lunes, 25 de junio de 2012

Capítulo 3: Angustia



BERENICE

CAPITULO 3: ANGUSTIA


HACIENDA CASTILLA-ALCARAZ, SONORA
 


En el patio de cuadras de la hacienda, Nico le cuenta a Juan algo que le deja sorprendido y sin palabras.



Juan: ¿Quéee? ¿Cómo que Berenice no llegó a la iglesia? ¿Pero qué estás diciendo, Nico?

Nicolás: Carolina acaba de llamarme por teléfono, parece ser que el carro donde iban Berenice, don Fernando y el abuelo se salió de la carretera antes de llegar al pueblo.

Juan: ¡No! ¡No puede ser cierto! (Llevándose las manos a la cabeza) ¡Nooo!

Nicolás: Tranquilízate Juan, calma. Carolina me dijo que trasladaron a Berenice y a su padre en dos ambulancias hacia Guaymas. A esta hora ya deben estar allá.

Juan: ¿Y su abuelo? ¿Qué pasó con don Esteban? No me digas que….

Nicolás: Sí, desgraciadamente don Esteban murió en el accidente… cuando llegó la cruz roja ya estaba muerto… Carolina esta destrozada… (Triste)

Juan: ¿Qué? ¿Don Esteban se murió? Esto parece una pesadilla… (Preocupado) Si le pasa algo a Berenice…

Nicolás: Te gusta mucho esa chica verdad, ¿Verdad?

Juan: Más de lo que creía…(Nervioso, siente que le falta el aire) No me siento bien Nico… siento algo aquí… (se toca el pecho)

Nicolás: ¿Qué te ocurre Juan? ¿Estás bien? (Preocupado)

El pobre Juan siente que no puede respirar, siente que se ahoga. Es un ataque de ansiedad.

Nicolás: Cálmate Juan, tranquilo… Siéntate. (Juan se sienta sobre una paca de paja)

Juan: (Angustiado) Si le pasa a algo a esa chava te juro que me muero, no podría perdonarme el haberla tratado así el otro día… Dios, fui un imbécil, un orgulloso, un inmaduro… (Arrepentido)

Nicolás: A ver Juan, respira hondo y serénate ¿Ok? Creo que lo mejor que puedes hacer es ir a verla al hospital, tal vez así te quedes más tranquilo. Estoy seguro de que está bien, ya verás como no le va a pasar nada, hombre.

Juan: ¿Y si pasa? (Angustiado) Tienes razón, es mejor que vaya a verla cuanto antes, no puedo estar todo el día así sin saber nada de Berenice. (Se levanta y se va)

Nicolás: ¡Pero espera Juan! ¿A dónde vas? Espera y yo te llevo al pueblo...

Pero Juan le deja con la palabra en la boca. Mientras Nico se le queda mirando, preocupado, Juan sale corriendo a toda prisa de la hacienda.


GUAYMAS, SONORA


HOSPITAL CENTRAL DE GUAYMAS

En la sala de espera del centro sanitario, doña Abigail discute con Diana en presencia de Jessica.



Abigail: Estoy segura que detrás de este accidente hay una mano negra que quiere destruir a mi familia, pero no se lo voy a permitir… (Mirando a Diana con desprecio)

Jessica: ¿Una mano negra? ¿Acaso es que sospecha de alguien doña Abigail? (Sorprendida)

Diana: Ay, por favor, dejen de decir tonterías, fue un accidente, nadie tuvo la culpa. Seguramente el coche tenía algún problema y Fernando no pudo…

Abigail: ¡Tu te callas! (Furiosa) Que aquí nadie te ha dado vela en este entierro. No tengo pruebas pero te juro por Dios que si llego a descubrir que tú estás detrás de todo esto no te la vas a acabar… (Desafiante) Como le llegue a pasar algo mi hijo y a mi nieta…

Diana: ¿Pero qué dice? ¿Se ha vuelto loca o qué? ¿Cómo yo iba a querer matar a mi marido? Está desvariando, no sabe lo que dice.

