BERENICE
CAPÍTULO 1: CONSPIRACIÓN
CIUDAD DE MÉXICO
Un elegante coche de color blanco circula por las principales arterias de la capital azteca. En su interior viaja una joven rumbo al centro financiero y empresarial de la ciudad. Es Berenice. Nuestra protagonista acude a una importante junta de accionistas en la empresa familiar, "Bodegas Castilla Alcaraz". La joven llega en el auto hasta el parking del lujoso y acristalado rascacielos, una vez detiene el vehículo, Berenice abre la puerta del coche y desciende del carro, sus piernas son lo único que vemos al principio.
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Berenice, con maletín en mano y una exclusiva y cara alianza de compromiso, se dirige a la puerta principal de la empresa. Una vez dentro, la gente la saluda al cruzarse con ella.
Señor: Buenos días, señorita Castilla.
Berenice: Buenos días, Manuel.
Recepcionista: Buenos días, señorita.
Berenice: Hola ¿Qué tal Andrea? (Sonríe)
La chica sube en el ascensor y se dispone a tocar a la puerta de una oficina, dentro están su padre don Fernando y un grupo de accionistas y altos cargos de las Bodegas Castilla-Alcaraz. Berenice toca a la puerta.
Fernando: (En su silla) ¡Sí, adelante!
Berenice: (Entrando) Buenos días señores, papá… Disculpen por llegar un poco tarde, el tráfico en esta ciudad es un caos…
Fernando: Buenos días, hija. ¿Trajiste las propuestas de la agencia de publicidad?
Berenice: Sí, aquí las tengo. (Abriendo el maletín) Antes de nada quería decirles a todos ustedes que Vinos Castilla-Alcaraz está teniendo mucho éxito en la Feria Internacional del Vino de París. Hemos ganado ya tres premios y estamos muy contentos. ¿Verdad, papá?
Fernando: Así es. La marca está traspasando fronteras, ya tenemos clientes en Argentina, Francia y hasta a Australia muy pronto vamos a exportar nuestros vinos. (Sonríe)
Berenice: (Se sienta) Cuando ustedes quieran, comenzamos con la Junta de Accionistas. (Leyendo unos documentos)
PUEBLO DE SANTA VICTORIA, SONORA
Una camioneta blanca aparece por las calles del pueblo, el sonido del claxon invade la villa en una soleada y luminosa mañana del mes de junio. Juan conduce el vehículo con el que trabaja cada día repartiendo pan por los pueblos de la zona. Juan baja de la furgoneta, mientras varias señoras se acercan a comprar el pan.
Juan: ¡Panaderoooooo!
El joven toca el claxon de la camioneta para avisar a la gente de que ya está en el lugar. Una vecina se acerca y…
Señora: Buenos días muchacho, que pronto empiezas el reparto esta mañana….
Juan: Es que hoy es mi último día, ya se termina mi contrato y…
Señora: ¿En serio? Ay que pena hijo, ¿y que vas a hacer ahora?
Juan: Esta tarde empiezo a trabajar en la hacienda “Castilla-Alcaraz” como peón, a ver que tal me va…
Señora: OK, pues ojala que te pinte bien.
Juan: Gracias, bueno… y dígame ¿Qué le pongo hoy señora Cecilia?
Señora: Dame dos panes de los grandes, Juan.
Juan: ¡Aquí tiene! Dos grandes. (Cobrando el dinero) ¡Qué tenga buen día! (Sonríe)
HACIENDA “LA MIRANDESA”, SONORA
Es un día soleado, hace calor aunque una leve brisa refresca el ambiente. En el jardín situado en la parte trasera de la lujosa casa, Daniel, el novio de Berenice, platica con Lorena, la hermanastra de su novia con quien en el pasado mantuvo una aventura. Aventura que terminó tan fugazmente como empezó. Ambos conversan junto a la piscina.
