miércoles, 11 de julio de 2012

Capítulo 7: El secreto de Diana



BERENICE

CAPÍTULO 7: EL SECRETO DE DIANA


HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”


En la casa familiar, en el despacho de don Esteban, Daniel y Juan sigue cayéndose a golpes a cuenta de la bofetada que el novio de Berenice le dio a la joven el día anterior. Ambos chicos siguen a los puños, cuando les interrumpen doña Abigail, Berenice, Álvaro y Nicolás.



Abigail: ¿Se puede saber que demonios está pasando aquí? ¡Daniel! ¡Juan!

Berenice: ¡Por favor, ya dejen la pelea! ¡Juan!

Al mismo tiempo Nico y Álvaro intervienen para separarlos. Nicolás sujeta a su amigo Juan, mientras que Álvaro hace lo propio con su cuñado Daniel.

Nicolás: ¡Cálmate Juan, ya basta!

Juan: ¡Déjame Nico! ¡Este tipo es un cobarde, le pegó a Berenice!

Abigail: ¿Qué? ¿Cómo así que le pegaste a mi nieta? (Mirando a Daniel)

Daniel: ¡Berenice me engaña con este naco!

Berenice: ¡Eso es mentira! Juan y yo sólo somos amigos.

Daniel: (Furioso) ¡Suéltame Álvaro que yo a este imbécil hoy lo mato!

Álvaro: ¡Contrólate Daniel, por favor! ¡Ya está bueno!

Daniel: ¡Embustera! ¡Golfa!

Juan: ¡No la insultes! (Intentando soltarse de Nicolás)

Abigail: ¡SILENCIOOOOOOOO! (En tono amenazante y autoritario)

Todos los presentes se quedan callados antes la amenaza de doña Abigail.

Abigail: ¿Berenice, es cierto lo que está diciendo Juan? ¿Es verdad que Daniel te golpeó?

Berenice: Sí, abuela.

Daniel: Lo siento, fue sin querer, me hizo enojar por culpa de este tipo. Anda, mi amor, dile a tu abuela que tu y el naco este andan juntos. ¡Díselo!

Abigail: Nada justifica que la pegaras. Ahora mismo te me vas de mi casa, Daniel.

Daniel: ¡Pero doña Abigail!

Abigail: ¡Pero nada! ¡Fuera de mi casa! Ya hablaremos tú y yo de esto… (Enojada)

Berenice: Espera Daniel, antes de que te vayas…

Daniel: ¿Qué quieres? ¿Ahora me vas a pedir perdón, descarada?

Berenice: No, solo quería decirte que tú y yo hemos terminado. (Desafiante)

Mientras Daniel se marcha acompañado por Álvaro, Juan sonríe al ver que Berenice ha dejado a su novio. Nicolás le suelta finalmente.

Abigail: Por favor Nicolás, Berenice, déjenme a solas con Juan.

Nicolás: Ok, doña Abigail. (Se marcha)

Berenice: Abuela, por favor…

Abigail: ¡Tú te callas! ¡Márchate Berenice, por lo que más quieras! Tengo que hablar con Juan.

La joven sale del despacho y cierra la puerta. Doña Abigail se queda con Juan a solas para hablar con él.

Juan: Siento mucho lo que pasó señora, pero no podía permitir que este sinvergüenza pegara a su nieta.

Abigail: Hiciste bien Juan…

Juan: ¿Qué?

Abigail: Lo que oyes, nada justifica que Daniel perdiera los nervios con ella pero quiero saber algo.

Juan: Le juro que entre su nieta y yo no hay nada, sólo somos amigos… (Miente pues hay algo más que amistad)

Abigail: Más te vale, Juan, más te vale. Porque si llego a enterarme que te interesa Berenice… te me vas de la hacienda. ¿Está claro?

Juan: Sí, señora… (Bajando la cabeza)

Abigail: Y ahora puedes irte. Hasta mañana.

