cuadra de otra, Juan logra derribarlo y abrir una vía de escape. En ese instante el chico carga de nuevo a Berenice en brazos y cruza al otro lado. Juan mira a todos lados tratando de buscar una salida. En la cuadra contigua existe una puerta que da a la parte de atrás del cobertizo. Juan, con su novia en brazos, consigue salir. Los bomberos acuden en su ayuda. El chico sigue tosiendo pero está bien, sin embargo Berenice continúa sin conocimiento. Juan comienza a hacerle la reanimación cardiopulmonar a Berenice.
Juan: ¡Vamos, mi amor! ¡Reacciona! (Presionándole el pecho, vuelve a unir su boca a la de la joven)
Bombero: ¡Necesitamos un médico, rápido! ¿Se encuentra usted bien, joven?
Juan: Sí, sí… (tosiendo) pero ella no, no reacciona, por favor hagan algo. (Preocupado, sigue tratando de reanimarla sin éxito)
Los sanitarios se personan en el lugar.
Juan: ¡Ayuda por favor! ¡Mi novia necesita ayuda!
Médico: ¡Por favor, dejen paso! (Auscultando a Berenice) Está viva, está viva, tranquilos.
Juan: ¿De verdad? (Sonríe)
Médico: Sí, pero ha inhalado mucho humo, hay que llevarla al hospital de Guaymas enseguida.
Sin pensarlo un segundo, dos enfermeros cargan a Berenice en una camilla. La joven permanece inconsciente, como muerta, sus constantes vitales son muy débiles. En ese momento Rodrigo y Jéssica llegan junto a Juan. Ambos abrazan al joven pero Juan sólo tiene sus pensamientos en Berenice.
Jéssica: ¡Juan, qué milagro que estés bien! ¿Y mi amiga? ¿Cómo está Bere?
Juan: Se la llevan a Guaymas en esa ambulancia.
Rodrigo: ¡Venga, vamos, yo les llevo en mi coche!
Los tres se suben al auto de Rodrigo, siguiendo el camino de la ambulancia. Dentro del vehículo sanitario, el médico trata de hacer que Berenice vuelva en sí. La chica tiene puesto oxígeno pero aun así continúa inerte.
PUEBLO DE SANTA VICTORIA
En casa de Cayetano, el villano conversa por teléfono con Daniel quien se encuentra en Phoenix, Estados Unidos, cenando en un restaurante en compañía de una atractiva y explosiva rubia norteamericana.
Daniel: ¿Qué pasó Cayetano? Lograste cumplir con nuestros planes, supongo.
Cayetano: Así es patrón, todo salió perfecto. Logré sacar los caballos de la hacienda en un camión cuando no había nadie, no sospechan del robo todavía.
Daniel: ¿Quemaste las cuadras como te dije?
Cayetano: Claro don Daniel, a estas horas deben estar consumidas por las llamas, jajaja.
Daniel: Perfecto… (Sonríe con malicia, mientras pierde su mirada en el escote de la rubia joven)
GUAYMAS
HOSPITAL CENTRAL DE GUAYMAS
En la habitación donde descansa Lorena, la chica es visitada nuevamente por su madre, Diana.
Diana: Hola cariño, ¿Cómo estás? Espero estés más animada.
Lorena: Ojala pudiera estarlo mamá, la verdad, no tengo ganas de nada. (Mirando hacia la ventana)
Diana: Ay hija, tienes que comer algo, así no puedes estar. No has probado nada de la cena. (Mirando la bandeja intacta sobre la mesilla)
Lorena: No tengo hambre, lo siento.
Diana: Tienes que alimentarte bien para recuperarte pronto. Estoy harta de pasarme la vida en este hospital.
Lorena: ¿Por qué lo dices?
Diana: ¿Por qué diablos va a ser? Tengo que fingir ser una esposa fiel y abnegada y venir casi a diario a ver al imbécil de Fernando que para nuestra desgracia sigue en coma.