Lorena: No te vas a casar con Berenice, antes te juro que… (Molesta)
Daniel: ¿Qué, qué? ¿Qué vas a hacer? Nada, tú no vas a hacer nada, Lorena. Tu hermana está conmigo ahora, te guste o no. Lo nuestro terminó hace mucho tiempo y bien lo sabes. Sólo fuiste un pasatiempo… (Despreciándola)
Lorena: Eres un desgraciado (Le suelta una fortísima bofetada) ¡Esta me la vas a pagar, Daniel! ¡Te lo prometo! (Desafiante)
Justo en ese instante, Daniel la sujeta del brazo con fuerza y amenazante.
Lorena: ¡Ahhhh! (Resintiéndose de dolor en el brazo izquierdo)
Daniel: Vuelve a ponerme un dedo encima y me vas a conocer de verdad… y créeme, preciosa, no te va a gustar. (Apretándola el brazo)
Lorena: ¡Suéltame! Me haces daño… Voy a contarle todo a Berenice y te vas a enterar.
Daniel: Ni te atrevas a abrir la boca porque antes te mato, ¿me oyes? Además sería tu palabra contra la mía y por si no te has dado cuenta, estúpida, Berenice me ama. ME AMA. Así que ya estás dejando de hacerte ilusiones porque no voy a volver contigo. ¿Entendido? Búscate otro que te aguante, que yo ya me cansé de tus escenitas de celos.
Lorena: Eres despreciable… ¡Suéltame! (Consigue zafarse de él)
Daniel: Ya deja el drama… Tú habla pero atente a la consecuencias, Lorena, mira que quién avisa no es traidor. Si le dices algo a alguien de lo que pasó entre tú y yo, te vas a arrepentir. (Amenazante)
Lorena: Ay, mira como tiemblo… (Burlándose)
Daniel: Estás advertida, luego no me vengas con lloriqueos de niñita malcriada. ¡Viejas! ¡Son todas iguales de histéricas! (Se marcha dejándola sola)
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”, SONORA
Doña Abigail charla con Juan en el patio principal de la hacienda. El chico comienza esta tarde su nuevo empleo en la finca de los Castilla-Alcaraz.
Abigail: Mira quiero que laves este coche y lo dejes impecable. Este sábado tenemos una boda en la hacienda y quiero que se vea reluciente. Es el mejor carro que tenemos, así que trátalo con cuidado. ¿Está claro? (Juan mira el elegante Mercedes-Benz en color negro)
Juan: OK, señora, no se preocupe, ahora mismo me pongo con ello. Voy a terminar de ayudar a Nicolás con los caballos y enseguida vuelvo.
Abigail: Está bien, Juan… hasta luego. Nos vemos más tarde.
El joven se marcha pero…
Abigail: ¡Juan! Espera, espera un momento.
Juan: (Volteando) ¿Sí? ¿Se le ofrece algo más doña Abigail?
Abigail: Sí, mira, mi nieta Berenice llega hoy de Ciudad de México, pero tengo que salir a hacer unas diligencias en Guaymas. Si te pregunta por mí, le dices que regresaré en la noche. ¿Entendido? De todas formas ya están mi marido y Diana en la casa por si necesita cualquier cosa.
Juan: Así lo haré señora, vaya tranquila. Yo me encargo. (Sonríe)
Abigail: Gracias Juan, y ahora… ¡A trabajar!
SALAMANCA, ESPAÑA
Al otro lado del Atlántico, en el salón de un lujoso y elegante departamento, doña Octavia (hermana de doña Abigail) conversa por teléfono con su sobrina Berenice, quien se encuentra en el aeropuerto de Guaymas, recién llegada a la ciudad y rumbo a la hacienda “Castilla-Alcaraz”, en México.
Berenice: ¿Cómo así que no puedes venir para mi boda tía Octavia? (Triste)
Octavia: Lo siento hija, pero me es imposible. Ando un poco delicada de salud y los médicos me han dicho que no debo hacer un viaje tan largo. ¡Son 12 horas!
Berenice: Qué pena, no sabes cuanto deseaba que vinieras… Bueno si no hay de otra…
Octavia: Mira, dile a Daniel que si quieren pueden venir a visitarme a España ahora que llega el veranito. Les prometo llevarles también a ver Madrid.