Juan: Adiós… (Saliendo del despacho)



AL DÍA SIGUIENTE

PUEBLO DE SANTA VICTORIA


En la parada de autobuses del pueblo, Nuria se despide de sus vecinos y amigos, Juan, doña María y Sofía. Los padres de la joven ya han subido al autocar, mientras, junto a la puerta del vehículo, Nuria platica con Juan.



Juan: Te vamos a echar mucho de menos, Nuria… (Triste)

Nuria: No se preocupen, estaré bien. Mi papá ha conseguido un buen trabajo en el DF y bueno yo intentaré buscar algo también. (Sonríe)

María: Ay mi niña… (Triste) Qué pena me da que se vayan así…

Sofía: Prométeme que me vas a escribir, ¿Sí? (Con lágrimas en los ojos)

Nuria: No llores, Sofi, te prometo que todas las semanas te enviaré carta. Además ya tienes mi teléfono para cuando quieras llamarme.

Juan: Ten mucho cuidado en la capital, Nuria, aquello es muy grande, no es como Santa Victoria… (Preocupado)

Nuria: Lo sé, Juan, tranquilo. Bueno ya tengo que irme, el autobús va a salir. Cuídate mucho Juan, cuídense los tres.

María: Buen viaje, mija. Llama en cuanto lleguen a México.

Nuria: Descuide María, así lo haré. (Se besa en las mejillas con María y Sofía)

Juan: Me da pena que te vayas… (Triste)

Nuria: Y a mí… (Triste, se miran a los ojos) Te voy a extrañar mucho Juan…

Juan: Te deseo lo mejor, sabes que eres mi mejor amiga. (Sonríe)

Nuria: Lo sé… (Con los ojos vidriosos)

Juan: Cuídate mucho. (Se abrazan, Nuria le besa en la mejilla)

La joven se despide y sube al autocar, la puerta se cierra mientras la chica toma asiento. El autobús arranca. Desde el andén, María, Sofía y Juan la despiden con la mano. Dentro, Nuria piensa para sí misma…

Nuria: Nunca te olvidaré, Juan… Te quiero… (Rompiendo a llorar)


No muy lejos de allí, en la plaza del pueblo, Berenice se encuentra con su amiga Jessica.



Jessica: ¡Amiguis! ¿Cómo por tu por Santa Victoria a esta hora tan temprano?

Berenice: Hola Jessica… (Triste)

Jessica: ¿Qué te ocurre Bere? ¿Y esa cara? No me digas que peleaste con el chocolatito de Juan.

Berenice: No, “Yessi”, no es por él, bueno sí, el caso es que anoche dejé a Daniel.

Jessica: ¿Quéee? ¿Pero que me estás contando? ¿Y cómo así? (Sorprendida) No me digas que te vas a empatar con Juan ya… ¡Madre del amor hermoso! ¡Esto es el acabose!

Berenice: Parece ser que nos vio a Juan y a mí en el porche, me montó una escena de celos al entrar a la casa y…

Jessica: ¿Y?

Berenice: Me pegó, amiga, se atrevió a darme una cachetada.

Jessica: ¡Pero será desgraciado! (Enojada) ¡Has hecho bien! ¡Anda y que lo zurzan al estúpido ese! Siempre te dije que no me gustaba para ti pero tú ni caso que me hacías y mira, mira que pronto sacó a relucir el cobre el muy…

Berenice: Lo sé, cuando se está enamorada se es ciega. Pero ya no importa, prefiero no hablar más de él.

Jessica: OK, Bere. ¿Y a donde ibas con esos papeles?

Berenice: Es la solicitud para el empleo de maestra en la escuela del pueblo. Voy a probar suerte a ver.

Jessica: ¿No me digas? ¡Qué chido! Verás como te contratan, estoy segura. Ya nos estoy viendo a las dos, seremos las profes más sexys y divinas de toda la comarca.

