BERENICE
CAPITULO 6: ENFRENTADOS POR TI
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”
En el porche de la casa, junto al jardín, Berenice y su amiga Jessica conversan, en ese momento Juan llega repentinamente y las interrumpe.
Juan: ¡Buenas! ¿Qué hacen? ¿Jugando a las cartas? (Sonríe)
Berenice: Hola Juan (Sonríe).
Jessica: ¿Oye rica que yo estoy pintada en la pared o qué? (Molesta)
Juan: Jajajaja.
Berenice: ¡Disculpa! Juan, te presento a mi amiga Jessica, Jessica este es Juan, trabaja aquí en la hacienda con los caballos.
Jessica: ¡Encantada papachongo! (Se levanta y le da dos besos en las mejillas a Juan) ¿A si que tu eres el famoso don Juan, ah?
Juan: ¿Don Juan? (Extrañado)
Berenice: No la hagas caso, Jessica está un poco loca… (Sonríe)
Jessica: Sí, sí, loca… (Le hace burla a Berenice)
Juan: ¿Bueno y quien ganó al final la partida?
Jessica: Ninguna, es que estaba echándole las cartas a la Bere y…
Berenice: Tonterías, ya sabes… yo no creo en esas cosas.
Juan: Yo tampoco, la verdad. (Sonríe)
Jessica: No sabes cuanto me ha hablado la Bere de ti, que Juan esto, Juan lo otro… Juan para arriba y para abajo todo el día mijo, me tiene aburridita.
Berenice: ¡Jessica! (Molesta y avergonzada pero a vez muerta de risa) ¡Ya deja a Juan en paz, anda!
Juan: No si no me molesta, me resulta muy divertida tu amiga. (Sonríe)
Jessica: ¿Verdad que si? Ay Juancho, ahora que te conozco ya sé porque la Bere está tan…
Berenice: Tan nada… No la hagas caso.
Juan: No, no, dime. ¿Tan…?
Jessica: Mejor me callo… (Mirando al cielo, silbando)
Juan: Jajajaja. ¿Cuánta intriga con ustedes dos, eh?
Jessica: Bueno cuatachonga, yo me voy que me voy, que he quedado con un chico.
Berenice: ¿Ah, sí? ¿Y con quien si se puede saber?
Jessica: Se dice el pecado pero no el pecadooorrrr! (Agarrando su bolso) Bueno Juan, encantada, te dejo en buena compañía. (Guiñándole un ojo a Berenice) ¡Byeeeee!
Juan: Chao, señorita. (Sonríe, aguantando la risa)
PUEBLO DE SANTA VICTORIA
CASA DE JUAN
Doña María, la mamá de Juan, platica con Nuria. Ambas en la cocina mientras María prepara la cena.
Nuria: Mis padres se quieren mudar a la capital, María.
María: Ay hija, te vamos a echar mucho de menos. (Triste)
Nuria: Tal vez sea lo mejor para mí…
María: ¿Por qué dices eso? ¿Acaso no te gusta la vida en el pueblo?
Nuria: Me encanta el pueblo, María pero… tengo que olvidarme de alguien…
María: A poco y te enamoraste de un chico… ay Nuria, que calladito te lo tenías, mija.
Nuria: Si, pero el no me quiere a mí.
María: ¿Y quien es el chavo si puede saberse?
Nuria: Es su hijo, Juan.
María: ¿Qué? (Sorprendida) ¿Cómo así que Juan no te quiere?
Nuria: Dice que sólo me ve como amiga… Creo que este viaje me vendrá bien para olvidarlo… bueno, para que mentir, si nunca lo voy a olvidar… (Triste)
María: Nuria… (Triste)
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”
En el porche de la casa, Juan y Berenice prosiguen hablando.
Berenice: De veras Juan, perdónala, a veces me da la sensación de que está operada del cerebro o algo…
Juan: Jajajaja, que mala. A mi me parece muy simpática y graciosa.
Berenice: A ratos… ¡Porque tiene días que no hay quien la aguante! Jajaja.
Juan: Jajajaja. ¿Puedo sentarme contigo un momento?
