BERENICE
CAPITULO 9: PORQUE TE AMO
AEROPUERTO INTERNACIONAL BENITO JUAREZ, CIUDAD DE MÉXICO
En el área de salidas del aeropuerto, junto al control de pasajeros, Juan continúa llamando a Berenice a gritos delante de todos los viajeros. El chico es sujetado por dos policías que intentan llevárselo del lugar. Jessica mira a Berenice a lo lejos, la morena no puede contener el llanto al ver como los guardias se llevan a Juan sin remedio. Por megafonía se escucha la última llamada de su vuelo. En ese instante Berenice ve el rostro de Juan, deshecho en lágrimas y en dolor. La joven siente que se le parte el corazón y no es capaz de cruzar de la puerta de embarque. Una azafata le pide su pasaporte.
Azafata: Señorita, por favor, es la última en abordar el avión. El vuelo va a despegar en 10 minutos.
En los controles Jessica llora al ver a Juan sufriendo por su amiga y se siente impotente por no poder ayudarlo. Junto a la puerta de embarque Berenice permanece en silencio. La azafata le insiste nuevamente, pero al verla con lágrimas en los ojos le pregunta.
Azafata: ¿Señorita? ¿Se encuentra bien?
Berenice: Si… (Mirando a Juan a lo lejos) Sí… perdone…
Azafata: Su pasaporte y la tarjeta de embarque.
La joven le entrega la documentación, mientras no deja de voltear la mirada hacia Juan y Jessica.
En la distancia, Juan sigue llamándola a voces delante de todos los pasajeros. Los policías no pueden controlarlo, Juan se les escapa de las manos y cruza el umbral del detector de metales. Jessica se queda sin palabras ante tal reacción. Los policías salen tras el chico a la carrera, Juan corre a toda prisa para impedir que la chica que ama se suba al avión. Berenice está a punto de cruzar la puerta de embarque. Juan corre en su busca, por un momento se choca con un señor y se cae al suelo pero inmediatamente se pone de pie y sigue su camino en medio de la gente. Los policías no le dan alcance.
Juan: ¡Berenice, no te vayas! ¡No me dejes!
La chica atraviesa la puerta de embarque, la azafata cierra el portón segundos antes de que Juan llegue junto a ella.
El joven intenta por todos los medios de detener la salida del avión. Los policías le pierden de vista entre la muchedumbre y no logran divisar dónde se encuentra Juan. Los avisos de salidas y llegadas del aeropuerto continúan.
Megafonía: Pasajeros del vuelo AR1557 destino Buenos Aires, embarque por puerta 25B, Buenos Aires puerta 25B.
Nuestro protagonista llega finalmente, y agotado por la intensa carrera, a la puerta de embarque del vuelo a Madrid.
Juan: Por favor señorita, abra esa puerta, por favor, se lo pido, ábrala por favor… (Llorando)
Azafata: Lo siento, señor, el vuelo va a despegar.
Juan: Se lo ruego, mi novia viaja en este avión. Necesito hablar con ella, por favor… no me haga esto. (Rogándole)
Azafata: No puedo, joven, ya se lo he dicho, si le dejo pasar me metería en problemas a mí. Es el reglamento. (La chica se emociona al verle llorar)
Juan se lleva las manos a la cabeza, no puede creerse que haya llegado tarde al aeropuerto. El joven da un puñetazo en la puerta de embarque, ante la mirada de la azafata. Juan se derrumba de dolor y desesperación, el llanto es incontrolable. Juan se acerca a los ventanales del aeropuerto. El avión de Iberia se dirige hacia las pistas.
Azafata: ¿Se siente bien, joven? De veras que lo siento… (Apenada)
Juan: No importa… lo entiendo… es su trabajo… más lo siento yo… (Triste)
El avión aumenta la velocidad en pista, en segundos el aparato levanta las ruedas del suelo. El inmenso boeing 747 despega de México rumbo a España.
HACIENDA CASTILLA-ALCARAZ, SONORA
En el salón de la mansión, Diana platica con su hija Lorena. Ambas sentadas en el sofá, tomándose sendas tazas de café.
Lorena: ¿Cómo que Berenice se fue a España? ¿Pero qué dices, mamá?