Berenice: (Sonríe) No cambias eh… No sé como haces para tener siempre esa autoestima, de verdad.

Jessica: Porque yo lo valgo, mija. ¿A poco no? Anda que ya quisiera tener esta cara, este cuerpo y este cabello la naca esa de la Angelique Boyer, por favor…

Berenice: Jajajaja. (Sonríe)

En ese momento un chico llega junto a ellas, él es Rodrigo, el novio de Jessica.



Rodrigo: Hola, mi amor, ¿Te hice esperar mucho?

Jessica: ¡Rodris! (Se besan)

Berenice: (Sorprendida) ¿Rodris?

Jessica: Ay perdona, cuatachonga que no te he lo he presentado. Mira este es Rodrigo, mi novio.

Rodrigo: Encantado. Tú debes ser… Berenice ¿Verdad? Jessica me ha hablado mucho de ti. (Sonríe)

Berenice: En cambio a mí de ti nada, jajaja.

Jessica: No seas así, amiguis, es que apenas llevamos un mes de relación, mija. Rodrigo trabaja de mesero en el bar del pueblo. Es de Villavieja del Monte pero hace poco que se mudó para acá para Santa Victoria.

Rodrigo: Sí, apenas llevo tres semanas en el pueblo.

Berenice: Me alegro mucho por ti, Jessica. Te lo mereces.

Jessica: ¿Verdad que sí? (Sonríe)


HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”


En la casa familiar otras dos personas mantienen una interesante charla. En el dormitorio de Diana, la villana conversa con su hija Lorena contándole lo sucedido en la mansión la noche anterior.



Lorena: ¿Qué dices mamá? ¿Cómo así que Berenice terminó con Daniel? ¿Y eso por qué?

Diana: Anoche escuché a Carolina hablar con la estúpida de tu “hermanita” en el pasillo. Parece ser que la muy descarada está enredada con uno de los peones de la hacienda.

Lorena: ¿No me digas? ¿Y con quién si puede saberse? (Alucinada)

Diana: Con el tal Juan, el nuevo… ¿Qué, qué te parece? Y parecía tonta la muy mojigata…

Lorena: ¿Con Juan? (Enojada) ¡No puede ser! Esa naca me las va a pagar… (Celosa)

Diana: ¿De qué hablas? (Sorprendida)

Lorena: ¿Qué de qué hablo? De que no tuvo bastante con quitarme a Daniel que ahora también se fijó en Juan… ¡Berenice es una golfa! (Furiosa)

Diana: No me irás a decir que a ti también te gusta ese muerto de hambre… (Indignada)

Lorena: No, mamá, no me gusta, me encanta y no voy a dejarle el camino libre a la estúpida de Berenice. Esta vez no.

Diana: ¿Pero tú te has vuelto loca hija? ¿Cómo se te ocurre poner tus ojos en un simple empleado de la finca? No, Lorena, de ninguna manera…

Lorena: Ah, no, mamá, ahora si que no te lo voy a permitir. Tú no eres nadie para meterte en mi vida.

Diana: ¡Tienes que casarte con Daniel Miranda! ¡Él es el hombre que te conviene!

Lorena: ¿Por qué, porque tiene dinero? Ay, mamá por favor no empieces…

Diana: No pienso dejar que te cases con un peón, qué diría la gente, ¿Qué dirían en el pueblo?

Lorena: ¡Me vale madre lo que diga la gente chismosa de este maldito pueblo! Te he dicho que Juan me gusta y voy a hacer lo imposible por que se enamore de mí. No me importa si tiene plata o no. A mí él me gusta y va a ser mío, te guste o no.

Diana: ¡Estás loca! Debemos unir las dos haciendas y la mejor forma para hacernos con “La Mirandesa” es que tú te cases con Daniel.

Lorena: No, mamá, me da igual como te pongas pero no voy a volver con Daniel. Hace poco lo intenté y ¿sabes que me dijo? Que yo sólo había sido un pasatiempo para él. (Molesta) No voy a dejar que me humille nunca más. ¿Está claro?