Berenice: Adelante.
Juan: (Sentándose a la mesa con ella) Si vine a esta hora es porque quería hablar contigo de lo que pasó en el patio de cuadras…
Berenice: Ay Juan, mejor olvidemos eso, hagamos como si no hubiera pasado y ya. No quiero que te hagas ilusiones conmigo.
Juan: ¿Pero por qué? A ti te gustó tanto ese beso como a mí, no me digas que no. Te sentí.
Berenice: No se de que me hablas… (Avergonzada, baja la mirada)
Juan: Por favor, Berenice, mírame. (Ella alza la vista)
Berenice: Lo que pasó no se va a volver a repetir nunca más. ¿Entendiste? No quiero hacerte daño.
Juan: ¿Hacerme daño? ¿Hacerme daño de qué? Al contrario, no me había sentido más feliz en toda mi vida. (Sonríe y la toma de una mano)
Berenice: No empieces otra vez Juan, te lo pido. (Retirando la mano) Te dije que esto no puede ser, yo tengo novio y voy a casarme con él.
Juan: ¿Después de lo del accidente te vas a casar con Daniel?
Berenice: ¿Y eso que tiene que ver? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
Juan: Nada, pero me parece muy precipitado el hecho de que quieras casarte tan pronto cuando apenas te estás recuperando. Hace poco que saliste del hospital.
Berenice: Yo no he dicho que tenga que ser ahora, puede ser dentro de un mes, dos…
Juan: ¿Eso quiere decir que yo no significo nada para ti, verdad? (Molesto)
Berenice: No es eso… (Triste)
Juan: ¿Y entonces? Pensé que yo te gustaba… (Decepcionado) Claro como tu novio es rico y yo soy un pobre peón…
Berenice: Qué poco me conoces, de verdad… (Molesta) ¿Cómo te atreves a decirme eso?
Juan: Lo siento… (Baja la mirada)
Berenice: Te dije cuando te conocí que yo valoro a la gente por lo que llevan dentro, no por si tienen dinero o no lo tienen. A mí eso no me importa. Es más a veces me gustaría ser una chava como las demás, vivir en el pueblo en una casita sencilla y dar clases en la escuela donde estudié.
Juan: ¿Y por qué no lo haces?
Berenice: Porque las cosas no son tan fáciles, Juan.
Juan: Lo serían si le echaras ganas. Es cuestión de proponérselo.
Berenice: Hace unos meses terminé la carrera de magisterio y yo quería ser la nueva maestra de Santa Victoria, junto con mi amiga Jessica, pero aunque haga la solicitud no creo que me contraten.
Juan: Sé que las cosas están muy crudas en el trabajo ahora y que es muy difícil colocarse pero no pierdas las esperanzas. Si tú quieres ser profesora en la escuela del pueblo, estoy seguro de que lo serás.
Berenice: Mi padre y mi abuela no lo aceptarían…
Juan: ¿Por?
Berenice: Siempre han querido que yo fuera una ejecutiva, una empresaria y a mi la verdad…
GUAYMAS
HOSPITAL CENTRAL DE GUAYMAS
En la habitación donde permanece don Fernando ingresado y en estado de coma, su madre doña Abigail habla consigo misma mientras le observa.
Abigail: Hijo… hijo… ¿Cuándo será que saldrás de ese estado? Tengo que saber si esa mujer provocó el accidente, estoy segura de que fue Diana. Nunca me gustó esa arrivista. Pero no tengo como demostrarlo…
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”
En el porche de la casa…
Juan: No te gusta el mundo de los negocios ¿Verdad?
Berenice: Durante años he ayudado en todo en la empresa y si me gusta pero no es mi vocación. Yo quiero enseñar a los niños.
Juan: Pues hazlo, ¿A qué esperas para echar esta solicitud entonces?
Berenice: No sé… ya veré que hago… Ahora lo que más me importa es que mi padre salga pronto del hospital.
Juan: ¿Todavía sigue en coma?
Berenice: Sí, pero los médicos tampoco dan muchas esperanzas. No sabemos cuánto tiempo puede estar así.