Lorena: ¿Por qué le insultas así? Se supone que es tu marido.
Diana: Ay hija, de veras pareces tonta… parece mentira que con la edad que tienes y los años que llevo casada con Fernando y todavía no te hayas dado cuenta.
Lorena: No entiendo… ¿Darme cuenta de qué? ¿De qué hablas, mamá?
Diana: Yo no siento nada por Fernando, nunca lo he sentido. Me casé con él sólo por su dinero pero mal rayo y no se murió en aquel accidente...
Lorena: ¿Pero tú te estás oyendo? No puedo creer que seas tan insensible y tan…
Diana: Ya cállate, lo hice por ustedes, por ti y por tu hermano. Si tienes la vida de lujos que vives es gracias a mí.
Lorena: Sí pero...
Diana: Pero nada, tú deberías haber hecho lo mismo con Daniel cuando tuviste la oportunidad. Pero no… te lo dejaste quitar por la estúpida de Berenice y luego para terminarla de amolar vas y te enamoras de un muerto de hambre.
Lorena: No empieces otra vez con lo mismo. Daniel se burló de mí, me utilizó como si fuera una prostituta barata.
En ese momento, su madre le pega una sonora bofetada. Y es que las palabras de Lorena la hacen recordar su pasado como meretriz, cuando era joven.
Lorena: ¿Por qué me pegas? ¿Estás loca o que demonios te pasa ahora?
Diana: ¡Cállate! Si me hubieras hecho caso ahora serías la esposa de un millonario como Daniel Miranda y juntas seríamos dueñas de las dos haciendas pero como eres tan idiota y tan inmadura no supiste aprovechar lo que se te ponía en bandeja.
Lorena: Yo nunca amé a Daniel, jamás me casaría con nadie por dinero. No soy como tú.
Diana: Pues con esa mente de niña romántica e ingenua no vas a llegar a ser nada en la vida.
Lorena: Para ser como tú, no gracias…
Diana: Eres una estúpida, pero ya verás cuando el naco ese de Juan se case con Berenice la que va a llorar eres tú y todo por fijarte en un marginal, un peón cuidador de caballos.
Lorena: Yo amo a Juan, lo amo y ni tú ni nadie me va a hacer cambiar lo que siento por él. ¿Entendiste?
Diana: Juan no es el hombre que te conviene y menos ahora que ya te dijo que no le interesas, si hasta se atrevió a despreciarte. ¿O ya te has olvidado?
Lorena: Claro que no lo he olvidado pero no eso no quita que le siga queriendo.
Diana: Está visto que es imposible hacerte razonar… no hay manera. Te has emperrado con ese miserable y..
Lorena: ¡No le digas así! (Enojada) No le conoces para juzgarle.
Diana: Lo suficiente para darme cuenta que no es para ti, no tiene educación, estudios, qué porvenir ibas a tener con él, por favor, hija, por favor… Tú mereces algo mejor.
Lorena: El dinero no lo es todo en la vida, mamá. Juan es tierno, es sincero, es buena persona, es diferente de los demás chicos que he conocido.
Diana: Te dejo porque me aburre está conversación, sigue enamorada de ese patán y veremos. Por lo pronto la semana que viene vas a comenzar a ir a un psicólogo. Ya tu hermano te pidió cita.
Lorena: Está bien, está bien, si eso es lo que quieres y te quedas más tranquila iré.
Diana: Más te vale, no quiero ser la comidilla del pueblo de nuevo por tus ataques de locura e histeria. Me marcho, te veo mañana en la mañana. (Besándola en la mejilla pero Lorena vuelve la cara)
Lorena: OK, hasta mañana. (Muy seria)
Mientras su madre cierra la puerta del dormitorio, Lorena se queda pensativa. La joven comienza a pensar que tras aquel fatal accidente el día de la fallida boda de Berenice con Daniel, se puede encontrar la mano negra de su propia madre.