Diana: Así, como lo oyes, mi vida. No se que mosca la picó ahora a tu hermanita pero bueno, casi mejor…
Lorena: No entiendo nada…
Diana: Y yo menos, hija, pero míralo por el lado bueno, ahora tienes camino libre con Daniel. (Sonríe)
Lorena: Y dale con Daniel… (Molesta) Te he dicho que no me interesa tener nada que ver con ese imbécil. ¿Está claro?
Diana: Pero Lorena… no seas necia, él es el hombre que nos conviene.
Lorena: Pues si tanto nos conviene, cásate tú con él, no te fastidia.
Diana: Si tuviera tu edad, vaya que lo haría, pero no es el caso. Deja las estupideces y madura que ya va siendo hora.
Lorena: Te dije que el chico que me gusta es Juan y voy a conquistarlo a cómo de lugar y más ahora que la naca de Berenice se ha largado a España. (Sonríe)
Diana: (Suspirando) Siempre tiene que ser lo que tu digas. Está bien, está bien… Haz lo que quieras pero si luego el peoncito ese no quiere nada contigo, a mi no me vengas a llorar.
Lorena: Claro que va a querer. Yo sé como seducir a un hombre, al fin y al cabo todos son iguales y no hay nada mejor que unas curvas como estas para hacer que Juan se enamore de mí.
Diana: El físico no lo es todo en la vida, Lorena.
Lorena: Eso lo dicen las viejas como tú, a poco y no te diste cuenta de eso ya, mamá. Estás acabada.
Diana: Qué más quisieras tú que llegar a mi edad así. (Enojada)
Lorena: Ahora lo que voy a hacer es encargarme de que Juan olvide a la estúpida de Berenice. Ese papacito va a ser mío.
Diana: Dime la verdad. ¿Te gusta nada más o realmente estás enamorada de Juan?
Lorena: Estoy enamorada de él, mamá.
PUEBLO DE SANTA VICTORIA
En casa de Juan, doña María charla con Nicolás, el mejor amigo de su hijo.
María: Así que al final se marchó al DF, dijo que era capaz incluso de irse a España tras esa muchacha, Nico. Juan me tiene muy preocupada.
Nicolás: Está enamorado, madrina, eso es todo. El quiere a Berenice, está loco por ella.
María: Pero aquí estamos su mamá y su hermana. No puede irse a España así como así y dejarnos solas. ¿Es que no lo ves?
Nicolás: Yo se lo dije ayer cuando me despedí de él antes de que tomara el autobús al DF, pero no me hizo caso.
María: Ojala haya logrado alcanzarla porque si no… (Preocupada)
AEROPUERTO INTERNACIONAL BENITO-JUAREZ, CIUDAD DE MÉXICO
Juan se reencuentra con Jessica en el área de salidas, ambos conversan sobre lo sucedido.
Jessica: ¿Qué pasó Juan? ¿No lograste alcanzarla?
Juan: No… el avión acaba de despegar…
Jessica: Ay Juan… (Triste)
Juan: ¿Por qué se fue así, sin siquiera decirme adiós a mí? ¿Acaso ya no le importo? ¿Qué pasa? No entiendo nada.
Jessica: Ya te dije antes que ni a mi me quiso contar sus razones. Sólo me puso de excusa que iba a ver a su tía Octavia porque está enferma y nada más.
Juan: Pues yo no me voy a quedar así… no señor.
Jessica: ¿Qué vas a hacer?
Juan: No lo sé, pero tengo que irme a España como sea, tengo que hablar con ella, no puede dejarme así sin más.
Jessica: Tengo una idea, ven y te platico mientras.
HACIENDA CASTILLA-ALCARAZ, SONORA
En la mansión familiar, en el dormitorio de Diana, la perversa villana charla con su amante Cayetano.
Diana: ¿Tienes ya los documentos que te pedí?
Cayetano: Aquí están, mi chula (Entregándole un sobre grande)
Diana: Perfecto… (Sonríe, abre el sobre y lee unos papeles)
Cayetano: El notario no pudo hacer nada mejor, le pague su buena lana (dinero) para que quedara lo más legal posible.
Diana: Mmm… Te dije que debía poner sólo a Lorena y Álvaro como herederos, idiota.
Cayetano: Ya lo sé, pero el cretino este me dijo que se iba a notar mucho si sacábamos a Berenice del testamento.
Diana: Arggg, no se te puede encargar nada. Siempre tienes que meter la pata. ¡Hombres! (Enojada)
Cayetano: Míralo por el lado bueno, preciosa, tus dos hijos tienen dos partes de la hacienda, mientras que Berenice solo heredará una.