Jessica: Por favor Diana, doña Abigail, no es lugar para pelear… estamos en un hospital por el amor de Dios.

Diana: Ella es la que ha empezado, siempre me ha odiado y este era el motivo perfecto para desquitarse en mi contra. No es más que una vieja chiflada.

En ese preciso momento, doña Abigail pierde los nervios y ante la mirada de Jessica le suelta una fortísima y sonora cachetada a Diana. La rubia vuelve el rostro dolida por el brutal golpe. Escuchamos música incidental.

Abigail: (Rabiosa) ¡ASESINA!

La abuela de Berenice se abalanza contra Diana para ahorcarla con sus propias manos, Jessica tiene que intervenir para separarlas. La situación es de extrema tensión.

Jessica: ¡Doña Abigail! (Sujetándola)

Abigail: ¡Déjame Jessica, suéltame que la mato, la matooo! ¡Maldita sea la hora en que mi hijo puso los ojos en ti!

Diana: Qué espectáculo más bochornoso, por favor… pero qué vergüenza…

La pobre Jessica intenta sujetar a doña Abigail para impedir una nueva agresión. Diana sonríe con maldad, ha conseguido que su suegra quede como una loca para desacreditarla delante de todo el mundo.


PUEBLO DE SANTA VICTORIA


En la plaza del pueblo, Juan se encuentra pensativo y preocupado por Berenice. Sentado a uno de los bancos de los verdes y frondosos jardines de la villa, Juan no se percata de que Nuria llega y le sorprende por la espalda.



Nuria: ¡Hola guapetón! (Sonríe dulce)

Juan: (Volteando de repente la cabeza) ¡Nuria! ¡Dios que susto me has dado! ¡No hagas eso!

Nuria: Perdona… (Triste) Lo siento, sólo quería darte una sorpresa. Salía de la frutería y te ví aquí sentado. ¿Estás bien?

Juan: No…

Nuria: (Sentándose en el banco con él) ¿Qué te pasa Juan? Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea… No estés triste…

Juan: Estoy preocupado por una persona que conozco… Esta mañana tuvo un accidente de coche y está ingresada en el hospital…

Nuria: ¿En Hermosillo?

Juan: No, en Guaymas.

Nuria: ¿Y por qué no vas a verla?

Juan: Mi camioneta está en el taller y hasta mañana no me la tendrán lista, pero no puedo esperar tanto… (Triste y preocupado, pensando en Berenice)

Nuria: Lo siento Juan, pero no te preocupes, puedes irte en autobús, creo que dentro de media hora sale uno de la central camionera del pueblo, es el último de la tarde, si te apuras lo agarras. (Sonríe)

Juan: ¿En serio? (Sonríe)

Nuria: Si, no te preocupes. Verás como podrás llegar a tiempo para ver a esa persona.

Juan: Gracias Nuria, eres una verdadera amiga.

Nuria: (Triste) Lo sé…

Juan: ¿Qué te pasa? ¿Por qué cambiaste la cara? ¿Dije algo malo?

Nuria: No, claro que no… sólo que… Ay Juan, hay algo que llevo queriendo decirte desde hace tiempo y no sé por donde empezar, la verdad.

Juan: ¿El qué? (Intuyendo lo que Nuria le va a responder y recordando las palabras de Nico)

Nuria: Yo sé que has sufrido mucho por aquella novia que te dejó y que no te quieres volver a enamorar y todo eso pero…

Juan: ¿Pero…?

Nuria: Me gustas, Juan.

Juan: ¿Qué? (Sorprendido)

Nuria: Siempre me has gustado, y yo… yo sería tan feliz si me dieras una oportunidad si…

Juan: Nuria….

Nuria: No digas nada por favor. Soy una tonta, no sé que estoy haciendo…. Creo que es mejor que me vaya… (Se le saltan las lágrimas y se levanta de su asiento)

Juan: No te vayas (Levantándose del banco tambien) Por favor Nuria, no me hagas esto…

Nuria: ¿Hacerte qué? Yo te quiero Juan, te quiero mucho… (Llora)

Juan: Y yo a ti tambien te quiero pero…

Nuria: Pero no de la misma manera… ¿Verdad?