Juan: Lo siento, pero no te preocupes, verás como pronto saldrá de esta. Apenas le conozco, sólo cruzamos dos palabras el día que empecé a trabajar en la hacienda pero me pareció buena gente.
Berenice: Y lo es… lo que pasa que desde que se casó con Diana…
Juan: Diana es la madre de Lorena, ¿Verdad?
Berenice: Sí ¿Por qué?
Juan: No por nada…
Berenice: ¿Te gusta Lorena? (Celosa)
Juan: No, no, claro que no, ¿Por qué piensas eso? (Extrañado)
Berenice: No si yo no digo nada…
Juan: A mí no me interesa otra mujer que no seas tú y lo sabes.
Berenice: Eso se lo dirás a todas… ya me conozco a los chavos como tú.
Juan: ¿Ah sí? ¿Y cómo son esos chavos según tú, a ver?
Berenice: Vanidosos, mujeriegos, de esos que endulzan el oído de cuanta chica se les cruza por delante para llevárselas a la cama y luego si te he visto no me acuerdo… (Enojada)
Juan: ¿En serio crees que yo soy así? (Sorprendido) Ahora creo que la que no me conoce eres tú a mí.
Berenice: Era broma. (Burlándose)
Juan: ¡Como eres eh! ¡Mira, mejor me marcho porque no tengo ganas de volver a discutir contigo! (Finge enfadarse y se levanta de la silla para irse)
Berenice: ¡Espera Juan! (Agarrándole de la mano) No te vayas (preocupada)
Juan: Ya me has dicho todo lo que me tenías que decir. Para ti solo soy un creído mujeriego… (Enojado, fingiendo)
Berenice: Por favor, perdóname. No te enojes conmigo, no lo soporto (Triste) No me gusta cuando peleamos.
Juan: (Sentándose de nuevo) ¿No te gusta pelear conmigo? ¿Por qué si no somos nada?
Berenice: Somos amigos. ¿no?
Juan: Si pero… no entiendo porque te afecta tanto el hecho de que yo me enfade o me deje de enfadar contigo.
Berenice: Ay Juan… (Nerviosa)
Juan: ¿Qué pasa? ¿Por qué no eres clara conmigo? Siempre me dices las cosas a medias, la verdad que no te entiendo.
Berenice: Yo sé que no me entiendes pero… es que la cosas no son tan fáciles, yo no puedo dejar a Daniel así como así de la noche a la mañana. No estoy segura de lo que siento. Yo a él le quiero.
Juan: Si de verdad le quisieras nunca me habrías besado y lo sabes.
Berenice: ¡Yo no te besé! Fuiste tú quien me besó a mí.
Juan: ¡Si, pero bien que te dejaste! Mira, no quiero pelear, es mejor que me marche y fin del tema. Estoy pensando seriamente en dejar la hacienda porque esto no va a salir bien. Al final nos vamos a hacer daño los dos.
Berenice: ¡No te vayas! ¡Te prohibo que dejes la hacienda!
Juan: Tu no puedes prohibirme a mí nada, Berenice. Soy tu empleado, no tu esclavo.
Berenice: Por favor… no te vayas… no seas así.
Juan: Yo te quiero, me gustas mucho, demasiado y no voy a poder verte todos los días sabiendo que nunca te voy a tener…. (Triste)
Berenice: Juan… (Emocionada)
PUEBLO DE SANTA VICTORIA
CASA DE CAYETANO
En la cama, el villano charla con Diana, ambos semidesnudos después de haber hecho el amor. La rubia abrazada al pecho de su amante, le cuenta sus planes.
Diana: Mi amor, pero que rico me lo haces siempre, mmm… (Se besan)
Cayetano: Ya sabes que me vuelven loco tus curvas, mi chula. (Agarrándole un muslo)
Diana: He pensado que tal vez lo mejor sea esperar un tiempo para acabar con Fernando. Si lo hacemos pronto van a sospechar y ya tengo a la vieja con los ojos encima. No podemos arriesgarnos.
Cayetano: No te preocupes por eso. Dejemos que ese imbécil se pase una temporadita en el hospital, a poco y con suerte y nunca despierte del coma.