Diana: Yo sé, yo sé, pero ese no era el plan. Bueno, ya da igual. Ahora toca esperar un tiempo prudencial para que el testamento se abra y la familia conozca su contenido. Imagino que el notario se quedó con otra copia. ¿Cierto?
Cayetano: Sí, le pague bien para que guarde silencio, pero no te preocupes que si se le ocurriera irse de la lengua… No lo cuenta. (Sonríe con malicia)
Diana: Ay Cayetano, creo que por fin la hicimos. ¡Vamos a ser ricos! ¡Jajaja!!¡Al fin ricos! (Sonríe)
AEROPUERTO INTERNACIONAL BENITO-JUAREZ, CIUDAD DE MÉXICO
Jessica y Juan llegan a las taquillas de Aeroméxico, otra de las líneas aéreas que vuelan a Madrid desde el DF. Jessica habla con el chico del mostrador.
Jessica: Mire queríamos reservar un vuelo a Madrid para hoy, si puede ser…
Juan: ¿Pero Jessica, que haces? No puedo aceptar que…
Jessica: Tú cállate, y déjame a mí.
Chico: Hay un vuelo que sale dentro de tres horas, todavía quedan plazas disponibles. ¿A nombre de quien lo registro?
Jessica: Juan, Juan… ¿Cómo te apellidas?
Juan: Encinares. Juan Encinares Martín. (Dirigiéndose al agente de ventas)
Jessica: Espero que puedas encontrarla. Ahora te doy la dirección de su tía en Salamanca y te digo como llegar hasta allá. Espero no te me vayas a perder.
Juan: Está bien, tranquila, yo veré como hago al llegar allá.
Jessica: Y no te preocupes por el dinero del pasaje que te lo pago yo, nunca salgo sin mis tarjetas de crédito, mijo. Ah, pero eso, cuando vuelvas me lo debes eh, que es mucha plata y no soy el Banco Mundial. (Seria)
Juan: (Sonríe) Gracias, Jessica. No te preocupes, te lo devolveré con creces. De veras que no se como agradecerte que…
Jessica: No me las des, pero eso sí, hazme el favor de traerte a mi amiga de vuelta porque si no te mato, eh. (Burlándose)
Juan: Jajaja. Eso haré, no te preocupes. (Sonríe)
AL DÍA SIGUIENTE
SALAMANCA, ESPAÑA
Al otro lado del Atlántico, en la bonita ciudad castellana, Berenice llega a casa de su tía Octavia, un lujoso pero pequeño departamento en el centro de la ciudad. En el salón de la vivienda, la joven se saluda cariñosamente con su tía, la hermana de su difunta abuela Abigail.
Octavia: ¡Hija! ¡Pero qué alegría que ya estás acá! (Se besan en las mejillas)
Berenice: Hola tía… (Triste)
Octavia: ¿Qué te pasa mi vida? ¿Por qué esa cara?
Berenice: Nada, no es nada… sólo que estoy cansada del viaje, eso es todo. Tengo ganas de dormir todo el día.
Octavia: Anda, ven y siéntate conmigo. (Se sientan en el sofá) Cuéntame que tal todos por allá. Siento mucho no haber podido ir al entierro de mi hermana… No puedo viajar, me dolió mucho que tuvieras que pasar por eso tu sola.
Berenice: Lo sé, tía, no te preocupes.
Octavia: A pesar de que nunca nos llevamos bien del todo, yo la quería mucho, mi niña. Por cierto… ¿Qué tal sigue tu padre?
Berenice: Y ella a ti también. Mi papá en el hospital, aún en coma, ojala pronto despierte.
Octavia: ¿Qué pasó con Daniel? ¿Cómo es eso que rompiste con él? Si estabas a punto de casarte. ¿Qué ocurrió?
Berenice: Ay tía…
Octavia: ¿Qué pasa Berenice?
Berenice: Conocí un chico días antes de la boda, el caso que al principio solo le veía como un buen amigo pero luego…
Octavia: Ay mi niña… (Preocupada)
Berenice: Creo que me enamoré de él y… bueno, Daniel nos vio un día hablando en la hacienda y se puso como loco de celos, hasta me pegó y todo.
Octavia: ¿Quéee? ¿Cómo así que se atrevió a golpearte? ¡Pero bueno!
Berenice: Por eso fue que le dejé, bueno, para que mentir, por eso y porque me gusta mucho Juan.