Juan: Es que jamás pensé que tú… que yo… Yo si te quiero, te quiero como lo que eres, como mi mejor amiga…

Nuria: Pero yo a ti te amo, Juan. (Llorando) ¿Por qué no me das una oportunidad? ¿Acaso tan fea me ves? ¿No te gusto ni tantito?

Juan: No es eso Nuria, eres preciosa, eres una chava muy linda pero yo… Tú sabes que en el corazón no se manda. Que más quisiera yo que corresponder a todo ese amor que dices tenerme… (Se emociona y las lágrimas comienzan a llenar sus ojos)

Nuria: No llores por favor, no me gusta verte llorar… (Sonríe mientras llora al mismo tiempo que él)

Juan: Estoy seguro de que en algún sitio hay un chavo para ti, esperándote. Ya lo verás…

Nuria: Nadie igual que tú… nunca conoceré a un chico tan noble, tan tierno y tan bueno como tú…

Juan: Nuria… (Emocionado, la da un fuerte abrazo)

Nuria: Por favor, perdóname… (Llorando) Creo que mejor me voy ya para mi casa, ¿sí? Se me hace tarde...

Juan: No llores, por favor. (Tomándola del rostro con ambas manos, Juan y Nuria se miran a los ojos)

Nuria: No te preocupes… se me pasará… (Sonríe tímidamente). Y ahora vete, el camión (Bus) está por salir. Vas a perderlo si sigues aquí conmigo.

Juan: OK, está bien, pero antes, prométeme una cosa.

Nuria: Sí, díme…

Juan: Qué siempre vamos a ser amigos. (Sonríe)

Nuria: No me pidas eso, no ahora, Juan, por favor…

Juan: ¿Ya no quieres ser mi amiga? (Sorprendido)

Nuria: No es eso, es que… no sé si voy a poder verte así… Creo que es mejor que nos distanciemos un tiempo…

Juan: Bueno… está bien, si eso es lo que quieres…

Nuria: ¡Y ahora vete, que vas a perder el autobús! ¡menso!

Juan: (Sonríe) ¡Ok, me voy ya, sargento! (Se ríe) Cuídate mucho.

Nuria: Y tú también… (Mirándole triste y abatida mientras Juan se aleja)


SALAMANCA, ESPAÑA


En el departamento de doña Octavia, la tía de Berenice, conversa por teléfono con su hermana doña Abigail que está en la cafetería del hospital de Guaymas, en México. Abigail, sentada a una de las mesas mientras se toma una tila para calmar los nervios y la ansiedad, platica con su hermana Octavia.



Octavia: ¿Pero qué dices Abigail? ¿Cómo que tuvieron un accidente? ¡Ay dios mío, díos mío! El mismo día de la boda tiene que ocurrirnos esta tragedia tan grande…(Se le saltan las lágrimas)

Abigail: Todavía no sabemos nada ni de ella ni de Fernando. Los médicos todavía no nos han dicho nada. La verdad es que estoy muy preocupada…

Octavia: ¿Y Esteban? No me has dicho nada de tu esposo, hermana. ¿Cómo se encuentra?

Abigail: Esteban murió, Octavia… (Triste y tratando de contener el llanto)

Octavia: ¿Quéee? ¿Cómo así? Esto no puede ser verdad, parece una pesadilla…

Abigail: Todavía no sé como se lo voy a decir a mi hijo y a mi nieta…

Octavia: Por favor, Abigail, mantenme informada de todo cuanto ocurra en ese hospital, quiero saber pronto de Berenice y de Fernando. Si se da el caso te juro que soy capaz de agarrarme el primer vuelo que salga para México.

Abigail: No Octavia, es mejor que por ahora no salgas de España. Debemos esperar a ver que nos dicen los médicos. Ahora te dejo, voy a ver si hay noticias o algo, estoy muy nerviosa.