Berenice: Está bien, tía, yo le digo, no te preocupes. Tenemos previsto ir de luna de miel a Italia pero podemos pasar unos días contigo allá también. (Sonríe)
Octavia: Esto es bellísimo hija, tienes que venir, si ó si. Te va a encantar esta ciudad.
Berenice: Seguro que sí. Cuídate mucho tía, estamos en contacto. (Sonríe)
Octavia: Chao cariño, y que lo pasen muy bien el sábado, ya me contarás. Felicidades hija, te deseo lo mejor del mundo.
Berenice: ¡Gracias tía! ¡Eres lo máximo!
Octavia: A que soy tu tía favorita, ¿Ah? ¿A poco no? (Sonríe)
Berenice: Claro, si no tengo más tías. ¿Quién si no? jajaja.
Octavia: Jajaja.
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”
Dentro de la casa, en el salón de la mansión familiar, Diana conversa con Cayetano, el capataz de la finca y al mismo tiempo su amante. Diana le es infiel a su marido Fernando desde hace meses.
Diana: (Furiosa) ¡Los quiero muertos! ¿Entendiste? ¡Muertos! No me importa lo que tengas que hacer pero esa boda no se puede celebrar, hay que eliminarla.
Cayetano: No se preocupe, verá como todo va a salir bien
Diana: Más te vale. Mi hija Lorena tiene que casarse con Daniel Miranda. Es la mejor forma de fusionar ambas haciendas y los viñedos.
Cayetano: Así se convertirá en la única heredera de esta familia y nos haremos con la finca vecina también. Muy bien pensado tu plan, preciosa.
Diana: No tenemos mejor oportunidad que esta que se presenta y bien lo sabes. (Amenazante) No me importa lo que hagas o dejes de hacer pero… ¡HAZLO!
Cayetano: Está bien, mi “patrona”, te prometo que no voy a fallar. Está todo bien planeado, ya tengo la camioneta robada y a punto. Este sábado Berenice pasará a mejor vida. (Sonríe con astucia y maldad)
Diana: Ella y ese maldito viejo de Esteban… Los dos tienen que desaparecer para que mi hija y yo seamos las dueñas y señoras de estas tierras.
La rubia sonríe, sus ojos verdes hablan por sí solos de sus planes de liquidar a todas las personas que le estorban en su afán por apoderarse de los inmensos viñedos)
Al mismo tiempo en que Cayetano y Diana planean sus fechorías en el interior de la casa, no muy lejos de allí, en el patio de la hacienda, Berenice discute con Juan acaloradamente. La joven lleva toda la ropa, muy cara y exclusiva por cierto, mojada de agua por accidente.
Berenice: ¡Eres un inepto! ¡Mira como me has puesto! (Enojada)
Juan: ¡Perdón, perdón! (Apagando la manguera) ¿Es usted la señorita Berenice? ¿La nieta de doña Abigail? (Mirándola de arriba abajo embobado)
Berenice: Sí, soy yo ¿Por qué? ¿Te parece bonito lo que me has hecho? A ver si no eres tan despistado, porque hay que ver… ¿eh? Hay que ver…
Juan: Lo siento, de veras que lo siento señorita, no fue mi intención. Yo estaba lavando el auto y usted se cruzo en medio y… Perdone que le diga pero la culpa fue suya, no mía.
Berenice: ¡Cállate! Hazme el favor y te me largas de mi vista ahora mismo porque te prometo que esto no se va a quedar así. Voy a hablar con mi abuela y veremos cuanto tiempo duras aquí. Ya vas a ver.
Juan: A mi no me amenace, ¿Quiere? Lo que me faltaba, primer día de trabajo y tengo que soportar a niñas malcriadas y groseras.
Berenice: ¡Eres un igualado! ¿Pero quien te ha dado a ti permiso para hablarme así?
Juan: Lo mismo digo… Pero vamos a ver… ¿Usted que se cree? ¿Qué por ser la nieta de una vieja millonaria, vestir ropa fina y manejar coches caros, eso la da derecho a tratarme así? No señorita Berenice, ni hablar. Que uno será pobre y todo lo quiera, pero no es tonto.