Octavia: ¿Se llama Juan?
Berenice: Sí, tía, es uno de los peones de la finca. Si le conocieras… es tan bello, tan lindo… tan tierno… No se que me pasó con el pero desde que le conocí mi vida cambió totalmente.
Octavia: Mi vida… (Sonríe) A eso se le llama amor. Pero dime, hija, ¿El también siente lo mismo que tú? Porque el amor es cosa de dos personas…
Berenice: Siento que él me ama a mí más aun que yo a él. Cuando murió mi abuela tú no sabes como se portó de lindo conmigo, estuvo todo el tiempo apoyándome, consolándome, no se separaba de mi un momento.
Octavia: Eso es bueno, se nota que le importas y mucho por lo que me cuentas. (Sonríe)
Berenice: Yo le quiero tía, le amo, pero… no puedo estar con él. Es por eso que me vine a España.
Octavia: ¿Y eso? ¿Por qué no pueden estar juntos? Si ya no estás con Daniel, no entiendo nada.
Berenice: Ese es precisamente el problema, Daniel.
La señora se queda mirando a su sobrina, extrañada y a la vez sorprendida. Berenice hace silencio y doña Octavia la mira pensando que algo le está ocultando.
PUEBLO DE SANTA VICTORIA, SONORA, MÉXICO
En casa de Nicolás, el chico y su novia Carolina charlan acerca de una oferta de trabajo que le han ofrecido a Nico.
Carolina: ¿Dices que el trabajo ese es en Monterrey?
Nicolás: Sí, sería una gran oportunidad para mí. Es un trabajo en un centro ecuestre, dan clases de equitación, incluso podría competir en salto. ¿Qué te parece, mi amor?
Carolina: Pues… pues... ¿Qué me va a parecer? Es maravilloso, Nico. Es lo que tú siempre has querido.
Nicolás: La pena es que… bueno, tendremos que marcharnos de Santa Victoria.
Carolina: ¿Y para cuando tendrías que comenzar allá?
Nicolás: El director del centro me ha dicho por teléfono que lo más pronto posible, si no perderé el trabajo, porque hay otro chico que le interesa para el puesto.
Carolina: ¿Entonces que hacemos? Yo no puedo irme de la hacienda sin casarme antes contigo.
Nicolás: Pero ahora no se casa nadie por un embarazo, Carolina, podemos vivir juntos y luego ya se verá. Piensa en nuestro hijo, es por su futuro.
Carolina: Ay Nico…
SALAMANCA, ESPAÑA
En casa de doña Octavia, Berenice sigue conversando con su tía. Ambas en el salón del departamento, sentadas en el sofá.
Octavia: ¿Daniel? ¿Y que tiene que ver él en esto? No me digas que ha seguido molestándote todo este tiempo…
Berenice: Peor aún… me amenazó con matar a Juan si no le dejaba.
Octavia: ¿Quéee? ¿Pero qué estás diciendo, hija? (Se levanta del sofá)
Berenice: Lo que oyes, tía, Daniel me dijo que sino era para él tampoco lo sería para nadie. Por eso me tuve que venir porque si me quedaba, Juan no iba a dejar de buscarme en la hacienda y yo tenía miedo de que Daniel cumpliera sus amenazas.
Octavia: Pero mi niña, debiste avisar a la policía de esto, no sé… algo se podría hacer.
Berenice: ¿A la policía? Su tío es el jefe de policía del pueblo, no habría nada que hacer…
Octavia: Pero al menos debiste habérselo dicho a ese chico, ¿Juan dijiste?
Berenice: Sí, Juan.
Octavia: Mira hija… (Sentándose de nuevo a su lado) Yo pasé por algo parecido cuando era joven.
Berenice: ¿En serio?
Octavia: Sí, yo me enamoré de un hombre de clase humilde, un chico de Santa Victoria, pero cuando mi padre descubrió mi secreto, me obligó a venirme a España a estudiar y fue aquí donde conocí después a tu tío que en paz descanse.
Berenice: ¿Y nunca más volviste a saber de él? Digo, del chico aquel del pueblo.
Octavia: Supe que se casó años después pero… Nunca más le volví a ver. Cuando yo iba a México, que era cada cuatro o cinco años, nunca me atreví a ir a verle, por miedo.
Berenice: ¿Miedo a qué, tía?