Octavia: Está bien, hablamos más tarde. Chao hermana.

Abigail: Chao… (Ambas cuelgan los teléfonos móviles)


GUAYMAS, SONORA


HOSPITAL CENTRAL DE GUAYMAS

Juan llega al centro hospitalario caminando desde la estación de autobuses de la capital. Acaba de llegar desde Santa Victoria en autobús, casi con lo puesto. Juan, entra en el hospital y pregunta por Berenice en recepción.



Juan: Por favor, quería preguntar por una paciente, Berenice Castilla-Alcaraz, la ingresaron esta mañana en urgencias.

Chica: Un momento, por favor… (Consultando en su ordenador)

Mientras la joven revisa la base de datos en su computadora, Juan mira a todos lados. Un intenso ajetreo de personas, enfermos y personal sanitario abarrotan el hospital a esa hora de la tarde.

Chica: Sí, aquí está. Todavía sigue en urgencias.

Juan: ¿Todavía? ¿Tan mal está? Dígame la verdad, por favor… (Preocupado)

Chica: No puedo decirle más, joven. No dispongo de esa información. Creo que es mejor que vaya a la sala de espera y quizá más tarde pueda decirle algo, si quiere.

Juan: Está bien, muchas gracias… (Se marcha)


PUEBLO DE SANTA VICTORIA


En casa de Nicolás, el mejor amigo de Juan charla con su novia Carolina, la prima de Berenice. La pareja conversa, mientras están sentados en el sofá de la humilde vivienda.



Nicolás: ¿Y por qué no has ido tú también a Guaymas?

Carolina: Doña Abigail me dijo que era mejor que me quedara acá, si puedes llevarme de regreso a la hacienda te lo agradecería mucho, Nicolás, estoy muy nerviosa…

Nicolás: Pero allá te vas a sentir muy sola, hasta que sepas algo de tu prima. ¿Todavía no hay noticias de ellos? ¿No sabes nada?

Carolina: Jessica quedó en llamarme por teléfono en cuanto tuviera noticias pero todavía son las horas que nada…

Nicolás: Ojala estén bien…

Carolina: Sí, eso espero…Berenice es como una hermana para mí. Además mi tío Fernando y el abuelo siempre han sido muy buenos conmigo. Voy a extrañar mucho a don Esteban.

Nicolás: Lo sé, mi amor. (Acariciándola la cara con ternura)

Carolina: Nico, hay algo que quiero decirte pero… no se si es el mejor momento…

Nicolás: ¿De qué se trata, Carolina?

Carolina: Es que… es que…

Nicolás: ¿Qué pasa mi amor? Me estás preocupando.

Carolina: Estoy embarazada…

Nicolás: ¿Quéee?


GUAYMAS


HOSPITAL CENTRAL DE GUAYMAS

Han pasado dos horas y Juan sigue sin saber nada de la chica que tanto le gusta. El joven siente que se desespera por momentos y acude nuevamente a recepción, pero en ese momento se choca casi de frente con Daniel, el novio de Berenice.



Juan: Hola, don Daniel.

Daniel: Hola… ¿Qué haces tú acá, Juan? No me digas que tú también tienes un familiar ingresado en este hospital…

Juan: No, vine por Berenice…

Daniel: ¿Por Berenice? (Celoso) ¿Y qué tienes tú que ver con mi novia? No entiendo.

Juan: Es que… el día que la conocí en la hacienda, discutimos porque la mojé de agua mientras lavaba el carro de la boda y bueno… yo… yo quería saber como estaba. Me siento muy arrepentido por aquella pelea tan tonta con la señorita…

Daniel: Podías haber llamado por teléfono a su abuela doña Abigail, no era necesario que vinieras hasta acá. Ya estamos todos los que debemos estar. Esto es un asunto familiar. Creo que es mejor que te vayas.