Diana: Ojalá que así sea… pero yo lo quiero muerto, Cayetano, muerto. Es la única forma de ir eliminando herederos. Luego ya nos encargaríamos de la estúpida de Berenice.
Cayetano: Y si Lorena se casa con Daniel Miranda, seremos ricos…
Diana: Y dueños de dos haciendas, mi vida. Es toda una fortuna la que nos espera, por eso hay que actuar con cautela.
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”
En el porche de la mansión, Berenice y Juan continúan su conversación. Ya comienza a oscurecer.
Juan: Por favor… dame una oportunidad. Te prometo que no te vas arrepentir. (Sonríe)
Berenice: No puedo, Juan, no puedo… Que más quisiera yo que corresponderte pero no puedo.
Juan: No puedes porque no quieres. Si quisieras verías como si podrías. Yo sé que no amas a Daniel, por eso sientes todo esto por mí aunque te niegues a admitirlo. Lo sé.
Berenice: Ya, por favor… no sigas…
Juan: Yo te gusto. Lo veo en tu mirada, lo noto en como se te pone la piel de gallina cuando te toco. En cómo te estremeces cuando te beso… ¿Por qué te niegas a ti misma a sentir esto? ¿Por qué?
Berenice: Porque tengo novio, Juan.
Juan: ¡Al diablo con Daniel! Berenice, por favor, te estás negando la posibilidad de ser feliz de verdad.
Berenice: ¡Ya basta Juan!
Juan: Está bien… como quieras…
Berenice: Si quieres dejar la hacienda, ok, eres libre de hacer lo que quieras, ya no te voy a tratar de convencer de lo contrario.
Juan: Ok, me parece bien. (Enojado)
Berenice: Pero una cosa te digo, si te vas…
Juan: ¿Qué? ¿Qué pasa si me voy?
Berenice: Nada… (Se le saltan las lágrimas y rompe a llorar)
Juan: No… no llores por favor…(Triste, la acaricia la mejilla con ternura)
Berenice: Juan… (Llorando)
Juan: Te amo… por favor perdóname por ser tan bruto a veces es que… es que… (Emocionado)
Berenice: Tú no tienes la culpa, la única culpable de sentir esto soy yo. (Llorando)
Juan: No llores, no me gusta verte llorar. (Tomándola del rostro con ambas manos, los dos se miran a los ojos fijamente, Juan se emociona)
Berenice: No puedo, Juan… lo siento… (Llorando desconsolada)
Juan: Está bien… (Se le saltan las lágrimas) Está bien… no te voy a molestar más, te lo juro.
Berenice: No quiero que dejes de ser mi amigo por esto. Prométeme que nunca dejarás de ser mi amigo, por favor. No quiero perderte.
Juan: No me vas a perder jamás, te prometo que siempre seré tu amigo, siempre… (En ese momento una lágrima se escapa de su ojo derecho surcando su rostro)
Berenice: Perdóname, yo no quiero hacerte daño. Tú no te mereces esto. Lo siento. Soy una estúpida…
Juan: No digas eso, no lo eres.
Berenice: Dejé que te ilusionaras conmigo y ve lo que ha pasado. Ahora los dos vamos a salir lastimados con esto.
Juan: Mañana hablaré con tu abuela para decirle que dejo mi puesto como peón. Será lo mejor para los dos.
Berenice: Está bien… (Llorando, resignada)
Juan: Y ahora sí, debo irme… Se me hace tarde y Nico me está esperando para regresar al pueblo.
Berenice: OK, tengan cuidado con la camioneta. ¿Sí?
Juan: No te preocupes, conduzco yo (Sonríe) Nico es un peligro público… Se cree Fernando Alonso (un piloto de Formula 1)
Berenice: Jajajaja. (Sonríe) Tú y tus bromas, de veras, que no sé como haces para estar siempre de buen humor a pesar de todo.
Juan: A veces la procesión va por dentro, Berenice.
Berenice: Lo sé.