Diana: Mmmm (Molesta)


A pocos metros de la casa, en el patio de cuadras, Berenice acude a verse con Juan a escondidas.



Berenice: Hola Juan… ¿Cómo estas? (Sonríe)

Juan: ¡Hola! (Sorprendido) ¿Qué haces aquí Berenice?

Sin que el chico se lo espere, Berenice se le acerca y le da un apasionado beso en los labios. Juan se queda sin palabras, sin saber como reaccionar ante tan inesperada sorpresa.

Juan: ¿Y esto? (Sonríe)

Berenice: Gracias por defenderme ayer. (Sonríe) Eres un amor, lo sabes.

Juan: (Sonríe) Tú lo eres más, por eso me gustas tanto.

Berenice: Ay (avergonzada) ahora a saber que estarás pensando de mí. Dirás que qué aventada…

Juan: No, para nada, me gustó la sorpresa. No la esperaba. (Sonríe)

Berenice: Anoche terminé con Daniel, Juan. Ya lo sabes.

Juan: Ese tipo es un imbécil, todavía no sé que le viste para hacerte novia de semejante cretino.

Berenice: No lo sé, pero prefiero no hablar de él. Hay algo que quería decirte pero…

Juan: ¿Qué pasa? No me digas que se atrevió a golpearte otra vez porque te juro que lo mato… (Enojado)

Berenice: No… no es eso…

Juan: ¿Y entonces?



Berenice: Llevo días pensándolo y… bueno…

Juan: Como no me hables claro, no me entero de nada.

Berenice: Ay ya, es que me cuesta mucho admitirlo…

Juan: ¿Admitir el qué? ¿Qué te gusto? Si eso ya lo sabía yo desde el día que nos conocimos. (Burlándose)

Berenice: !!!Pero que creído!!! (Pegándole en el pecho)

Juan: ¿A poco no? (Se burla) No me irás a decir que no te gusté ni un poquito.

Berenice: Pues no… ni siquiera me fije en ti. (Miente)

Juan: Mentirosa… (Burlándose)

Berenice: Bueno… está bien, sí me pareciste muy guapo.

Juan: Y tú eres una princesa. ¿Nunca te han dicho que tienes unos ojos preciosos? (Sonríe, le da un beso en los labios)

Berenice: Juan… (Emocionada)

Juan: ¿Qué? ¿No te gusta que diga la verdad?

Berenice: Es que nunca nadie me había tratado así como tú. Ni siquiera él…

Juan: Entiendo…

Berenice: Tú eres tan tierno, tan cariñoso… tan noble… (Sonríe)

Juan: Y tú también lo eres. Por eso me enamoré de ti. (Sonríe)

Berenice: Estoy muy confundida, Juan, por un lado pues sí me gustas y siento algo muy lindo por ti pero por otro…

Juan: Tienes miedo a la reacción de Daniel, es normal.

Berenice: Daniel me da igual, Juan, no es por él. Es por mi familia. Mi abuela jamás aceptaría que tu y yo… Bueno ya sabes.

Juan: ¿Por qué? Porque soy pobre, ¿Verdad? (Triste)

Berenice: No digas eso… no me gusta que hables así de ti.

Juan: Es la verdad. Yo no pude estudiar porque desde los quince tuve que ponerme a trabajar al morir mi papá. Así es la vida…

Berenice: Pero eso no tiene nada de malo. A mi eso no me importa, te lo he dicho mil veces. A mí me gustas tú, por como eres. (Sonríe dulce)

Juan: Y a mí me gustas tú más. (Sonríe)

Berenice: Te quiero mucho Juan. (Sonríe)

Juan: ¿En serio? (Sorprendido)

Berenice: Sí, en serio, pero no pienses cosas raras, eh, que te conozco.