Juan: Pero señor Daniel…

Daniel: He dicho que es mejor que te marches. Cuando sepamos algo de mi novia y de su padre, yo mismo le diré a Jessica que te llame si quieres.

Juan: ¿En serio? (Sonríe ingenuo)

Daniel: Sí, dime tu número y yo se lo paso a ella en cuanto la vea. Creo que está en la cafetería con Diana, la esposa de Fernando.

Juan: Ok… deme un minuto y enseguida regreso.

El joven se marcha hacia la recepción del hospital para pedir papel y bolígrafo. Juan anota su teléfono celular en un pequeño trozo de papel. Acto seguido regresa y se lo entrega a Daniel.

Juan: Tome, de veras que muchas gracias. Dígale a Berenice que estuve aquí, por favor. Espero que no sea nada y se ponga bien pronto.

Daniel: (Tomando el papel) Ok, no te preocupes, yo le digo… Ve tranquilo…

Juan: Gracias don Daniel. Y ahora si ya me voy.

Daniel: Hasta luego, Juan… (Mirándolo con desprecio y celos)

El pobre Juan se marcha del hospital, en ese momento Daniel hace un puño con el trozo de papel y lo lanza al piso. Juan se aleja por los pasillos del centro sanitario mientras Daniel le observa con rabia en su mirada. Su semblante se torna a uno más serio.

Daniel: ¿Pero tú quien te has creído que eres, naco miserable? Así que preocupado por Berenice… Estúpido muerto de hambre…

Justo en ese momento aparece Lorena, la hermanastra de Berenice.



Lorena: Hola Daniel, ¿qué? ¿Sabes algo de mi “hermanita”?

Daniel: No, todavía no sabemos nada. Llevamos horas esperando noticias y nada que nos dicen. Ya estoy harto de estar en este maldito hospital.

Lorena: ¿Y mi mamá, donde anda? ¿La has visto?

Daniel: Creo que está en al cafetería hablando con la tonta esa de Jessica. Según parece la vieja de Abigail y ella tuvieron un agarrón esta tarde en la sala de espera…

Lorena: ¡No me digas! ¿Y eso, por qué?

Daniel: No lo sé, ni me interesa, fue lo que le escuche a esa momia mientras hablaba con Jessica hace un rato en los pasillos.

Lorena: ¿Qué pasó con don Esteban? ¿También lo ingresaron?

Daniel: El viejo murió, Lorena, murió… (Sonríe)

Lorena: ¿Quéee? (Sorprendida, no da crédito a lo que acaba de escuchar)

Casi al mismo tiempo aparecen doña Abigail y Jessica, seguidas no muy lejos por Diana. Toda la familia se reune en la sala de espera del hospital. En ese instante, un médico se acerca a ellos…



Doctor: ¿Familiares de Fernando y Berenice Castilla-Alcaraz, por favor?

Daniel: Sí, nosotros.

Abigail: Dígame doctor, cómo están mi hijo y mi nieta. Estamos muy preocupados.

Doctor: La señorita Berenice se encuentra fuera de peligro, afortunadamente sólo ha sufrido heridas leves y algunas contusiones pero nada grave. Ahora bien…

Diana: ¿Y mi marido? ¿Cómo está Fernando? (Pensando: Maldita Berenice, tiene más vidas que un gato la condenada)

Doctor: Desgraciadamente tengo que comunicarles que don Fernando…

Abigail: ¿Qué le pasó a mi hijo, doctor? ¡Hable por favor!

Doctor: Su hijo está muy grave, señora, tratamos de estabilizarle pero lamento decirles que… don Fernando entró en coma hace media hora.

Abigail: ¿Quéee?

Diana: ¡Ay Dios santo! ¡No puede ser! ¡Fernando! ¡Fernando! (Fingiendo dolor)

Jessica: ¡Cálmese Diana, tranquila por favor!

Diana: ¿Cómo diablos quieres que me calme con lo que nos acaban de decir? ¿Cómo?