Berenice: Yo jamás te trataría mal por ser, por ser… un peón. Yo no soy así, no juzgo a la gente por su dinero, sino por lo que llevan aquí dentro. (Arrepentida, se toca el pecho)
Juan: Pues no lo parece, porque no hace más que ofenderme y para que lo sepa, yo también tengo mi dignidad.
Berenice: Está bien… lo siento, no debí ser tan grosera contigo.
Juan: Ya da igual, porque me voy a ir… no pienso trabajar ni un minuto más en un lugar donde no se me respeta. (Voltea para marcharse pero Berenice le toma del brazo, Juan se gira)
Berenice: Espera, por favor, no te vayas. (Triste) Ni siquiera me has dicho como te llamas…
Juan: Juan, mi nombre es Juan. (Serio)
Berenice: Por favor, perdóname… Sé que te hace falta este trabajo, no te vayas, no por mí. No te voy a molestar más, te lo prometo.
Juan: ¿Ahora me viene a pedir perdón? A buenas horas… (Con orgullo)
Berenice: De veras que eres imposible, si te trato mal porque te trato mal, si intento hacer las paces, también te enfadas. Eres un necio y un orgulloso. ¿Nunca te dijeron?
Juan: Pues no, ¿Qué se piensa? A ver si se cree que toda la gente es como usted.
Berenice: Me rindo… No puedo contigo. ¡Hombres! (Enojada)
PUEBLO DE SANTA VICTORIA
En casa de Juan, mientras doña María (su madre) coloca la compra en el frigorífico, la pequeña Sofía (la hermanita de Juan) charla con Nuria, una joven vecina de la casa de enfrente. Nuria ayuda a Sofía con las tareas de la escuela cuando sale de trabajar como criada en casa del alcalde de Santa Victoria.
En la mesa de la humilde sala de estar, Sofía y Nuria conversan, mientras la niña hace sus deberes.
Sofía: Deberías decirle a mi hermano la verdad, Nuria.
Nuria: ¿Ya pero y si me rechaza? ¿Qué hago?
Sofía: Por intentarlo no pierdes nada, además mi hermano tendría que ser muy bobo para no querer a una chica tan linda como tú. (Sonríe, mientras escribe en un cuaderno)
Nuria: Por más que he intentado que se fije en mí, no hay forma… No me hace caso, ni me mira.
Sofía: Porque vistes como una monja, si te pusieras algo sexy, algo atrevido, verías como te vería de otra forma. Te lo digo yo.
Nuria: Mira la niña cuanto sabe de amores jajaja.
En ese momento interviene María, la mamá de Juan.
María: ¿De qué hablan así medio en voz baja, eh? (Sonríe) ¿Qué andan escondiendo ustedes?
Sofía: Nada, mamá, nada… (Le guiña un ojo a Nuria, mientras María se marcha a su dormitorio)
María: Qué chicas estas… Dios mío.
Al quedarse solas de nuevo Nuria y Sofía prosiguen hablando sentadas a la mesa de la salita de estar.
Nuria: Bueno, está bien lo voy a intentar. (Sonríe)
Sofía: ¡Así me gusta! ¡No te rindas por nada del mundo! Choca esos cinco. (Ambas chocan las manos, cómplices y amigas)
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”
En el patio principal de la finca, Berenice sigue discutiendo con Juan, el nuevo empleado.
Juan: Ya le he dicho que me marcho y nada ni nadie me va a hacer cambiar de opinión, y ni se molesten en pagarme lo que me deben por este día, porque no quiero su dinero. A mí nadie me ofende de esa manera.
Berenice: ¿Por qué eres así? ¿Eh? Siento si me enojé contigo pero es que tú también podrías ser más cuidadoso. ¿Qué tal si en vez de a mí hubieras mojado a mi abuela o a mi padre?
Juan: Mire señorita, ya deje la discusión porque no tengo ganas de seguir hablando de esto con usted. Disculpe, ya le dije que fue un accidente, mujer. No es para tanto.
Berenice: ¿Qué no es para tanto, dices? ¿Qué no es para tanto? ¡Pero serás…! Y todavía sigue con el orgullo, el señorito… ¡Pero que cara tienes! (Enojada e indignada)
Juan: Si sabe que la culpa la tiene usted, lo sabe, pero como es tan terca y tan mula no lo quiere reconocer. No le da la gana asumir, “pues si, fui yo la culpable”.