Octavia: A la reacción de mi padre. El nunca quiso a Diego.
Berenice: ¿Se llama Diego?
Octavia: Se llamaba, por desgracia murió hace años, fue lo último que supe de él gracias a tu abuela, ella fue quien me lo contó.
Berenice: Lo siento… (Triste)
Octavia: Por eso no quiero que te pase a ti lo mismo. Yo fui muy feliz con tu tío pero… nunca pude olvidarme de Diego. El fue el amor de mi vida.
Berenice: Yo tampoco podré olvidarme de Juan.
Octavia: No, tú no vas a cometer el error que yo cometí a tu edad. Vas a volver a México y le vas a decir a ese chico toda la verdad, yo agradezco mucho que hayas venido a verme pero tu sitio está con el hombre que amas. Debes pensar en ti, hija.
Berenice: Lo sé, pero….
En ese momento alguien toca al timbre de la casa.
Octavia: Hija, me haces el favor de ver a ver quien es. La chica de servicio salió a comprar y…
Berenice: No te preocupes, yo abro. (Levantándose del sofá)
La joven se dirige al recibidor del departamento, Berenice abre la puerta y se encuentra de repente con Juan.
Berenice: Ju… Ju... ¡Juan! ¿Pero qué haces tú acá? (Extrañada)
Juan: Vine por ti. (Sonríe pero sus ojos delatan una inmensa tristeza)
Berenice: No, esto no es posible…
Su tía Octavia aparece en el recibidor y…
Octavia: ¿Quién es hija?
Juan: Hola señora, me llamo Juan, supongo usted debe ser la tía de Berenice. ¿Verdad?
Octavia: ¿Tú eres Juan? ¿En serio?
Juan: Sí, ¿Por qué? (Extrañado)
Octavia: Pero pásale, hijo, pásale, estás en tu casa. (Los tres entran al salón y toman asiento)
Berenice: Todavía no puedo creerme que hayas sido capaz de… (Alucinada)
Juan: Jessica me ayudó con el pasaje y tomé el siguiente vuelo.
Octavia: Ay, mijo, pues que bueno… (Sonríe contenta)
Berenice: Tía por favor (Mirándola le hace señas con la mirada, molesta)
Juan: Quiero que me digas por qué te fuiste así, sin despedirte de mí.
Berenice: Ay Juan, por favor…
Juan: Si fui capaz de cruzar medio mundo fue por ti, porque te amo.
En ese momento doña Octavia sonríe y se levanta del sofá.
Octavia: Bueno yo me voy a mi cuarto a leer un rato, les dejo solos, imagino que tendrán mucho de qué hablar. ¿Verdad Juan? (Le guiña el ojo de forma cómplice)
Juan: Sí, es verdad, gracias señora. (Ambos se quedan a solas en el salón)
Berenice: Juan… (Triste y a la vez apenada)
Juan: Quiero que me mires a los ojos y me digas por qué lo hiciste. ¿Acaso yo lo merezco? ¿Merezco que te fueras sin ni siquiera decirme adiós?
Berenice: Es que… (Bajando la mirada) Sé que fui una estúpida y que debí contártelo antes de decidir nada pero… la verdad, tenía mucho miedo.
Juan: ¿De qué?
Berenice: De Daniel, hace poco me dijo que si no te dejaba te iba a matar y yo…. Yo… (Rompiendo a llorar)
En ese momento el chico la toma de la carita con las manos y ella alza la mirada con lágrimas en los ojos.
Juan: Mi amor… (Emocionado)
Berenice: Yo no quería que nada malo te pasara… eres muy importante para mí.
Juan: Y tú para mí. (Sonríe, emocionado)
Berenice: Siento no haberte dicho la verdad, pero pensé que si me venía así te decepcionarías de mí y me olvidarías.
Juan: ¿Por qué lo hiciste? Sabes que no puedo vivir sin ti, que me haces falta. No hay segundo del día que no piense en ti. Te amo.
Berenice: Y yo a ti, Juan.
Juan: Sé que lo hiciste por protegerme, para evitar que me pasara algo malo pero ya estoy aquí contigo. Eso es lo único que importa ahora.
Berenice: Pero si Daniel se entera… (Preocupada)
Juan: No se tiene por qué enterar.
Berenice: Se dará cuenta de que ya no estás en la hacienda y va a pensar que tal vez…
Juan: No importa lo que piense ese desgraciado. No le tengo miedo.