Jessica: Voy a llamar por teléfono a Carolina, tiene que saber todo lo que está pasando aquí… (Marchándose, se aleja de los demás)

Daniel: Doctor, ¿sabe si la policía ya ha averiguado las causas del accidente?

Doctor: No lo sé, la verdad. Creo que deberían contactar ustedes mismos con ellos para conocer esa información.

Abigail: El día que se supone iba a ser una fiesta para toda la familia y se ha convertido en una tragedia… Dios, Dios bendito, ¿por qué nos haces esto, por qué a nosotros? (Mirando al cielo)

Diana: Creo que lo mejor es que vayamos ya al hotel a descansar, acá no hacemos nada.

Doctor: Sí, es lo mejor, con que se quede uno de ustedes por si surge alguna complicación o imprevisto será suficiente.

Abigail: Yo me quedo, no pienso dejar solos a mi hijo y a mi nieta toda la noche. Ustedes hagan lo que les venga en gana. (Mirando con desprecio a Diana)

Diana: Vámonos Daniel, mañana a primera hora estaremos aquí. Cualquier cosa, ya sabe donde encontrarnos.

Daniel: Hasta mañana, doña Abigail.

Abigail: Adios…

Mientras Daniel y Diana se marchan al hotel para descansar, Jessica reaparece de nuevo en escena. En la sala de espera doña Abigail, muy preocupada no puede contener el llanto y a pesar de ser una mujer fuerte y de carácter, termina por derrumbarse rompiendo a llorar. En ese momento Jessica la sorprende.

Jessica: Doña Abigail… ¿Se encuentra bien?

Abigail: Jessica, hija… Abrázame por favor… (Se abrazan)

Jessica: No haga caso de esa Diana… es una estúpida.

Abigail: ¿Tu ves normal que mi hijo y mi nieta estén entre la vida y la muerte y ellos se larguen así, sin más?

Jessica: Sinceramente, yo siempre he pensado que Daniel no ama a Berenice…

Abigail: Ahora si que no me cabe la menor duda, Jessica. Ese desgraciado sólo se quiere casar con mi nieta por el dinero, estoy segura.

Jessica: Pero Daniel tiene mucha plata, ¿Para qué iba a hacer algo así?

Abigail: No lo sé, pero hay algo que no me gusta en todo esto. Mañana mismo hablaré con la policía y les diré lo que pienso sobre el accidente.

Jessica: ¿Sigue creyendo que Diana esta detrás de esto?

Abigail: No lo sé, no estoy segura, no tengo pruebas pero hay algo que me dice que esa mujer no es trigo limpio.

En la habitación donde está ingresada Berenice, la joven duerme y descansa en la cama. Berenice está sedada pero el efecto de los calmantes no le impide soñar con alguien muy especial, Juan.



Berenice: (Soñando) ¡Eres un inepto! ¡Pero mira como me has puesto!

Juan: ¡Perdón, perdón! (Apagando la manguera) ¿Es usted la señorita Berenice? ¿La nieta de doña Abigail? (Mirándola de arriba abajo embobado)

En sueños Berenice habla sola, recordando a Juan, el chico que tanto detesta pero que a la vez tanto le gusta. La joven sigue soñando con él, a su mente vienen imágenes de Juan a modo de flash-back.  Y es que del odio al amor dicen que sólo hay un paso. ¿Será esto cierto?


ESTACION DE AUTOBUSES DE GUAYMAS

Ya está anocheciendo, Juan se dispone a regresar al pueblo de Santa Victoria. El joven se acerca a las taquillas para comprar su boleto de autobús.



Justo cuando Juan se dispone a sacar su cartera para ir a por el pasaje, un desconocido se le acerca rápidamente y de manera inesperada le roba la cartera con el poco dinero que Juan llevaba dentro. El ladrón sale corriendo a toda prisa entre la multitud de gente que a esa hora de la noche llena la estación. Los últimos autobuses del día están por salir.

Juan: ¡Eh! ¡Al ladrón! (Corriendo detrás del delincuente) ¡Agárrenlo, me ha quitado la cartera!