Berenice: Oye a mi no me insultes ¿eh? ¿Pero tú que te has creído? (Furiosa)
Juan: Ah, así que usted si puede insultarme a mí pero yo no. Genial.
Berenice: Paso de pelear más contigo…
Juan: Además, ¿quién la manda a usted cruzarse en el camino? ¿Eh? ¿Quién? Yo iba a lavar su auto con la manguera y de repente aparece usted, así como de la nada enfrente. En medio, igual el jueves.
Berenice: Esta es mi casa, por si no lo sabes, y me puedo pasear por donde a mi me de la gana. ¿Está claro? Es más, ni sé que hago aquí dándote explicaciones… (Molesta)
Juan: Pues no me las dé, ¿Qué también me va a echar la culpa de eso ahora? (Burlándose) No si bien decía mi padre, hijo, siempre tiene que haber un burro para echar todas las cargas…
Berenice: ¡IHHHH! ¡No te soportoooo! Me sacas de quicio, en serio.
Juan: Anda que usted a mí, no le cuento… (Burlándose, se ríe de ella)
Berenice: ¡Abuela! ¡Abuela! (Llamándola a viva voz)
Juan: Jajaja, ya deje de llorar y no me sea tan infantil. Es una exagerada… pero mírelo por el lado bueno… con el calor tan fuerte que hace hoy… ahora está más… fresca. (Se burla) Debería darme las gracias, ¿No le parece? (Conteniendo la risa)
Berenice: Mira lárgate de mi vista porque me estás colmando la paciencia ya… por favor.
Juan: Pero qué carácter tan agrio y tan desagradable que tiene usted… A poco y su novio no le cumple como Dios manda, seguro que es eso. Pero bueno aquí entre nos, si quiere yo le puedo hacer el favor… (Burlándose, le guiña el ojo y sonríe con picardía, tratando de molestarla cada vez más, coqueteándole descaradamente. Juan es muy bromista)
La chica, ya muy enfadada y malhumorada, pierde la paciencia. Berenice agarra un cubo de agua que tenía cerca y le lanza con fuerza el contenido al joven, calando a Juan de arriba abajo.
Berenice: ¡Imbécil! ¡A ver si con esto aprendes a respetarme! ¡Descarado! ¡Patán!
Juan: Jajajaja (Empapado, se ríe de ella)
Mientras, en las cuadras de la hacienda Nicolás recibe órdenes de Cayetano, el capataz de la finca. Nico se encuentra dando de comer a los caballos y atendiéndolos como cada día. Estos animales son su gran pasión y es que Nicolás sueña con ser jinete de competiciones ecuestres.
Cayetano: Mañana tienes que entrenar a “Estela” (la yegua de Berenice). Recuerda que tiene que estar lista para el mes que viene.
Nicolás: OK, Cayetano. Descuida, yo me encargo. Mañana a primera hora me pongo con ella.
Cayetano: Ya que estoy aquí, quería preguntarte una cosa, Nico…
Nicolás: Tú dirás (mientras cepilla uno de los caballos, uno de color castaño con un lucero blanco en la frente)
Cayetano: ¿Sabes a que hora es la boda de la señorita Berenice con don Daniel Miranda el sábado?
Nicolás: A las doce, creo que a las doce.
Cayetano: Aja…
Nicolás: ¿Por qué me lo preguntas? (Extrañado)
Cayetano: No, por nada en particular, simple curiosidad, más nada. Bueno me voy que tengo que ir a los viñedos con los peones, hoy estamos de fumigación contra la roya.
Nicolás: OK, nos vemos más tarde. Hasta luego.
En el porche de la mansión, junto al jardín y sentadas a una bonita mesa blanca, Berenice y su mejor amiga Jessica hablan sobre Juan. La morena se toma una coca cola mientras su amiga termina de tomarse una taza de café con leche.
Jessica: ¿Y cómo dices que es el tal Juan ese que te caló viva?