Juan: ¿Cosas raras como cuáles? ¿Cosas de mayores? (Guiñándole un ojo)

Berenice: (Avergonzada) Eres tonto ¿Eh? (Le da un cachete suave) Jajaja. Me haces enfadar. (Sonríe)

Juan: Y tú boba (Burlándose)

Berenice: (Se le salta la risa) ¡Tú más!



Juan: Si pero bien que te gusta este tonto… (Se burla)

Berenice: No sabes cuanto… (Sonríe)

El chico la abraza y la da un apasionado beso en la boca. Juan la empuja hacia la cuadra. En la penumbra la pareja continúa besándose sin descanso.

Juan: Te amo. (Se besan) Te amo (Se besan) Te amo, te amo, te amo, te amo…. (Sonríe)

Y Juan sigue dándole besos en los labios, en el cuello. Ella se ruboriza y a la vez se pone nerviosa al sentir sus besos y el tacto de su piel.

Berenice: Ya, Juan, por favor… alguien nos puede ver… (Preocupada)

Juan: No me importa… ya te lo dije. Ya nada me importa. (Besándola de nuevo)

El chico se la come a besos cada vez más y más intensos, devorando su boca con una pasión y un deseo incontrolable pero a la vez con ternura y amor. Berenice se deja llevar y responde a los besos de Juan. Ambos se besan durante largo tiempo.

Berenice: No sigas, por favor… (Nerviosa y excitada)

Juan: Te deseo, Berenice… Te quiero… (Besándola, abrazándola contra su pecho)

Berenice: Y yo a ti, Juan. (Sonríe, se besan)

En ese momento la joven comienza a desabrocharle la camisa, acariciando el pecho de él con sus manos. Juan hace lo mismo con la blusa de la joven. Berenice le besa el cuello. Juan le besa el escote y la acaricia sus senos sobre la blusa. Ambos están muy excitados y apasionados, son jóvenes y no pueden controlar la pasión que se despiertan el uno al otro. Pero justo antes de que la cosa pase a mayores, se oye acercarse alguien al patio de cuadras. Una voz masculina se escucha afuera.

Nicolás: ¡Juan! ¿Juan, estás ahí? Tenemos que ir al pueblo a por el pienso. Ya van a ser las cinco. ¡Juan!



Dentro de la cuadra, Berenice y Juan se quedan en silencio, intentando no ser descubiertos. Fuera, Nico sigue buscando a su amigo pero no lo encuentra por ninguna parte. En la cuadra, la pareja contiene la risa por la cómica situación pero a la vez temerosa de que les puedan encontrar juntos. Nicolás se marcha.

Berenice: Uff… por poco… (Avergonzada, se cierra la blusa)

Juan: ¿Ya te vas a ir? (Triste)

Berenice: Sí, he quedado con mi prima Carolina para ir de compras a Hermosillo, lo siento…

Juan: Te quiero (Sonríe tierno)

Berenice: (Sonríe y le da un beso) Perdóname, por favor… (Avergonzada) Te prometo que mañana volveré a verte a la misma hora, ¿sí?

Juan: Ok, está bien… (Resignado)

Berenice: Te quiero Juan, nunca lo olvides. (Se besan)

La chica abre la puerta de la cuadra y tras mirar que nadie la pueda ver, se marcha. Dentro Juan se queda feliz y a la vez ilusionado, mientras se cierra los botones de la camisa.


En el despacho del difunto don Esteban, Doña Abigail abre la caja fuerte donde se encuentra el testamento de su marido así como la misteriosa carta que el abuelo de Berenice guardó en el primer capítulo, días antes de morir en el fatal accidente de coche. Doña Abigail cierra la caja fuerte y acto seguido se sienta al escritorio para leer el testamento así como dicha carta. La dueña de la hacienda se pone las gafas para ver de cerca y lentamente abre el sobre, en segundos doña Abigail comienza a leer la carta…



Abigail: Esta debe ser la investigación que Esteban ordenó hacer sobre Diana… A ver… (Leyendo en silencio) No… esto no puede ser… (Sorprendida y preocupada) ¿Diana es…?