Berenice: Pero yo sí… y no quiero que por mi culpa te haga algo.
Juan: Nunca más digas que es por tu culpa, es sólo culpa suya. Está loco.
Berenice: No quiero perderte… (Triste)
Juan: Anda, ven… (Abrazándola con ternura, acaricia su cabello y le da un beso en la frente)
Berenice: Nunca pensé que fueras capaz de venir hasta España… ¿Por qué lo hiciste?
Juan: Porque te amo… (Sonríe)
Ambos se miran emocionados y pero a la vez felices por estar juntos de nuevo. Juan la abraza contra su pecho, y ella le acaricia el cabello con cariño. El chico le limpia las lágrimas con su mano.
Berenice: ¿Y ahora que vamos a hacer?
Juan: Por lo pronto… si no fuera molestia, quisiera darme una ducha. ¿Será que puedo? Estoy agotado del viaje. No pensé que se tardara tanto.
Berenice: (Sonríe) Sí, claro que puedes. Estás en tu casa. Le pediré a mi tía unas toallas.
Juan: Te amo (Sonríe)
Berenice: Y yo a ti… (Sonríe, se besan)
En ese momento en que Juan la tiene abrazada junto a él, el chico le hace cosquillas en la cintura. Ella se ríe.
Berenice: Jajaja, ay ya no seas malo. No me hagas eso.
Juan: Tienes cosquillas, eh… tienes cosquillas… ¡Lo sabía!
Berenice: ¡Ya! ¡Déjame! Anda ve a ducharte, tonto, no cambias.
Juan: Tengo una idea…
Berenice: ¿Ah sí, cual?
Juan: ¿Quieres ducharte conmigo? (Guiñándole el ojo)
Berenice: ¡Eres un descarado, eh! (Lanzándole un cojín del sofá, le pega con otro)
Juan: Jajajajaja ¡OK! ¡OK! ¡Perdón! ¡Entendí! ¡Ya entendí!
Berenice: Bobo… (Avergonzada)
Juan: ¿A poco no te gustaría?
Berenice: ¡Juan! ¡Qué te puede escuchar mi tía! Calla ya.
Juan: Mmmm (Poniéndole morritos)
Berenice: Mmmmm (Conteniendo la risa, le da un beso)
La pareja se besa en el salón de la casa, Juan y Berenice se funden en varios besos, cada vez más y más intensos. Juan se apodera de su boca sin descanso. Ella responde con la misma pasión. Ambos se aman y no pueden estar separados. El chico la abraza de la cintura mientras se come su boca a besos, cada vez más profundos y apasionados. La joven se deja llevar y se entrega a su ahora novio. Justo en ese instante, doña Octavia les interrumpe.
Octavia: (Tosiendo) Ejem, ejem… Perdón que interrumpa…
Berenice: Ay tía, perdón, perdón, que vergüenza…
Juan: Discúlpenos… (Avergonzado, se separa de su novia)
Octavia: Nada, nada, no se preocupen, por mi no lo hagan. A mi edad ya he visto de todo. Eso no es nada, chicos, son jóvenes, es lo normal. (Sonríe)
Berenice: Tía... (Roja de la vergüenza)
Octavia: Por cierto, creo que les has dejado un regalito a tu chico, hija. (Señalando a Juan)
Berenice: Ay, lo siento mi amor… (Limpiándole a Juan los labios con la mano, le ha dejado marcado el pintalabios con sus besos)
Juan: Jajajaja. (Saboreando los besos de nuevo)
Berenice: Acabo de hablar con Juan y le he dicho lo que pasó.
Octavia: ¿Y que piensan hacer? ¿Se van a regresar a México?
Berenice: No, creo que por ahora lo mejor es quedarnos unos días acá y luego ya veremos.
Juan: Opino lo mismo… además ya que estoy en España me gustaría conocer algo.
Octavia: Pues mijo… has dado con el lugar indicado. Mañana Berenice te enseñará la ciudad, te va a encantar Salamanca. (Sonríe)
Berenice: Sí... (Sonríe)
Juan: Te amo (Sonríe, se besan) Te amo (se besan), te amo (se besan).
Mientras doña Octavia les mira feliz y contenta, Juan y Berenice se miran uno al otro y se sonríen, tomados de la mano. Juan le aparta el cabello de la cara a su chica y le da un beso en la mejilla. Ella se ruboriza, él sonríe.
CONTINUARA…