Juan: Nos vemos mañana, ¿Ok? Cuídate mucho y ya no llores. (Sonríe y la besa en la mejilla)
Berenice: Chao Juan, hasta mañana. (Sonríe entre lágrimas)
Juan: ¡Chao! (Se marcha)
La joven se queda pensativa, en la soledad del porche. Ya está anocheciendo y Berenice no puede reprimir las lágrimas al pensar en Juan y en que puede perderlo para siempre si no le da una oportunidad. ¿Por qué se niega a ser feliz? ¿Por qué?
Berenice entra en la casa, en el salón principal donde se encuentra su novio Daniel esperándola. Muy serio y algo nervioso, Daniel la recibe sin siquiera darle un beso de bienvenida.
Daniel: Contigo quería yo hablar…¿Tú te crees que son estas horas de llegar a la casa?
Berenice: ¿Qué pasa Daniel? ¿Por qué me hablas así?
Daniel: ¿Qué que me pasa? Pasa que acabo de verles a ti y al naco de Juan platicando muy “cariñosos” en el porche. (Furioso)
Berenice: Ay Daniel… eso… eso tiene una explicación… No es lo que estás pensando.
Daniel: ¿Ah no? ¿Y de cuando a acá permites que uno de los peones de la hacienda te agarre de la mano, te limpie las lágrimas y hasta se atreva a besarte en la mejilla? ¿Me lo puedes explicar? ¿Qué confianzas son esas? (Enojado)
Berenice: Juan es mi amigo, le estaba contando sobre lo de la escuela y que quiero dar clases en el pueblo y como lo veo tan difícil me puse a llorar y entonces él…
Daniel: ¡Y entonces nada! ¡Eres una descarada! En el porche de la casa, donde todo el mundo les ha podido ver. ¿Qué va a decir ahora de mi la gente? ¿Eh? Me has hecho quedar como un cornudo delante de todos los peones.
Berenice: Eso no es así. Estas viendo fantasmas donde no los hay. Además nadie nos vio.
Daniel: No, nadie cómo no… La imbécil de tu amiga Jessica la primera. Esa siempre te anda alcahueteando todo.
Berenice: No la insultes, ella no tiene nada que ver con esto. A Jessica la respetas. ¿Está claro?
Daniel: A Jessica sí… (Se acerca agarrando a Berenice de un brazo fuertemente)
Berenice: Suéltame, me haces daño… (Nerviosa)
Daniel: Pero a ti… a ti debería darte una paliza por adúltera (Desafiante)
Berenice: ¡Te he dicho que me sueltes! (Se suelta de él)
Daniel: Te juro por lo más sagrado que si llego a descubrir que tú y el muerto de hambre ese andan juntos no te le vas a acabar. ¡TE LO JURO POR DIOS! (Furioso)
Berenice: Cálmate y déjame explicarte. Te acabo de decir la verdad, entre Juan y yo, no hay nada, sólo una bonita amistad. Nada más.
Daniel: ¿Una bonita amistad? Por favor no me hagas reir…
Berenice: Allá tu si no me crees…
Daniel: Ese naco anda buscando fiesta pero con MI novia no la va a tener, antes lo mato.
Berenice: Estás loco, Daniel… (Asustada)
Daniel: Si vuelvo a verle cerca de ti, te prometo que me va a conocer. Por cierto… aquellas rosas blancas del hospital nunca me dijiste de quien eran…
Berenice: Daniel, por favor, ya basta…
Daniel: Eran del tal Juan… ¿Verdad?
Berenice: Sí ¿y qué? Al menos él si tuvo el detalle de regalarme algo por el accidente, no como otros…
Daniel: ¡Y encima le defiendes! ¡Eres una descarada! ¡Golfa! (Rabioso y fuera de sí)
Berenice: Mira, Daniel, o te calmas o te vas a tu casa, pero a mí no me vas a faltar al respeto porque no te lo consiento. Si no se lo permito a mi padre no pienso aguantartelo a ti.
Daniel: ¡CÁLLATE! (Pegándole una fortísima bofetada, el sonido llena la escena, escuchamos música incidental)
La joven pierde el equilibrio y cae sobre el sofá por la brutal agresión. Daniel ha perdido los nervios y le ha pegado a su novia, cosa que jamás antes había hecho.