En ese momento la villana entra al despacho sin tocar a la puerta e interrumpiéndola.



Diana: Buenas tardes, querida suegra. ¿Qué? ¿Revisando viejos papeles de don Esteban?

Abigail: Haz el favor de salirte de mi despacho ahora mismo. ¿Quién te ha dado permiso para entrar así acá?

Diana: Ay, no se sulfure Abigail… Vengo del hospital de ver a Fernando y quería comentarle que mi marido sigue igual, por desgracia… Los médicos no dan muchas esperanzas, la verdad me tiene muy preocupada…

Abigail: Cínica… (Enojada) ¿Sabes que esto que tengo aquí? (Mostrándole la carta)

Diana: No, ¿Debería? (Extrañada)

Abigail: Por fin te tengo entre mis manos, desgraciada… Lo sé todo…

Diana: ¿Se puede saber de que habla? ¿Qué es eso? (Mirando la carta)

Abigail: Esto es lo que va a acabar contigo de una vez y para siempre. Nunca estuve de acuerdo en que mi hijo se casara contigo pero por fin tengo en mi poder algo que te va a desenmascarar delante de toda la familia… Dianita… ¿O debería llamarte… Eugenia Peralta?

Diana: (Nerviosa) Ande deje de decir bobadas, por favor… No sé de qué me está hablando.

Abigail: De que sé perfectamente quién eres y que es lo que quieres… Esteban mandó investigarte meses antes de morir porque ni él ni yo confiábamos en ese amor que decías tenerle a mi hijo y mira por donde, querida, lo que acabo de descubrir…

La rubia se acerca al escritorio para tratar de quitarle la carta a Abigail pero la vieja se lo impide.

Diana: ¡Deme eso!

Abigail: Así que Eugenia Peralta… vaya, vaya… (Leyendo el papel) una prostituta barata del puerto de Guaymas… madre de dos hijos, Lorena y Álvaro, ambos de padres desconocidos… Pero aquí viene lo mejor de todo, mi vida… (Leyendo) Prófuga de la justicia por el asesinato de su primer marido… Antonio Guerrero… Chica, este expediente no tiene desperdicio… (Burlándose)

Diana: ¡Todo eso es mentira! No sé quién le habrá dado esa información pero nada de lo que dice ahí es cierto.

Abigail: ¿Ah no? Me da que lo que descubrió el detective le va a gustar mucho a la policía… (Desafiante, agarra el teléfono del escritorio para marcar)

Diana: ¡Usted no va a llamar a nadie vieja estúpida! (Quitándole el teléfono)

Justo en ese instante la abuela de Berenice se pone de pie, acercándose a Diana, ambas quedan frente a frente.



En las cuadras de la hacienda, Juan se encuentra limpiando los establos de los caballos. La joven Lorena, hermanastra de Berenice, le sorprende. La rubia va muy sensualmente vestida con una blusa escotada y una corta minifalda.



Lorena: Hola guapo. ¿Qué, mucho trabajo hoy en la hacienda?

Juan: Sí, bastante… todos los días hay algo que hacer.

Lorena: Pero si hoy es sábado, Juan. ¿Qué tú no libras el fin de semana o qué?

Juan: Si, pero sólo los domingos. Hoy me toca faena.

Lorena: Ay, Juan, deberían haberte dado algo mejor, mi amor. Esto no es para un chavo como tú. Voy a hablar con doña Abigail para decirle que….

Juan: Todo trabajo es digno, señorita Lorena. A mí me gustan mucho los caballos. Además que mi amigo Nico me está enseñando bastante. Es un experto con ellos.

Lorena: Sí, yo sé, yo sé… pero llámame Lore, guapo, para ti, Lore. (Sonríe)

Juan: ¿Y usted no va a salir hoy con sus amigas?