Berenice: No sé, es… como decirte…
Jessica: A ver, platíquele a su consejera espiritual. Y recuerde, amiga, la primera consulta es gratuita…
Berenice: Pues… es… es… es un chico normal, del montón. Cabello negro, ojos verdes, no muy alto… Tiene una sonrisa que… (Suspira embobada recordándole, a su mente viene el rostro de Juan sonriéndole)
Jessica: Así que está galán el muchacho ¿Eh? (Sonríe) A poco mejor que el Daniel…
Berenice: ¡Ay, ya! No te burles “Yessi”. Además, no se ni lo que digo si apenas me he fijado… (Miente, mientras le recuerda ilusionada, le gusta pero no quiere admitirlo)
Jessica: Pues chica para no fijarte lo has detallado que no veas (Burlándose)… anda que si te llegas a fijar, válgame dios… (Se contiene la risa)
Berenice: Eres boba, de verdad… ¿Eh? (Se le salta la risa) Ya déjalo. Siempre igual, más vale que te preocupes de ti que a este paso te me vas a quedar para vestir santos… (Burlándose)
Jessica: No por mucho tiempo… amiguis, no por mucho tiempo. Mira que a mi los hombres se me rifan. Los tengo así (haciendo un gesto con las manos) ¡Así! Vamos que me los tengo que quitar de encima a escobazos, no te digo más.
Berenice: Qué creída que eres… no cambias. (Se burla)
Jessica: El año que viene me caso, fijo, vamos, pero fijo, fijo. De 2013 no pasa.
Berenice: Sí, sí… ya, ya… (A punto de reír a carcajadas)
Jessica: ¿No me crees? Mira como tu te vas a casar con el chulo-playa de Daniel y veo que al Juan ese no le vas a hacer ni caso… ¿Sabes qué?
Berenice: ¿Qué?
Jessica: Que para enero me lo pido de “Reyes”, estás avisada. (Se burla)
Berenice: Jajaja.
PUEBLO DE SANTA VICTORIA
En el único bar del pueblo, Juan y su amigo Nicolás se toman unas cervezas junto a la barra, en medio de otros vecinos de Santa Victoria que a esa hora llenan el local.
Nicolás: ¿Te lanzó un cubo de agua? No fastidies jajajajaja.
Juan: En serio, la muy señorita se atrevió y porque no la dejé sino a poco y me lanza una piedra, tú no veas que carácter tiene la chica esa. Debe ser porque no tiene novio… tú sabes… (Se burla)
Nicolás: ¿Y quién te ha dicho a ti que no lo tiene? Es más si se va a casar pasado mañana con él aquí en la iglesia del pueblo.
Juan: ¿Qué, en serio? ¿Con quién?
Nicolás: Con Daniel Miranda, un rico heredero de los viñedos “Miranda”, vecinos de la familia Castilla-Alcaraz. Ya llevan juntos muchos años, todo el pueblo lo sabe.
Juan: Pues primera noticia que tengo, yo ni siquiera la conocía…
Nicolás: Porque Berenice vivía antes en la Ciudad de México con su padre y su madrastra. Tiene una hermana que se llama Lorena, bueno no son hermanas en realidad. Lorena es la hija de Diana Urquijo, la segunda esposa de su padre. Eso me ha dicho Carolina.
Juan: ¿Y dices que la boda es pasado mañana? Pues a ver como hago ahora para pedirles el dinero que me deben por el día de hoy…
Nicolás: ¿No decías que no querías cobrarlo? ¿Entonces en qué quedamos? Dijiste que no ibas a volver a esa hacienda ya.
Juan: Lo sé, pero lo dije en un momento de orgullo pero la verdad es que nos hace falta ese dinero. El banco me está presionando con la hipoteca de la casa y… sinceramente, Nico, no se que hacer. También debo una letra de la camioneta y con lo que gana mi madre limpiando casas no nos da para vivir los tres.
Nicolás: Pues sigue trabajando en la finca, pasa de esa niña fresa, seguro es como todas las de su clase, una creída que se las da de señorita por tenerlo todo. No la hagas caso.
Juan: No te creas, a mi me pareció muy distinta de eso que dices. Berenice se ve… como decirte, una chava sencilla, a pesar de tener tanto dinero su familia. El caso que al principio la veía así como tú dices pero luego me dijo algo que…
Nicolás: ¿Qué te dijo?