En las puertas del hospital Diana, quien ya va de salida, se encuentra de frente con Juan, Jéssica y Rodrigo quienes llegan al centro sanitario para conocer el estado de Berenice. La morena ya ha sido ingresada en el área de urgencias.
Diana: Vaya, vaya, pero mira quienes tenemos acá, Dios los cría y ellos se juntan… qué pequeño que es el mundo, por favor.
Jéssica: Deja ya el sarcasmo. No estamos para tonterías, Diana, tenemos prisa. Así que… con permiso…
Diana: ¿Y a donde van tan apurados? ¿Qué te pasó Juan? ¿Saliste de un incendio? Tremenda facha que llevas, mijito…
Juan: Mire, señora… (Desafiante) Le acaba de decir Jéssica que se quite de en medio. Así que o se retira o la saco yo a la fuerza. ¿Estamos? (Serio)
Rodrigo: Cálmate Juan, no la hagas caso, siempre tan sangrona y desagradable la tipa esta
Diana: Perdona, contigo no estaba hablando, no hablo con nacos marginales… (con desprecio) Y tú, panaderito…
Juan: Me llamo Juan, señora, JU-AN.
Diana: La próxima vez que te dirijas a mí, me dices doña Diana. ¿Entendiste? Para ti soy doña Diana.
Jessica: Ay vámonos, la verdad ya no la soporto… que tipa más pedante y engreída.
Diana: Pues anda que a tú bonita… no se ni como tienes novio, por que con esa pinta de marimacho que te gastas… (Burlándose)
Jessica: ¡A mi no me falte al respeto porque la vamos a tener eh! Usted es la culpable de que mi amiga esté entre la vida y la muerte.
Diana: ¿Se puede saber de que me hablas? ¿Qué dices?
Juan: Hubo un incendio en la hacienda y Berenice fue ingresada en este hospital. Venimos a ver como está. Así que si nos permite, no tenemos más nada que hablar con usted.
Diana: Primera noticia que tengo, no sabía nada…
Rodrigo: Hágase la tonta ahora, eso sí, para lo que le conviene. Estoy seguro que usted tuvo algo que ver con el incendio de las cuadras y el robo de caballos.
Diana: Si… ¿Y que más? Mira muchachito eso que estás diciendo lo vas a tener que probar porque de lo contrario voy a ponerte una denuncia por difamación que tus nietos le van a deber dinero a los míos. ¿Está claro? (Desafiante)
Juan: No me extrañaría nada que usted esté metida en esto… y más ahora que la conozco bien. Usted fue la que planeó aquel engaño en el pueblo.
Diana: No sé de qué me estás hablando.
Juan: ¿Ah no? Qué pronto se le olvidó. Usted y la loca de su hija Lorena planearon que un chico besara a Berenice para que yo lo viera y así poder separarme de ella. Así que ahora no dudo que también esto sea obra suya. De personas como usted se puede esperar cualquier cosa.
Diana: ¡Yo no soy una asesina! Ni siquiera sabía lo de ese incendio del que tanto hablan, llevo todo el día en este maldito hospital cuidando de mi hija.
Jéssica: Le juro por lo más sagrado que si llegamos a descubrir que ustedes están detrás de lo que pasó hoy en la hacienda, no les va a llegar la vida para pagarlo, desgraciada.
Diana: ¡Tú a mí no me insultas, estúpida! (Alzándole la mano a Jéssica)
En ese momento Juan la toma del brazo impidiéndoselo.
Juan: La próxima vez que se atreva a ponernos un dedo encima a cualquiera de nosotros, me voy a olvidar de que es una mujer. ¿ENTENDIÓ? (Desafiante)
Diana: Naco… miserable, panadero de cuarta… (Enojada)
Jéssica: Más vale que te calles víbora.
Diana: ¡Contigo no estoy hablando, travestona!