Lorena: No me lo vas a creer pero no tengo planes para esta noche…. ¿Y tú? (Mirándole con deseo, desnudándole con la mirada)

Juan: No, tampoco, supongo que quedaré con Nico a tomar algo y luego me iré pronto a dormir. Mañana voy con mi familia a la playa de San Carlos.

Lorena: ¿En serio? A la playa, que rico… Pero… ¿Dijiste familia? ¿Ya estás casado con lo joven que eres? (Extrañada)

Juan: No… no… que va… Voy con mi madre y mi hermana Sofía. (Sonríe y sigue a su trabajo)

Lorena: Ahm… entiendo…

Juan: ¿Y usted, es casada?

Lorena: No, mi vida… ni siquiera tengo novio…. ¿Cómo la ves?

Juan: No me lo creo… una chica tan guapa tiene que tener novio.

Lorena: (Avergonzada) ¿De veras que te parezco guapa? (Ilusionada)

Juan: Claro, cualquier chavo del pueblo estaría encantado de salir con usted.

Lorena: ¿Te puedo hacer una pregunta?

Juan: Sí, claro, dígame. (Terminando su tarea)

Lorena: Te gustaría que quedáramos para salir esta noche a tomar algo y dar una vuelta por el pueblo… no sé… (Coqueteando)

Juan: Lo siento es que…

Lorena: ¿Estás rechazando mi invitación? ¿No dijiste que no tenías planes?

Juan: Es que… bueno no quiero mentirle, hay una chica que me gusta y bueno yo no quiero ahora salir con nadie más. Sólo me interesa ella, de veras que agradezco mucho su invitación pero no puedo aceptarla. Lo siento.

Lorena: Ok… otra vez será… (Pensando: Maldita Berenice, estúpida roba-hombres… Pues si te crees que te voy a dejar el camino libre con Juan ahora que ya no estás con Daniel vas lista… De eso nada…)

Juan: ¿En que piensa señorita? (Extrañado) Se quedó callada.

Lorena: En nada, Juan, en nada… cosas mías. Bueno te dejo, nos vemos. (Se marcha)

Juan: Hasta luego, señorita.

Lorena: Se me olvidaba decirte algo… (Volteando)

Juan: ¿Sí? (Sorprendido)

Lorena: Te sienta muy bien esa camisa (Sonríe) Chao.

Juan: Gracias… (Sonríe)


En la mansión, en el piso de arriba, Abigail y Diana siguen discutiendo en el despacho.



Abigail: Te voy a hundir, desgraciada. Veremos cuando mi hijo y mi nieta se enteren de la clase de mujerzuela que eres. Te van a poner de patitas en la calle. ¡Farsante!

En ese momento Diana le sacude una fortísima bofetada a Abigail.

Diana: ¡CÁLLESE! (Tomando de la mesa un abrecartas similar a un cuchillo y amenazándola) Ustedes le robaron a mi padre esta hacienda y yo estoy aquí por lo que es mío. Estas tierras me pertenecen. Esteban y usted fueron unos ladrones que le quitaron a MI FAMILIA lo que tantos años de sacrificio nos costó tener.

Abigail: ¡Eso es mentira! Tu padre estaba lleno de deudas, debía mucho dinero a Esteban y en garantía a esos préstamos los avaló con la hacienda.

Diana: Ladrones… por su culpa mi padre terminó alcohólico, mi madre le abandonó y nos vimos en la más absoluta pobreza. Cuando él murió de cirrosis juré que me vengaría de todos ustedes, empezando por el malnacido de Esteban y terminando por la estúpida de Berenice. (Furiosa)

Abigail: Estás completamente loca… no sabes lo que dices. Las cosas no fueron así.