Berenice: (Asustada en el sofá) ¿Cómo te atreves? (Se le saltan las lágrimas)
Daniel: ¡Esto para que aprendas a respetar a tu hombre! ¡Aquí el que manda soy yo! No voy a dejar que me veas la cara de idiota. La próxima vez que te vuelva a ver con Juan…
Berenice: Esto no se va a quedar así… (Se levanta del sofá, llevándose una mano a la boca, Daniel le ha roto el labio)
En ese momento el villano se marcha de la mansión dando un fuerte portazo. Berenice se queda llorando en el salón, asustada pero a la vez muy preocupada. Su prima Carolina aparece de repente, bajando las escaleras y se encuentra con ella en la sala.
Carolina: ¿Berenice qué te pasa? ¿Por qué lloras?
Berenice: Discutí con Daniel, prima…
Carolina: Pero… (Viéndole el labio) ¿Pero que te ha hecho? No me digas que…
Berenice: Me pegó, Carol, se atrevió a golpearme… (Se abrazan, Berenice llora desconsolada)
Carolina: No puedes permitir que te ponga una mano encima, prima. Si Daniel se atrevió a pegarte eso quiere decir que lo va a hacer más veces. Tienes que romper con él.
Berenice: (Suspirando) Me vió con un peón hablando y…
Carolina: ¿Y por eso se puso así de animal? ¿Pero tu novio está loco o que le pasa? No me imaginaba que fuera tan celoso.
Berenice: El problema es que tenía motivos para estarlo, Carolina.
Carolina: ¿Cómo así? ¿Encima lo vas a justificar?
Berenice: No, yo no le estoy justificando. Sólo digo que… ay prima.
Carolina: Cuéntame la verdad, Berenice. ¿Qué está pasando?
Berenice: ¿Conoces a Juan, el nuevo peón?
Carolina: Sí, claro, es amigo de Nicolás.
Berenice: Juan quiere conmigo, Carol, y yo… yo…
Carolina: No me digas que también te gusta él… Ay Diosito la que se va a liar…
Berenice: Daniel sospecha que entre Juan y yo hay algo más que amistad pero te juro que entre él y yo no ha pasado nada.
Carolina: ¿Seguro?
Berenice: Bueno… Juan me besó pero eso Daniel no lo sabe.
Carolina: ¡AY PRIMA! No sabes en la que te estás metiendo. Si Daniel llega a enterarse de eso capaz y muele a golpes a ese pobre muchacho.
Berenice: Por eso tengo miedo, Carol.
Carolina: Deberías contarle todo esto a tu abuela. Estoy segura que doña Abigail lo entendería.
Berenice: Por ahora prefiero no decir nada de esto a nadie. Dame tiempo… Es igual que lo tuyo con Nicolás. Por cierto ¿Ya le dijiste lo de tu embarazo?
Carolina: Sí, ya lo sabe. Me ha dicho que en cuanto tu papá salga del hospital nos casaremos.
AL DÍA SIGUIENTE
PUEBLO DE SANTA VICTORIA
Álvaro se encuentra tomando unas cervezas en la terraza del bar del pueblo, en ese momento aparece paseando por la calle, una llamativa y sensual mujer en minifalda, ella es nada más y nada menos que... !Jéssica! Álvaro se la queda mirando. Escuchamos música mientras Jessica camina y es que esta chica es toda una "bomba sexual". Todos los hombres del pueblo voltean a verla. El humor en "Berenice" no da tregua...
Arrasando - Thalía
!Arrasando con la vida! !Cosechando la alegría!
!No hay obstáculo que me impida, disfrutar de un nuevo día!
!Arrasando con lo bueno, desechando con lo malo!
!No hay oscuridad que cubra esta luz que me deslumbra!
HACIENDA “CASTILLA-ALCARAZ”
En el patio de cuadras, Juan conversa con su amigo Nicolás. El rubio se encuentra poniendo una silla de montar a un caballo negro. Juan, mientras, apila un montón de paja contra la pared con una brienda.