Jéssica: ¡CÁLLATE! (Le suelta una cachetada a Diana, escuchamos música incidental) Esto por todo lo que le has hecho a mi amiga. (Pegándole otra bofetada) ¡Y esto por llamarme travestona!
Rodrigo: ¡Jéssica! (Sujetándola)
Rodrigo y Juan se miran perplejos y sonríen, Jéssica acaba de poner en su lugar a Diana. Los tres amigos la dejan con la palabra en la boca y entran en el hospital. Mientras, Diana, dolida por el bofetón e indignada y enojada por tal acusación se marcha hacia el parking en busca de su coche. La villana sube a tu auto rumbo al pueblo de Santa Victoria.
CIUDAD DE MÉXICO
En casa de Nuria, la joven no puede dormir. La chica da vueltas en su cama sin poder pegar ojo y es que hay algo que está quitándole el sueño desde hace sólo unas horas.
Nuria: No… no puede ser… no, no puedo decir la verdad.
En ese momento suena su celular. Nuria lo toma de la mesilla de noche y contesta la llamada.
Nuria: ¿Bueno? (Extrañada, por las horas)
Álvaro: Soy yo, Nuria, Álvaro.
Nuria: Álvaro… (sonríe) ¿Cómo estás? ¿Ya llegaste al DF?
Álvaro: Si, estoy en el aeropuerto, ya voy a tomar un taxi para la casa. Sólo quería saber como estabas.
Nuria: Bueno… la verdad… no muy bien.
Álvaro: ¿Y eso? ¿Te ocurre algo? Te noto rara la voz. ¿Qué te pasa?
Nuria: Nada, no te preocupes… no me pasa nada, solo que… (Mirando hacia la mesilla)
Álvaro: Si quieres me paso por tu casa y platicamos un poco.
Nuria: No… no… que mis padres están ya dormidos y además es tardísimo. Mejor mañana en la empresa. ¿Sí?
Álvaro: Está bien, como tú quieras…
Nuria: OK, nos vemos mañana en la mañana. ¿Sale?
Álvaro: De acuerdo, bueno pues que descanses y disculpa por molestarte a estas horas.
Nuria: No pasa nada, no te preocupes. Hasta mañana. Besos.
Álvaro: Hasta mañana…
En el aeropuerto, Álvaro se queda pensando en la extraña actitud de Nuria. Mientras, en su casa, la joven no para de darle vueltas a la cabeza a algo que la tiene muy, muy preocupada. ¿El qué?
GUAYMAS
HOSPITAL CENTRAL DE GUAYMAS
Juan platica con uno de los doctores en el centro hospitalario de la ciudad, mientras, Rodrigo y Jéssica cenan algo en la cafetería de la clínica.
Doctor: No se preocupe, su novia está fuera de peligro. Logramos estabilizarla y seguramente en un par de días podrá regresar a su casa.
Juan: Qué bueno, doctor (Sonríe) Gracias. ¿Cuándo podré pasar a verla?
Doctor: Mañana por la mañana. Acabamos de subirla a planta, es mejor que descanse y ya mañana podrá recibir visitas.
Juan: Está bien, gracias de nuevo.
El chico se marcha a la cafetería para contarle la noticia a Jéssica y Rodrigo. Poco después los tres deciden regresar a Santa Victoria para pasar la noche.
Mientras, Berenice descansa en su cama, en la habitación del hospital donde comparte cuarto casualmente con su hermanastra Lorena. Las dos chicas no se hablan, una cortina las separa. Berenice intenta dormir pero Lorena no puede pegar ojo. La rubia le habla desde su cama.
Lorena: Siento mucho lo que te pasó, Berenice. Parece que ambas teníamos que volver a encontrarnos en estas circunstancias.
Berenice: Perdóname Lorena pero prefiero no hablar, quiero descansar. Me duele la cabeza.
Lorena: Por favor, Berenice, escúchame, sólo te pido eso. Dame unos minutos y luego apagaré la luz.