Dos guardias de seguridad salen tras el maleante pero ya es demasiado tarde. El ladrón escapa de la central camionera. Juan se sienta en un banco, preocupado. Se ha quedado sin un solo peso y no tiene medios para regresar a su pueblo. La noche cae sobre Guaymas y con ella una oscura tiniebla de inseguridad. Juan no sabe que hacer, se siente impotente. En ese momento el chico decide marcar con su celular a su madre doña María que está en su casita de Santa Victoria, viendo su novela favorita como cada noche.



María: ¿Bueno?

Juan: ¡Mamá! ¡Mamá, soy yo!

María: Hijo, me tenías muy preocupada, ¿Dónde estás?

Juan: En Guaymas mamá, estoy en la central camionera.

María: ¿En Guaymas y que haces tú allá, Juan? (Extrañada)

Juan: Vine esta tarde porque la nieta de mi patrona tuvo un accidente de tráfico y quería verla y saber como estaba pero no se me hizo por más que lo intenté.

María: Pero mijo, ya es muy tarde… es mejor que te regreses ya para el pueblo. Ya otro día si quieres vas a ver a esa chica.

Juan: Es que… es que me robaron mamá, me acaba de quitar la cartera con todo el dinero y no puedo comprar el boleto de autobús. (Preocupado) No sé que hacer…

María: ¿Pero qué dices hijo? ¿Cómo así que te robaron? (Asustada) ¿Pero tú estás bien cariño? ¿No te hicieron daño, verdad? (Preocupada)

Juan: No, tranquila mamá, yo estoy bien… no te preocupes, solo que no tengo ni un peso y no sé como volver a Santa Victoria.

María: Ay Dios mío, ¿Y ahora que hacemos hijo?

En ese momento aparece la pequeña Sofía, tras María y le quita el teléfono a su madre.



Sofía: ¿Qué pasa hermanito?

Juan: Sofía… (Sonríe) Me robaron la cartera y no tengo plata para regresarme al pueblo.

Sofía: ¿Qué? No te preocupes Juan, ahora mismo llamo a Nico y le digo que te vaya a buscar con su carro.

Juan: A estas horas estará ya durmiendo, Sofía, no le vayas a molestar… Mañana trabaja temprano en la hacienda. Dejadme a mí, veré como hago para juntar el dinero del boleto.

Su madre toma de nuevo el teléfono y…

María: Hijo, cariño, ten mucho cuidado que en las capitales de noche anda mucha gentuza. No te salgas de la estación, quédate ahí que Nico te irá a buscar, no te preocupes.

Ambos cuelgan los teléfonos. En el pueblo, Maria y Sofía se quedan muy preocupadas mirando la hora en el reloj de pared, son más de las once de la noche. Al mismo tiempo, en la estación de Guaymas, Juan intenta juntar el dinero para el billete. El chico, desesperado comienza a pedir dinero a la gente. Juan se acerca a un señor…

Juan: Por favor, ayúdeme. Me robaron y necesito juntar plata para el boleto de autobús, por favor…

Pero el hombre se aleja y le niega con la cabeza. El chico lo intenta ahora con dos chicas.

Juan: Por favor, señoritas, ¿No tendrán unas monedas? Por favor… necesito sólo unos pesos para…

Las jóvenes no le dejan terminar la frase y simplemente le ignoran, Juan lo intenta con varias personas más con nulo e idéntico resultado. Nadie le ayuda, nadie le hace caso, a nadie le importa su problema. Y es que la gente hoy día es así de egoísta e inhumana. Juan se sienta de nuevo en uno de los bancos de la estación en medio del ajetreo y bullicio de gente que va y viene. El chico se derrumba finalmente y una lágrima surca su rostro… Y es que ser pobre no está bien visto por la sociedad, una sociedad que margina a la gente que como Juan apenas tiene para vivir. Pero justo en ese preciso instante en que el joven se siente desesperado, alguien se le acerca y le da unas monedas. Juan alza la vista agradecido.

CONTINUARA…

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