Nicolás: Acabo de hablar con Carolina y… hay algo que creo que deberías saber…
Juan: Tú dirás… (Apilando la paja)
Nicolás: Anoche cuando nos fuimos para el pueblo, Berenice y su novio tuvieron una discusión en la casa. Carolina me lo ha contado todo esta mañana al llegar.
Juan: ¿Una discusión? (Dejando el trabajo) ¿Y por qué si se puede saber?
Nicolás: Pues a cuenta tuya, por lo que parece.
Juan: ¿Qué? ¿A cuenta mía y por qué?
Nicolás: Como si no lo supieras… Daniel los vio en el porche y le armó tremendo pleito a Berenice por tu culpa. Eres un inconsciente.
Juan: A mí no me reclames porque si ese tipo nos vio o no, es su problema. A mí Berenice me gusta y no me importa que tenga novio. ¿Entiendes?
Nicolás: No te enfades conmigo. Sólo te digo lo que Carolina me ha contado. Deberías ser mas prudente. ¿Qué quieres? ¿Qué esa chica tenga problemas en su relación por ti? Estás loco, amigo, loco.
Juan: Berenice me quiere, yo lo sé.
Nicolás: Pues no lo parece, porque si así fuera no estaría jugando a dos bandas.
Juan: ¡Eso no es cierto!
Nicolás: A ver, dime, si tanto le gustas ¿A que espera para dejar a ese riquillo de porquería?
Juan: No lo sé, creo tiene miedo a la reacción de su familia o qué se yo…
Nicolás: Y a la de su novio… porque anoche hubo más que palabras en esa casa.
Juan: ¿De que estás hablando?
Nicolás: Daniel la pegó, Juan.
Juan: ¿QUÉEEE? (Alucinando, en ese momento la ira se apodera de él)
Nicolás: Lo que oyes, ese tipo se atrevió a golpearla porque que la vio contigo en actitud… “cariñosa”
Juan: Esto no se va a quedar así… ¡Se va a enterar ese imbécil! (Se marcha a la carrera)
Nicolás: ¡Juan! ¿A dónde vas, Juan? No vayas a hacer una locura. ¡Juan! (Nico sale tras él)
No muy lejos de allí, en la mansión de la familia Alcaraz, Daniel se encuentra en el despacho de don Esteban, que en paz descanse, revisando unos papeles y buscando el testamento del abuelo de Berenice. Daniel quiere saber si su novia es la heredera universal del viejo o no. De esa herencia depende el hecho de que se case con ella o no. Daniel deja unos papeles en el escritorio pero justo en ese momento Juan irrumpe en el despacho de forma repentina y sin mediar palabra le pega un sonoro y fortísimo puñetazo a Daniel. El novio de Berenice se queda extrañado por la acción de Juan.
Juan: ¡ERES UN DESGRACIADO! ¿Cómo te atreviste a pegarla? ¡Cobarde!
Daniel: ¿Pero tú quien te crees que eres para golpearme? ¡Maldito muerto de hambre!
Justo en ese instante, Daniel le devuelve el puñetazo a Juan empujándolo contra un mueblebar.
Juan: Cobarde, poco hombre… ¿Qué no te enseñaron a respetar a las mujeres? (Furioso)
Daniel: Berenice es MI novia y ni tú ni nadie va a venir a mí a decirme cómo tengo que tratarla. ¿Está claro indio miserable?
Juan: Hijo de…
Daniel: Cuidado con lo que vas a decir… Hazme el favor y te me largas ahora mismo de aquí. Voy a hablar con doña Abigail para que te saquen de aquí a patadas.
Juan: Eso está por verse… (Desafiante)
Daniel: He dicho que te vas a ir de aquí por las buenas…. (Sacudiéndole otro puñetazo) ¡O POR LAS MALAS!
Al mismo tiempo Juan le devuelve el puñetazo con fuerza. Ambos chicos se enzarzan en una gran pelea en el despacho de don Esteban. El escándalo se oye por toda la mansión. En ese momento entran el despacho Berenice, Álvaro, Nicolás y doña Abigail. En la habitación Daniel y Juan siguen cayéndose a golpes.
CONTINUARA…
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