Berenice: Está bien, te escucho…
Ambas chicas, separadas por la citada cortina, reposan en sus respectivas camas. Lorena reanuda la conversación.
Lorena: Todo el mundo piensa que estoy loca, por lo que hice pero… la verdad es que…
Berenice: Estás enamorada de Juan.
Lorena: Sí, Berenice. Lo siento, sé que es tu novio que le quieres, que él te quiere pero… no puedo sacarlo de mi corazón. No puedo…
Berenice: ¿Y que esperas que te diga? ¿Qué haga como que no pasa nada? Lorena… tu madre y tú planearon un engaño para separarnos. Eso no se me olvida.
Lorena: Todo fue idea de mi mamá… yo… estoy muy arrepentida. De verdad, créeme.
Berenice: Si tú lo dices… Ya no sé si confiar en ti.
Lorena: Es cierto que nunca nos hemos llevado bien desde que mi mamá se casó con tu papá pero… me gustaría poder hacer las paces.
Berenice: Mira Lorena, creo que es mejor que lo dejemos por hoy. No quiero hablar más de esto.
Lorena: Por favor, Berenice… dame una oportunidad.
Berenice: Mañana hablamos, sí. Ahora voy a dormir…
Lorena: Está bien, hasta mañana… (Apagando la luz)
AL DÍA SIGUIENTE
CIUDAD DE MÉXICO
BODEGAS “CASTILLA-ALCARAZ”
En su despacho, Álvaro revisa unos documentos mientras coteja los datos en la pantalla de su computador. Casi al mismo tiempo tocan a la puerta, es Nuria, su secretaria y ahora amiga.
Nuria: Buenos días joven Álvaro.
Álvaro: Hola Nuria… y no me digas joven Álvaro, te dije que me tutearas.
Nuria: Si, yo sé pero acá en la empresa prefiero dirigirme así, no vayan a pensar por ahí que…
Álvaro: No te preocupes por eso. Bueno, dime, ¿Estás hoy mejor? Anoche me dejaste muy preocupado.
Nuria: Ay Álvaro… es que no sé si contarte esto. Ni siquiera mis padres lo saben todavía y no sé como se lo van a tomar.
Álvaro: ¿Saber el qué?
Nuria: Es que… bueno yo…
Álvaro: ¿Qué te ocurre? Sabes que puedes confiar en mí. ¿Somos amigos, no?
Nuria: Sí, claro…
Álvaro: ¿Y entonces?
Nuria: Estoy embarazada, Álvaro.
Álvaro: ¿Qué? (Levantándose de la silla) ¿Cómo así? Pero si tu y yo nunca hemos…
Nuria: Es… es de Juan.
El chico se queda sin palabras, sin saber que decir ante tal confesión. Nuria está embarazada sí, pero no de Juan, con quién nunca tuvo intimidad, sino de Cayetano. El bebé que espera es fruto de aquella violación sufrida en Santa Victoria tiempo atrás, pero Nuria prefiere ocultar a todo el mundo la verdad.
CARRETERA SANTA VICTORIA-GUAYMAS
Daniel ha regresado de nuevo a México, el villano viaja en su auto. Daniel se dirige a su finca, la hacienda “La Mirandesa”. No muy lejos, en la misma carretera, Juan maneja su camioneta rumbo a Guaymas para ver a Berenice. Juan divisa el coche de Daniel y lo reconoce, acto seguido se dispone a seguirle para enfrentarlo por el intento de asesinato que sufrió semanas antes en aquel disparo ejecutado por Cayetano pero ordenado por Daniel.
Juan acelera el auto para intentar alcanzar el elegante y lujoso descapotable rojo que maneja Daniel Miranda. El villano le ve llegar a través del retrovisor y pisa a fondo el acelerador para ganar ventaja. Juan, muy serio y enojado conduce con rapidez. Ambos protagonizan una persecución automovilística en toda regla.
CONTINUARÁ…
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