Diana: Durante años tuve que vender mi cuerpo para poder sobrevivir… tuve que aguantar borrachos, viejos babosos, marineros sin educación… ¡Todo por su culpa vieja maldita! Pero les voy a destruir, voy a acabar con toda su familia. Lo juro por la memoria de mi padre. (Rabiosa)

Abigail: (Desafiante) Nos tenías bien engañados…. Miserable, usurpadora… eres una criminal, una asesina… Estoy segura de que fuiste tú quien provoco el accidente el día de la boda… ¡Víbora! Siempre sospeché que escondías algo… siempre.

Diana: Haga el favor de cerrar el pico de una vez anciana decrépita. (Apuntándola con el abrecartas, furiosa y llena de ira)

Abigail: ¿Qué? ¿Qué vas hacer? ¿Me vas a matar? En cuanto yo diera un par de voces tendrías a toda la familia en esta habitación. No podrás hacer nada.

Diana: ¿Ah no? Vaya, vaya… así que nos salió valiente la vieja… Lo que me faltaba…

En segundos, Diana la agarra del brazo retorciéndoselo y colocándoselo tras la espalda al mismo tiempo que pone el abrecartas en el cuello de Abigail presionando con fuerza para someterla. La abuela de Berenice queda inmovilizada sin poder defenderse.

Diana: ¿Qué? ¿Ahora quién tiene la sartén por el mango, eh? Jajaja.

Abigail: Vas a pagar por todos tus crímenes… te lo juro. La muerte de Esteban no va a quedar impune.

Diana: Me parece que usted no está en condiciones de jurar nada… (Desafiante)

Abigail: ¡Berenice! ¡Carolina! (Pidiendo ayuda) ¡Socorro!

Diana: ¡Cállese de una vez! (Pinchando con el abrecartas en el cuello de Abigail)

Abigail: Ahh… (Sangrando)

Diana: No voy a permitir que usted me delate y más ahora que mis planes estaban saliendo a la perfección… Ahora me toca a mí.

En ese momento Diana lleva a Abigail hacia el balcón del despacho. Estamos en el primer piso de la mansión. La villana observa que no hay nadie rondando por los alrededores de la casa ni por la hacienda.

Abigail: ¡Suéltame desgraciada! ¡Que me sueltes te digo! (Nerviosa) ¿Qué vas a hacer? (Revolviéndose sin éxito, asustada)

Diana: Hoy voy a hacer lo que debí haber hecho hace tiempo con usted, vejestorio, la voy a enviar derechita al infierno… (Amenazante)

La pobre Abigail trata de forcejear con Diana, ambas mujeres luchan en el balcón de la casa. Abigail logra quitarle el abrecartas a la rubia, el cual cae al piso. Diana la pega una fortísima bofetada a su suegra. Abigail la agarra del cuello intentando ahogar a su nuera. La rubia la tira del cabello y logra defenderse. La pelea transcurre en cuestión de segundos en medio de mucha tensión y música incidental. Las dos mujeres luchan sin descanso. Abigail la suelta una fuerte cachetada a Diana pero la rubia se la devuelve con la misma saña.

Diana arrincona a doña Abigail de un empujón contra la negra barandilla de hierro y la magistral jugada sale tal cual la villana espera… Diana la agarra de las piernas y con fuerza la levanta para tirarla por el balcón. La abuela de Berenice no puede evitarlo, Abigail pierde el equilibrio cayendo brutalmente de espaldas por el balcón. La pobre mujer cae dando la vuelta desde una altura de unos 5 metros en el elegante jardín de la mansión sobre una espectacular mesa con tablero de cristal tallado, con un centro de flores, rodeada por 6 sillas blancas de metal. La música incidental sube de volumen. Desde el balcón, Diana mira a su suegra mientras sonríe con malicia y felicidad. La abuela de Berenice yace boca arriba, sobre los restos de vidrio rotos en el césped del jardín, bañada en un charco de sangre. Sus ojos abiertos y las pupilas dilatadas delatan una verdadera tragedia. Abigail acaba de fallecer asesinada por Diana.

CONTINUARA…


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