Juan: Que ella no juzga ni valora a la gente por su dinero, sino por lo que llevamos dentro. (Sonríe ilusionado, pensando en ella)
Nicolás: A ti como que te gusta mucho esa chica, Juan… Te gusta… Admítelo. (Sonríe)
Juan: Si te soy sincero… Cuando la vi por primera vez me impresionó mucho. Es muy linda, que digo linda, ¡es guapísima! (Sonríe) Tiene unos ojos oscuros que uno se pierde en esa mirada tan dulce… Tiene una boca… Es una princesa, Nico. (Sonríe)
Nicolás: Creo que ahora si, ahora si que te perdimos… Berenice Castilla-Alcaraz te tiene mal, Juan, te tiene muy mal. (Se burla)
Juan: ¡Y tanto! No lo puedo negar, me gusta, me gusta mucho pero…
Nicolás: Pero se va a casar con otro (Dándole una palmada en la espalda) Con un millonario, compadre, con un millonario. Esa mujer no es para ti.
Juan: Lo sé… pero… (Triste) ¿Alguna vez no has soñado con una mujer así? Dime la verdad.
Nicolás: Bueno, sí, pero sólo es eso, un sueño. A ver, Juan, mírate bien y mírala a ella. ¿Qué ves?
Juan: (Recordándola) Pues…
Nicolás: Una niña bien y un naco. (Se burla)
Juan: ¡Oyeee, a que te sacudo, eh! Naco dice, naco lo serás tú.
Nicolás: Jajaja, no te enojes, hombre. Quiero decir que tú no eres de su nivel, una chica de esas jamás se fijaría en alguien como tú.
Juan: Claro y por eso en ti si se fijó la tal Carolina, ¿No? Estamos en las mismas, Nico.
Nicolás: Pero lo mío con Carolina es muy diferente, Juan.
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”
En la mansión familiar, pero esta vez en el despacho de don Esteban, el abuelo de Berenice y padre de Fernando, revisa su testamento. Sentado al escritorio y usando unas gafas para ver mejor de cerca, don Esteban lee el escrito y se queda pensativo, mientras habla sólo consigo mismo.
Esteban: Creo que voy a guardar bajo llave el testamento, si mejor…. No voy a dejar que esto llegue a sus manos, de lo contrario, estaremos perdidos… Si Diana se entera de que Lorena no figura aquí sería capaz de cualquier cosa, estoy seguro de ello. No sé por qué pero presiento que esa mujer trama algo y no sé que es…
El abuelo guarda la carpeta con los papeles del testamento dentro de la caja fuerte el despacho con sumo cuidado. Dentro también hay un sobre con una carta, una misteriosa carta.
Esteban: Nadie sabrá nunca la verdad, no puedo permitir que ese secreto salga a la luz, no puedo… Bien sabe Dios que me lo llevaré a la tumba pero la hacienda seguirá siendo de la familia y nada ni nadie podrá arrebatarme lo que nos pertenece. Jamás alguien que no sea un “Castilla-Alcaraz” ocupará nunca este sillón. Berenice es la única y legítima heredera, mi única nieta. (Sonríe observando una foto de la joven sobre el escritorio)
CONTINUARA...
*************
AVANCE: EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO…
En la carretera que une la hacienda “Castilla-Alcaraz” con el pueblo de Santa Victoria, Cayetano empuja otra vez con la camioneta al coche nupcial con fuerza. En el auto viajan Berenice, don Esteban y Fernando. El villano coloca el vehículo paralelamente al coche intentando empujarlo lateralmente. Saltan chispas entre ambos carros.
Berenice: ¡Papá, tengo miedo! (Asustada)
Fernando: (Al volante) ¡No te preocupes, hija! ¡Tranquila, cariño, tranquila!
En esto Cayetano vuelve a acercar la camioneta empujando el coche con una violencia bestial. Ambos autos circulan a toda velocidad y levantan una impresionante polvareda a su paso por el camino, la camioneta empuja al coche contra el borde de la estrecha carretera rural.
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